Como viene ocurriendo desde temporadas anteriores, la orquesta ADDA-Simfònica de Alicante ha celebrado la décima edición del Día de la Guitarra realizando un concierto homenaje a Paco de Lucía, figura mítica que significó una de las cumbres del toque flamenco tras darse a conocer en el Concurso Internacional de Arte Flamenco de Jerez de la Frontera el año 1962. Contar con uno de los guitarristas que más y mejor conocieron al maestro de Algeciras como es Juan Manuel Cañizares ha significado una profunda fijación a la mejor tradición y fuentes de este género folclórico español a través del Concierto Al-Andalus para guitarra y orquesta a la memoria de Paco de Lucía orquestado por Joan Albert Amargós que, como emocionante recuerdo, compuso y estrenó este guitarrista catalán el año 2016 con la Orquesta Nacional de España dirigida por el maestro Josep Pons, gran mentor de la creación de esta obra.
La apertura de la velada estuvo ocupada por la composición Pax Haganum. Obertura per la Pau que Joan Albert Amargós escribió el año 2008 por encargo de la Orquesta Nacional de Andorra y que hace referencia al Tratado de Paz que se firmó en Los Países Bajos el año 1713 que ponía fin a la Guerra de Sucesión Española ocurrida durante los primeros años del siglo XVIII. Con un criterio estrictamente musical, el maestro Josep Vicent ha querido destacar con ADDA-Simfònica la fusión que ofrece esta obra entre la tradición sinfónica y el rítmico colorido de la música mediterránea, destacando el aspecto sonoro reflexivo de su inicio, para continuar en su desarrollo con intervenciones de la madera dinámicamente bien calculadas en contraste con la cuerda hasta llegar a una exaltación de la paz, que se acentúa en la coda. Director y orquesta asumieron con eficacia ese carácter programático de la obra desde una lectura precisa que resultó de elocuente expresividad en los metales y la percusión, brillantes secciones instrumentales de la orquesta alicantina.
Con un sentido de conjunción puesto de manifiesto desde el primer momento, Cañizares y el maestro Josep Vicent se dispusieron a la interpretación de la obra motivo de la velada, con la intervención en calidad de palmeros del también bailaor cordobés Ángel Muñoz y la flamencóloga japonesa Mariko Ogura. El primer movimiento, Tiempo de Bulería, discurrió con una alegría contenida, destacando el solista por su aire de añoranza del compañero entre un bullicio orquestal muy bien compensado por el titular de la orquesta que seguía el compás vivo y alegre que caracteriza este palo flamenco derivado de una dinamización rítmica y sonora de la soleá. En el segundo movimiento, Liberamente rubato espressivo, el más extenso de la obra y su centro de gravedad, ante el profundo sentimiento de la cadencia que lo culmina enlazando con el tercero, Allegro festivo por Tangillos, se contrastaron los aires de taranta bien definidos por el solista entre el sonido orquestal, que adquiría cierto duende expresivo en su acompañamiento. La alegre culminación de esta obra supuso un revulsivo para el público que estalló en una jaleada ovación que determinó un bis más lago de lo habitual por parte del guitarrista y sus acompañantes, especialmente Ángel Muñoz, que se marcó un número de baile en el que dejó patente la estética de la que puede hacer gala desde su dilatada experiencia como bailaor y coreógrafo flamenco, que enriqueció el contenido de esta singular cita con la guitarra, en esta ocasión, instrumento de espléndida sonoridad construido por el prestigioso guitarrero conquense Vicente Carrillo que realzó el distinguido pulso flamenco del maestro Cañizares.
Una interpretación apasionada de la cíclica visión musical sobre la idea del destino, entendida como resistencia humana ante lo inevitable, que expresa Tchaikovsky en su Quinta Sinfonía en Mi menor, Op. 64, ocupó la segunda parte del concierto implementada con un análisis exhaustivo del maestro Josep Vicent, que fue desentrañando su discurso a través de esa prodigalidad de sonido y ajuste rítmico que caracterizan la orquesta ADDA-Simfònica, consiguiendo una narrativa que captó de inmediato la atención del público en el sobrecogedor Andante de presentación, para incrementar su continuada observación ante el cambio que supone la entrada del animoso Allegro que le sucede, cuyos reguladores dinámicos fueron determinantes para alcanzar un grado de expresividad digno de admiración como quedó patente en la coda en la que el director llegó a transmitir un profundo estado anímico de resignación acentuando las sonoridades graves con estremecedor efecto.
El andante lo planteó con una serenidad que contrastaba con las pasadas tensiones que se produjeron en el primer movimiento generando un atmósfera idílica de sentimental efecto para el oyente, que se sentía envuelto en la belleza melódica de su discurso que fue sucesivamente arrebatando para alcanzar ese momento de amenazante clímax en el que la intervención del timbalero Salvador Soler aparecía como uno de los elementos impulsores de la orquesta, al materializar nuevamente con sus imponentes golpeos la presencia del destino. El director quiso así hacer relevante el carácter dramático de este pasaje determinando la esencia de este movimiento. Por su parte, fue muy interesante ese estado de inquietud latente que imprimió el maestro al vals que presenta el autor como tercer tiempo de la sinfonía sin perder en momento alguno la sutil gracia que le caracteriza ante el inquietante motivo del destino que supo perfilar con sugerente presencia.
Finalmente, el movimiento final fue una explosión de la capacidad de esta orquesta haciendo música, que desde su plena identificación con la arrebatadora personalidad de su titular demuestra cómo ha alcanzado unos automatismos y resortes de respuesta entre los componentes de su plantilla verdaderamente dignos de admiración, destacando siempre la sección de metales que aquí resultó impactante, favorecida por el resto de la formación entre la que sobresalía el solista de percusión, que se convertía de tal modo en uno de los elementos sustanciales de esta triunfal recreación sinfónica.
José Antonio Cantón
Orquesta ADDA-Simfònica Alicante
Solistas: Juan Manuel Cañizares (guitarra). Palmeros: Ángel Muñoz (baile) y Mariko Ogura
Director: Josep Vicent
Obras de Joan Albert Amargós, Juan Manuel Cañizares y Piotr Ilyich Tchaikovsky
Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA). 22-XI-2025
Foto © Christian Warren Ganser