El programa que la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) ofreció el pasado 17 de octubre no podía ser más contrastado, constituido como estaba por dos obras absolutamente diferentes en lo que se refiere a plantilla instrumental, concepto armónico y rítmico o voluntad expresiva, por no hablar de su duración.
Dirigía el letón Andris Poga, quien para abrir el programa escogió una de las últimas obras de su compatriota Peteris Vasks, que fue estrenada en abril de este mismo año en un concierto que celebraba el 80 aniversario del creador. Se trata de Pateicibas dziedajums (Canto de agradecimiento). Escrita para cuerdas, es una composición con ese aliento espiritual tan propio de Vasks. Todo en ella se construye a partir de una serena y amplísima melodía que se va desarrollando y creciendo en intensidad tanto sonora como emocional. La versión de Poga puso de relieve el carácter luminoso de la partitura, jugando hábilmente con las texturas de las cuerdas y graduando su valor expresivo.
La Sinfonía n. 4 de Shostakovich ha cumplido ya noventa años. Y ahí está, más fresca y actual que muchas obras de hoy que se dicen modernas. Es una obra colosal en todos los sentidos, por los efectivos que requiere y no menos por una complejidad formal y conceptual que desafía todos los análisis y lleva al límite la propia idea de sinfonía establecida por Mahler, tal es la cantidad de elementos que integra. Y es que todo cabe en ella: marchas militares y fúnebres, danzas populares, valses, y todo ello de un modo que se pasa sin solución de continuidad de lo grotesco a lo dramático, de lo sentimental a lo agresivo e hiriente, de lo banal a lo profundo, hasta culminar en uno de esos finales enigmáticos que anuncian al último Shostakovich.
La interpretación de Poga fue modélica. A partir de un gesto preciso, supo resaltar la apabullante riqueza emocional y sonora la partitura, sin dejar que en ningún momento decayera la tensión y dando pie a que los solistas de la orquesta (violín, flauta, flautín, clarinete bajo, fagot, trombón…) se lucieran en los numerosos solos que Shostakovich les ofrece. La OBC, convenientemente reforzada, respondió de manera impecable en todas sus secciones, con especial mención de una cuerda que Poga hizo volar a una velocidad endiablada en la sección presto del primer movimiento.
Juan Carlos Moreno
Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya / Andris Poga.
Obras de Vasks y Shostakovich.
L’Auditori, Barcelona.