En una idílica tarde de sábado primaveral que invitaba a cientos de madrileños y turistas al esparcimiento en torno al Palacio Real entre un bullicio frenético, nadie hubiera imaginado que en el corazón de este emblemático edificio unos selectos melómanos estaban a punto de presenciar una velada musical tan sutil como radiante en este renovado Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid.
En la siempre abrumadora Real Capilla hizo su aparición Echo et Dulce, conjunto de música de cámara históricamente informado fundado por su directora y solista de flauta de pico, Tamar Lalo. Como bien explicó ella comenzado el concierto, el programa titulado de Ecos de Silencio y Luz, consistió en un diálogo sonoro entre el silencio y la luz, a través de la música del seicento europeo, buscando una sensibilidad espiritual que trascendió la propia escritura musical, evocada por estas obras fascinantes del pasado. Para ello, el silencio, fundamental en esta experiencia, fue dando paso a composiciones cada vez más vivaces y luminosas. Para ello el concierto se dividió en cuatro bloques temáticos con piezas evocadoras de las siguientes emociones: la oscuridad a través del silencio, la espiritualidad, el amor y la luz.
Tamar Lalo se rodeó de un grupo de instrumentistas de talla artística extraordinaria que demostraron su arduo trabajo común en torno a todas estas sensaciones y a la flauta de pico, que demostró mediante la interpretación de la flautista sus inmensas posibilidades sonoras y expresivas.
Como primer bloque, Lalo utilizó la flauta de pico bajo, que aporta ese sonido cálido, susurrante y oscuro, junto al órgano positivo que interpretó sutilmente Daniel Oyarzabal. Sus timbres conjugan a la perfección, y en ocasiones fue difícil distinguir entre un instrumento u otro conformando una sonoridad única, sombría, altamente evocadora mediante la bella melodía del Cancionero de Upsala, Ay, luna que reluces. A partir de ahí, con piezas de Pierre Guédron, John Dowland y Giovanni Battista Fontana, en ese mismo ámbito tenue, fueron sumándose el resto de instrumentos, y elevando el registro de las flautas hacia el ámbito agudo, primero la alto, para concluir con la soprano, gradualmente se concluyó la oscuridad.
El el siguiente bloque, el dedicado a la espiritualidad, debemos destacar la que fue sin duda una de las piezas más singulares del programa, Canzonetta spirituale sopra alla nanna, de Tarquinio Merula, que originalmente es una composición vocal espiritual para soprano y bajo continuo. Su hipnótica construcción en su extensa primera parte tan solo posee dos acordes, la tónica y segunda menor ascendente que admite un sinfín de recursos armónicos y que con el extraordinario tratamiento que Merula confiere a la línea vocal en su fraseo expresivo confiere a la pieza una genialidad inigualable. El texto original es tan tierno como terrible, ya que se trata de una nana que la Virgen maría canta a su niño profetizando los terribles acontecimientos de su muerte. En esta ocasión, la línea vocal fue interpretada tanto por Calia Álvarez en la viola da gamba como por la propia Tamar Lalo en la flauta soprano. Fue realmente extraordinario el desempeño expresivo de Calia Álvarez, en un alarde técnico magistral, mostrando ese parecido asombroso con la voz humana que el instrumento puede llegar a alcanzar.
Los dos bloques restantes del concierto, los dedicados al amor y a la luz, contuvieron piezas fabulosas del conocido como seicento en música, que suele corresponder a los comienzos del siglo XVII, ese período tan único como deslumbrante en su creatividad y búsqueda de un cambio estético total, que acabó dando lugar al período barroco, pero que precisamente por ello, mediante la continua búsqueda experimental de sus compositore, nos ha dejado piezas tan singulares como las que pudimos disfrutar en el concierto.
Así, las complejas obras de Giovanni Bassano, Dario Castello, Giovanni Antonio Pandolfi Mealli y Lucas Ruiz de Ribayaz, nos ofrecieron unas incesantes interpretaciones de un virtuosismo extremo, de altísima calidad musical, con una libertad absoluta en cuanto a sus tempi pero en verdadera comunión de los cinco miembros de Echo et Dulce, que asombraron constantemente a la audiencia, algo que demuestra su arduo trabajo preparatorio del concierto. Sus páginas ofrecieron momentos de argucias armónicas de momentos cromáticos impactantes, disonancias deliciosas o momentos de absoluta fantasía creadora, por citar algunos de sus incontables recursos musicales extraordinarios.
Tamar Lalo demostró a lo largo de todo el concierto su total dominio técnico de la familia de flautas de pico, mediante una variadísima cantidad de registros tanto tímbricos como de articulación, añadiendo además una admirable claridad y precisión en los pasajes de velocísimas disminuciones y adornos. Una de los aspectos de su interpretación que más me impactaron fue su capacidad de mantener una coherencia tan grande en los pasajes melódicos tan enrevesados y que concluyeron siempre en espectaculares cadencias, clímax totales de las piezas, y que contuvieron esa luz abrumadora que quiso buscar y que demostró con aplomo.
Sara Águeda aportó constantemente en el arpa esa luminiscencia precisa, de sonoridad brillante y con una igualdad absoluta en todo su registro, a la vez que Nacho Laguna fue el contrapunto al arpa, completando esa brillantez con el sonido redondo y grave de su tiorba, a la vez que en los momentos que interpretó la guitarra barroca aportó la vivacidad necesaria a los pasajes más centelleantes. Además del órgano positivo Daniel Oyarzabal conjugó su interpretación en el clave, que ejecutó del mismo modo excelente pero aportando muy distintos colores y recursos al todo.
El éxito cosechado por Echo et Dulce se reflejó en los calurosos aplausos del entusiasta y respetuoso público, a lo que el grupo respondió como propina con una bellísima pieza de Nicolas Matteis.
Simón Andueza
XXXVI Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid.
Ecos de Silencio y Luz.
Echo et Dulce, Tamar Lalo, flautas y dirección.
11 de abril de 2026. Capilla del Palacio Real de Madrid, 19:30 horas.
Foto © Enrique Cidoncha