La Marcha para la ceremonia de los turcos de El burgués gentilhombre de Jean-Baptiste Lully fue un oportuno arranque de programa, hecho con sentido y adaptación a su lenguaje y expresión musicales “de época”, en el concierto que ofreciera Josep Pons al frente de la Orquesta Nacional de España en temporada.
Un programa que destacaba, así, a aquel burgués gentilhombre de Molière, como eficaz médula espinal y paraguas temático.
El Tercer concierto para violín y orquesta de Wolfgang Amadeus Mozart, con la sutileza, galanía y fragilidad en los turbios terrenos del Allegro que lo encuadran (de inicio y en el rondó final), tuvo en Valerie Steenken una pulcra solista. Una violinista refinada que ya desarrolló una estimulante primera cadencia plena de rigurosa afinación. El Adagio se caracterizó por el singular cuidado de una orquesta calibrada dinámicamente a su servicio y una acentuada intención pregnante en la versión de su característica cabeza de tema. Esta segunda cadencia del Concierto, cercana al final del movimiento, arrancó con justicia algún aplauso furtivo, espontáneo, que pronto hubo de contenerse.
Y es que estaba aún por afrontarse su último Rondó-Allegro: ecos discursivos, aquilatados cambios de carácter y detalles cadenciales en espíritu de scherzo, que se remataron con ese ingenioso (haydniano en cierta medida) final abierto…
… Y… de rondón también, una festiva propina en línea con la celebración #FALLA150. Una versión tan refinada, técnica y precisa como lo fuera la ofrecida con el Concierto de Mozart anterior, basada, a su vez, en el arreglo de Fritz Kreisler (cover se dice ahora…) con un preciosista e idiomático violín solista. Nos referimos, ya lo habrán adivinado, a la, inspirada donde las haya (y celebérrima) Primera danza española de La vida breve de nuestro ilustre gaditano.
Mayor dinamismo aquí y depurada técnica con ágil respuesta de una orquesta motivada y una concertación digna del más espléndido de los homenajes: ¡FALLA150!.
El burgués gentilhombre de Richard Strauss era una propuesta comprometida para la segunda parte de programa. Una suite de, a menudo, breves y difíciles piezas de música incidental, en la que se pusieron a prueba todos los atriles en liza.
Una partitura con las dificultades intrínsecas a la música de cámara o incluso con las de solista (eso sí… solista “obligado”... siguiendo con nomenclaturas barrocas), llevadas al entorno sinfónico.
Entre los solos, por su resuelta ejecución, todos meritorios y, ciertamente, algunos memorables, no sólo los que atañaban al concertino que, lógicamente, también, sino al viento madera, al violonchelo…, junto con las habituales dificultades de conjunto del de Múnich y atrevidas polirritmias estratificadas, bien trabajadas por todos.
En el corazón de la pieza, característicos Minueto y Corrente en ajustada simetría con la Marcha de entrada y, movimientos especialmente peliagudos en todos sus planos que conformaron, con brillantez a la postre, una Suite digna de todo elogio.
Luis Mazorra Incera
Valerie Steenken, violín.
Orquesta Nacional de España / Josep Pons.
Obras de Falla (Kreisler), Lully, Mozart y Strauss (Richard).
OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.
Foto © Rafa Martín