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Crítica / Forma Antiqva, Nuria Rial y una ópera imaginada - por Mercedes García Molina

Granada - 12/07/2021

Después de su trabajo en la Academia Barroca del Festival de Granada y que ha dado como resultado una exitosa The Fairy Queen de Henry Purcell, Forma Antiqva vuelve de nuevo a los escenarios de esta 70 edición. Con un programa radicalmente distinto, centrado en compositores del Seicento italiano, evidenciaron una vez más que son una de las formaciones más sólidas y a la vez polifacéticas del panorama actual.

Con el título de Una ópera imaginaria en un prólogo y cinco actos recrearon el espíritu de las primeras óperas qu pudieron oírse en Italia en los albores del siglo XVII. Aarón Zapico nos propone, según sus propias palabras, “un viaje emocional” a lo largo de los cinco actos titulados “Del desprecio”, “De la melancolía”, “De la batalla”, “Del lamento” y “Del perdón”. Correspondiéndose con cada uno de los afectos dominantes en cada parte se interpretaron una colorida selección de piezas instrumentales como sonatas, balleti, pasacaglias, gallardas y batallas de compositores como Biagio Marini, Tarquinio Merula, Andrea Falconieri y Samuel Scheidt. Un par de fragmentos instrumentales del Orfeo de Claudio Monteverdi se acomodaron también en la transición del acto II al III. Las obras vocales tuvieron como pilar la formidable figura del Divino Claudio en torno al cual se articularon dos arias de otro de los precursores de la ópera, Giulio Caccini y una cantata de Barbara Strozzi.

El concierto fue programado y anunciado en un principio con Anna Caterina Antonacci, pero el contacto estrecho de la soprano italiana con un positivo COVID hizo aparecer en escena finalmente a Nuria Rial. Esta última, como cantante experta en el repertorio vocal del Seicento y sobre todo en Monteverdi (memorable es su Teatro d’Amore con Cristina Pluhar) estableció las bases de lo que sería una actuación espectacular desde las primeras notas. La perfecta dicción del texto italiano, la expresividad fruto del profundo y sentido conocimiento del texto se vieron acompañada por otras muchas virtudes técnicas y estilísticas como un timbre aterciopelado y sin aristas, un registro amplio y sin fisuras, un fraseo flexible y sutil y un uso de las ornamentaciones excepcional y -lo que es más infrecuente-siempre dentro del estilo. Señorial en el Prólogo de la Música del Orfeo, emotiva en la Amarilli mia Bella de Caccini y Sì dolce è ‘l tormento, espectacular en la dificilísima cantata de Strozzi L’Eraclito amoroso, punto culminante del concierto.

La sinergia que se estableció entre Nuria Rial y Forma Antiqva fue asombrosa, y sólo comparable a la que poseían los componentes del grupo entre sí. El poderío sonoro, la originalidad y la frescura son las señas de identidad del conjunto asturiano y quedaron patentes tanto en las obras exclusivamente instrumentales, como acompañando a Rial. Buenos ejemplos de este sonido rico, del fraseo activo y de la creatividad en la ornamentación del continuo fueron La Zorzi& La Zorza de Marini, la Battaglia de Barrabasso yerno de Satanás de Falconieri y la Galliard Bataglia de Scheidt. Destacaron en la parte melódica tanto de los violines obligados a cargo de Jorge Jiménez y Daniel Pinteño como la flauta de Manuel Villar: técnicamente perfectos,  precisos  y ágiles. Rozaron lo imposible en algunos tempi de vértigo. Por otro lado, también brilló con luz propia  el grupo del continuo con las ricas ornamentaciones de Aarón Zapico en el clave , la absoluta conjunción del violonchelo de Ruth Vernona con el poderoso sonido del violone barroco de dieciséis pies de Jorge Muñoz y con  el papel dual de Pablo Zapico cambiando de la guitarra Barroca al archilaúd como por arte de magia.  Pablo realizó muy bellos y delicados acompañamientos  Nuria , especialmente en el Sì dolce’ l tormento dialogando delicadamente con la voz y la flauta de Manuel Villar.

El programa es de una gran belleza sonora y emocional. Si se hace con una integración excelente y convincente desde el punto de vista de los afectos, el resultado es el esperado: el público sumido en un silencio extático y ovacionando de pie durante bastantes minutos hasta que consiguieron dos preciosas propinas, O bellissimi capelli de Falcomieri y la repetición de Sì è dolce ‘ l tormento, esta última a petición de Antonio Moral, director del Festival.

Sentados -pero en vilo- entre los cipreses que habitan el sobrio Patio de los Inocentes nos pareció haber viajado en el tiempo a una velada de las muchas que harían en las casas nobles de Italia. Un viaje emocional y temporal inolvidable.

 

Mercedes García Molina

 

Nuria Rial, soprano. Forma Antiqva / Aarón Zapico, clave y dirección.

Obras de Marini, Monteverdi, Frescobaldi, Caccini, Strozzi y otros.

70 Festival Internacional de Musica y Danza, Granada.

Foto © Festival de Granada | Fermín Rodríguez

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