La Misa en la mayor, "Misa solemne" de César Franck (la Misa “del Panis angelicus” para los más), fue el sólido arranque del concierto del grupo 4Frequencies, del ciclo de cámara y polifonía Satélites de la OCNE. Una obra ofrecida en arreglo del propio compositor con violonchelo, arpa y órgano que aprovecha, con su habitual dominio formal, las cualidades idiomáticas de todos ellos sobre la siempre versátil, simbólica y cohesiva base organística.
Un grupo que estuvo formado, en la parte vocal, por: Carmen Gurriarán y Gloria Londoño, sopranos; Marta Caamaño, contralto; Ángel Rodríguez y Fernando Cobo, tenores; y, José Antonio Carril y Jaime Carrasco, bajos; junto con el trío instrumental: Mireya Peñarroja al violonchelo, Coline-Marie Orliac en el arpa, y Felipe López, órgano y piano.
Tras un Kyrie conforme, un Gloria especialemente intenso, amplio y de pulso firme, dio paso a un Credo más comprometido, con variedad de texturas, secciones diferenciadas, timbres etéreos también (como aquél, tan central en todo Credo que se precie, del: Et incarnatus…), mayor sutileza en un rango de dinámicas medias, solos encadenados y un mayestático final.
Y así, tras el Sanctus, llegamos a ese célebre y popular número solista, “el Panis…”, tras el que más de uno estuvo tentado de aplaudir. Se contuvieron.
El Agnus Del, preceptivamente, remató esta pieza litúrgica con aquella mencionada diversidad, en un lenguaje romántico donde el cromatismo queda a menudo disuelto por una sabiduría formal de inmediata lógica conceptual. Un respeto a la tradición que, a la postre, da pie a las proezas musicales a las que este autor nos tiene acostumbrados, en mayor o menor medida, en todas sus composiciones.
Y de este Franck litúrgico, a un Gabriel Fauré más liberado, con un ramillete de breves piezas vocales, religiosas en principio, hasta alcanzar en programa el conocido madrigal profano final.
Más circunspecta dentro de una estética puente, su Ecce fidelis servus sirvió de eficaz y compacta entrada a esta segunda parte de un concierto dado sin solución de continuidad.
Tras él, dos piezas marianas del propio Fauré: Maria, Mater gratiae, segunda de las Dos canciones, op. 47, y el, más amplio y lucido vocalmente, Ave Maria, op. 53, ambos a dúo. Piezas que se siguieron con el primero de los Dos motetes, op. 65: un limpio Ave verum, éste para voces masculinas.
El expresivo Tantum ergo, op. 55, ya con todos, voces e instrumentos, sobre las tablas, incluidos el órgano, un arpa evocador y el pregnante violonchelo, en simetría con la primera de las obras de hoy, para, así, alcanzar el citado y más ambicioso Madrigal, op. 35. Pieza final donde, aparte de la temática de fondo, el órgano mutaba, nuevamente al piano.
Toda una recreación evocadora de la rica tradición musical religiosa francesa romántica y sus postrimerías más liberadas mirando ya de reojo al impresionismo, con el fino remate a la salida de este célebre Madrigal…
Un Madrigal profano fuera del pórtico musical de aquella imaginada iglesia parisina. Un programa compacto dispuesto cabalmente, donde el celebrado savoir-faire de ambos autores, ha sabido adaptarse al contexto y tradición religiosos, con sobriedad estructurante, nunca limitante, y una estética personal, no por ello, menos comprometida con su tiempo.
Luis Mazorra Incera
4FREQUENCIES:
Carmen Gurriarán y Gloria Londoño, sopranos; Marta Caamaño, contralto; Ángel Rodríguez y Fernando Cobo, tenores; y, José Antonio Carril y Jaime Carrasco, bajos.
Mireya Peñarroja, violonchelo; Coline-Marie Orliac, arpa; y Felipe López, órgano y piano.
Obras de Fauré y Franck.
Satélites-OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.