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Crítica / Eötvös y Debussy, frente a frente - por Luis Mazorra Incera

Madrid - 14/05/2024

La canción de las sirenas de Peter Eötvös fue un estimulante arranque para un programa de concierto valiente de la Orquesta Nacional de España en su temporada.

Dirigido, por las trágicas razones que todos conocerán, por Pierre Bleuse, con buena técnica, firmeza, flexibilidad y notable aspiración estética, fue una de las principales razones del éxito obtenido.

Una primera parte, centrada en el músico húngaro recientemente desaparecido, Peter Eötvös, presentaba dos obras suyas en programa.

La primera de ellas, ya citada, La canción de las sirenas, dejó una magnífica impresión, un trabajo temático con tintes de decidida modernidad pero afianzado en la tradición sinfónica del desarrollo motívico, y una interesante orquestación que se manifestó con pujanza desde un incisivo y bien perfilado primer momento a modo de exordio.

El Tercer concierto para violín y orquesta “Alhambra” de Eötvös, tuvo como solista a Isabelle Faust, y apostó por una suerte de “expansión” sistemática del timbre del violín, más apuntalado en lo tímbrico que coloreado, por una orquesta especialmente detallista.

Una expansión que quedaba de manifiesto en los expresivos momentos de articulación formal y, sobremanera, en los extremos de la obra, principio y final, en que el violín (re-)tomaba, exento, todo el protagonismo.

Más un Concierto que manifestaba la maestría compositiva de Eötvös, casi un Concierto para orquesta con violín obligado, que otro tipo de exaltación solista, pese a la omnipresencia del violín de Faust en una partitura compleja en todos los ámbitos y especialmente, como ya comenté, por su ajustadísima concertación.

La segunda parte se centraba en Debussy. En simetría, también con un par de importantes obras sinfónicas.

Excelente conducción del fresco-poema-monumento musical emblemático de este movimiento impresionista: Preludio a la siesta de un fauno.

Una combinación de suave y precisa subdivisión desde la batuta, con una perenne flexibilidad del tempo, imprescindible en este universo desdibujado que propone el francés.

Claridad, reflejos y precisión, por otro lado, en una intensa Iberia que siguiera a aquel “Preludio”, donde destacaría su primer movimiento: Por las calles y los caminos. Energía, atención y acentos bien definidos para un cuadro musical colorista en lo rítmico y lo tímbrico, contrastante pero coherente con el relato anterior.

Un éxito, difícil sobre el papel, pero perfectamente resuelto y defendido con savoir-faire desde el podio.

Luis Mazorra Incera

 

Isabelle Faust, violín.

Orquesta Nacional de España / Pierre Bleuse.

Obras de Eötvös y Debussy.

OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

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