Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica - FeMAUB: El Festival de Música Antigua del futuro

Úbeda / Baeza - 12/12/2019

A la hora de evaluar un Festival no solamente cuenta la calidad de los artistas, sino indudablemente la línea de programación, el cumplimiento de los objetivos y el anclaje en el entorno social. Javier Marín, director del Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza, ha obtenido en esta edición lo que podría considerarse el futuro modelo para la gestión de estos eventos. Si bien es cierto que parte con una gran base de ventaja, las dos ciudades son Patrimonio de la Humanidad y están volcadas en este acontecimiento con la cesión de las bellísimas iglesias de El Salvador y la Catedral baezana entre otros espacios, también es cierto que ha sabido aunar energías y colaboraciones únicas: no solamente el insustituible CNDM cuyo director acude  personalmente a mostrar su apoyo al festival, sino también la Fundación Juan March, Junta de Andalucía, Diputación Provincial y el Obispado de Jaén, sin el cual el ciclo de conciertos en las 17 poblaciones al margen de Úbeda y Baeza, en los que tienen cabida artistas y agrupaciones locales, sería impensable. Si unimos que siempre hay un Congreso Internacional, el de este año sobre Ignacio Jerusalem 250: músicas galantes entre Italia, la Península Ibérica y el Nuevo Mundo celebrado en la UNIA, tenemos ese modelo que debiera ser de obligado estudio para futuros programadores.

El Festival se vertebra en dos ciclos que han sumado en esta edición 42 conciertos, el número más alto hasta la fecha, de los cuales, el más importante, centrado en Úbeda y Baeza consta de 23 conciertos, centrándose entre los días 6 y 8 quince de ellos, a cinco por día, todo un reto para los asiduos del festival -cuenta con algunos fijos que incluso vienen de Canarias en peregrinación anual-, y que obligan cuidadosamente a desplazamientos y avituallamiento entre las distintas sedes y conciertos para sobrevivir a tal avalancha.

Entre los celebrados el día 6 de diciembre, la Schola Gregoriana del Instituto Pontificio de Música Sacra de Roma rindió un Homenaje a la Virgen en la Iglesia de Nuestra Señora del Alcázar y San Andrés, tomando como base la Messa della Madonna de Giovanni Salvatore, para schola en alternatim y órgano -por cierto, a manos del malagueño Antonio del Pino-. La fidelidad a la tradición que preserva esta Schola, alternando entre la sección masculina y femenina, es una garantía de las maneras musicales correctas en este repertorio, más cuando se cuenta con la sabiduría y experiencia de su director Franz Karl Prassl. El siguiente concierto, A la sombra de Domenico, por Ignacio Prieto al clave tuvo un primer acierto en la selección del repertorio, mezclando a los dos Scarlatti, Alessandro padre y Domenico, con la tradición española de Soler y Sebastián de Albero, y un segundo y definitivo acierto con la elección de los tempi, de la registración y ornamentación de Prieto, alcanzando momentos extraordinarios como la Sonata en si menor K.87 de Domenico Scarlatti, las Partite sopra l’aria della Folia de Scarlatti padre o el famoso Fandango de Soler.

A las 17h 30’ en la Capilla del Antiguo Seminario de San Felipe Neri, Lina Tur demostró por qué es considerada una de las mejores violinistas barrocas del momento. No es solamente su fiereza técnica y alto virtuosismo -todo suena fácil en sus manos-, sino su acendrada musicalidad y perfecto fraseo. Bien acompañada por Daniel Espasa al clave, desgranó un programa con obras de Biber, Schmelzer e italianos como Uccellini, Bertali, Cima y como final La Follia de Corelli, que sobre todo consiguió hacernos ver la enorme variedad de afectos ocultos tras estas músicas.

Y aún quedaba por llegar uno de los pináculos del Festival: Europa Galante con Fabio Biondi en un todo Boccherini que impactó a los auténticos conocedores del repertorio por la belleza de estas músicas muy maltratadas en el canon actual, pero que Biondi las hizo sonar a la altura de Mozart y Haydn. El primer elemento novedoso de Boccherini es que aún va probando distintas formaciones, desde el Trío -con violín, viola y violonchelo, como el Op.14 nº4 en Re M, o bien dos violines y violonchelo como el Op.6 nº6 que cerró el programa, pasando por la formación que triunfaría en el Clasicismo, el cuarteto, con su Cuarteto nº56 G214 en Do m, con una estructura innovadora donde el primer tema del primer movimiento cierra el cuarteto, y el añadido de los Quintetos con guitarra, formación que no triunfaría pero que tuvo dos ejemplos sobresalientes en el Fandango G448 y La ritirata de Madrid G453, que luego arreglara Luciano Berio.

El primer día concluyó con un espectáculo coproducido con la madrileña Fundación Juan March, en un buen ejemplo de colaboración artística entre instituciones, espectáculo sumamente novedoso a cargo del grupo napolitano Teatro 35, donde realizaban tableaux vivants de Caravaggio principalmente, con cambios de vestuario a vista, mientras música casi coetánea era interpretada por Chiaroscuro. La fascinación de dicho espectáculo, de recuerdo imborrable para los que lo presenciamos, es también una buena muestra de música y pintura, artes aquí hermanadas.

El día 7 de diciembre, con también cinco conciertos a la vista, se abrió con toda una sorpresa: la participación de Inés Moreno Uncilla, clavecinista ganadora del I Concurso de Música Antigua de Juventudes Musicales de España, con un programa donde incluía algunos autores más raros de encontrar como son Zipoli y Storace, y donde brilló en las piezas de Alessandro Scarlatti. El siguiente concierto a cargo de L’Estro d’Orfeo bajo la dirección de Leonor de Lera, violín barroco, adoleció de una cierta monotonía, además de un timbre con poca variedad de color de la solista.

Mucho más interesante fueron las Lamentaciones del Profeta Jeremías celebradas en la Catedral de Baeza a cargo de la Schola Gregoriana del Instituto Pontificio de Roma, los Pueri Cantores de Málaga y la Capilla de Música Maestro Iribarren, de las que se ofreció una reconstrucción litúrgica del primer nocturno de los Maitines del Sábado Santo en la Catedral de Málaga en el s. XVIII. Este tipo de reconstrucciones, impecables desde el punto de vista musicológico, ofrecen una realidad musical de difícil acceso al espectador aficionado, y en este caso concreto, nos hicieron descubrir la música del Maestro de Capilla Juan Francés de Iribarren, con la adecuada participación del tenor Luis Pacetti y la dirección de Antonio del Pino.

Finalmente, en la Sacra Capilla de El Salvador tuvo lugar otra de las joyas de esta edición, el concierto de The Marian Consort que no solamente ofrecieron en esta acústica y entorno bellísimo obras renacentistas, entre ellas el famoso Miserere de Allegri, sino que las hicieron dialogar con dos obras contemporáneas a diez voces de compositores aún vivos como el Stabat Mater de Gabriel Jackson, y el Miserere Mei, Deus de MacMillan, la cual tuvo significado especial precedida de la obra del mismo nombre de Allegri y en la que hay reflejos de esta. Como buen coro inglés, voces jóvenes y entrenamiento auditivo y técnico sobresaliente, el empaste y el resultado fueron sin mácula, si bien siempre les falta ese punto pasional que encontramos en otros lugares.

Finalmente, el día 8 de diciembre, día de cierre del Festival, se inició con Neapolis Ensemble, el cual ofreció obras renacentistas italianas con el aroma de la música popular, en gran parte debido a la expresiva voz de Maria Marone, voz no impostada pero que lograba esa fusión de lo culto y popular de maravilla. Alejandro Villar, con un conjunto de flautas a su disposición, fue el encargado del concierto-conferencia Diez Siglos de música instrumental con Flauta de Pico, donde a lo largo de una hora y con diez ejemplos musicales, uno por siglo, realizó un viaje fascinante desde la Kalenda Maya medieval a eRecorder (2008) de Rodrigo F.Cádiz, para flauta y electrónica, mostrando las posibilidades y vaivenes históricos de este humilde instrumento de capital importancia en nuestra música. El primer concierto de la tarde fue de los más lujosos tímbricamente con la recreación por parte del Sollazzo Ensemble de la música Fiorentina de 1350, con el fiddle, el laúd, el salterio y las voces perfectas en estilo de Perrine Devillers y Víctor Sordo. Todo un placer escuchar a este grupo que en cuatro años ha conseguido establecerse como una referencia en este repertorio.

Pero quizá, con permiso de Europa Galante, el punto culminante del Festival haya sido el concierto de Nereydas centrado en la figura de Ignacio Jerusalem, un compositor totalmente ignoto para la mayoría del público pero revalorizado gracias a esfuerzos cómo los de este Festival, que no solamente le ha dedico el Congreso Internacional a su figura, sino, y esto es lo crucial, vuelve a hacerlo sonar con la trascripción.

Juan de Vandelvira

XXIII Festival de Música Antigua Úbeda y Baeza. 6-8/12/19.
Diversos escenarios, Úbeda y Baeza.

Foto: “Y aún quedaba por llegar uno de los pináculos del Festival: Europa Galante con Fabio Biondi en un todo Boccherini que impactó a los auténticos conocedores del repertorio por la belleza de estas músicas muy maltratadas en el canon actual, pero que Biondi las hizo sonar a la altura de Mozart y Haydn” / © Jesús Delgado

648
Anterior Crítica - Un impactante Shostakovich
Siguiente Crítica - Alas al canto de talentos renovadores

Selector de temas