El compositor, también al cargo de la dirección musical in situ, Carles Prat, con un intrigante libreto de latente actualidad de Carlota Gurt, han creado una obra actual, entretenida e inquietante a un tiempo: Estètica i massacre.
El ciclo de ópera contemporánea “Ópera a quemarropa” la presentó sobre las tablas de la sala B del Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial, en condición de estreno. Una producción del Gran Teatre del Liceu, Barcelona.
Una ópera de cámara coherente en su planteamiento y resolución, que se adentra en el influyente mundo virtual/digital y sus comunidades asociadas, la ética subyacente tras la estética, tras la publicidad, tras las redes sociales y su efecto de (¿paradójico?) aislamiento y angustia existencial.
— “Nuestras contradicciones son nuestras esperanzas” (sic).
Todo un re-planteamiento de la sociedad de la información, de la red ubicua y su impacto psicológico y social, con toques etológicos y filosóficos, donde no faltó la oportuna y abundante dosis de humor y consecuente entretenimiento.
Con eficaz dirección de escena de Oriol Pla, que hace uso de un diseño de iluminación de Mariona Ubia, de la escenografía de Josep Iglesias y un vestuario (protagonista de excepción de esta guisa argumental) por Alba Semper, contó con un exigido reparto vocal y un preciso elenco instrumental mixto.
Un reparto vocal y actoral, central y exigido como dije, donde brillaron con luz propia ambas voces: soprano y barítono.
Maria Patak, una soprano que lidió con convicción, una amplia partitura y sus diversos cambios de registro, de planteamiento de la trama, y una drástica evolución de su personaje. Sin irle a la zaga, más bien todo lo contrario, el barítono Carlos Varela levantó un papel, papeles más bien, variopintos con obvia dificultad dramática y canora, sin olvidarnos de una inestimable, medular y bien gestionada vis cómica.
— “Me lo estoy imaginando… Harán una serie de Netflix… y… ¡una ópera fenomenal!”
Análisis ácido, actualizado en su concreción argumental, plagado de humor, donde la convivencia, la pareja, el ocio, el negocio y sus coartadas, la sociedad misma, se ponen en brete con inteligencia.
Un final abierto, evocó, un tanto a la desesperada, un nuevo Edén como salida… y como principio, en una espiral… eterna (¿?).
— “Ser auténticos y libres”.
La partitura musical se distinguió por una estética ecléctica, de calculada ambigüedad tonal, con un eficaz e idiomático empleo instrumental para este ámbito y género músico-dramático, al cargo de un conjunto situado sobre las tablas tras el sucinto decorado. Un grupo instrumental dirigido puntualmente por Prat, que tuvo al piano a Pablo Meléndez, el clarinete de Álvaro Rodríguez, al violín, Claudia López, y en la percusión, a Jorge Bosch.
Un planteamiento ambicioso a priori y una resolución sólida y convincente dentro de los límites, retos y exigencias que supone la ópera de cámara.
Luis Mazorra Incera
Dirección musical: Carles Prat. Dirección de escena: Oriol Pla. Diseño de iluminación: Mariona Ubia. Escenografía: Josep Iglesias. Vestuario: Alba Semper.
Reparto: Maria Patak, soprano; y Carlos Varela, barítono.
Grupo instrumental: Álvaro Rodríguez, clarinete; Claudia López, violín; Pablo Meléndez, piano; y Jorge Bosch, percusión.
Estètica i massacre de Carles Prat, con libreto de Carlota Gurt. (Producción del Gran Teatre del Liceu, Barcelona).
Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Madrid.
Foto © Sergi Panizo