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Crítica / Alfa y omega - por Luis Mazorra Incera

Madrid - 19/10/2026

Nueva temporada del Bach Vermut, y nada mejor para (re-)comenzar con buen pie, que hacerlo por la obra que preside el repertorio del instrumento  rey, del órgano, y que, siendo honestos, es la única obra que conoce el gran público de este instrumento (¡y hasta de este autor…!). Nos referimos a la incombustible Tocata y fuga en re menor de ese Bach del que presume el titular de este multitudinario ciclo.

Un concierto inaugural que contó con una expresiva y solvente solista, la organista Cindy Castillo. Una solista comunicativa, tanto al frente de los teclados que le otorgara este órgano Grenzing, como al margen de ellos. Y es que no dudó en preludiar su actuación con unas cálidas y emotivas palabras al público que llenaba esta sala sinfónica de sábado por la mañana en el Auditorio Nacional de Música. Una alocución cercana que no sólo elogió la música sino con toda justicia, también el propio instrumento y a aquél que vela día a día por su permanente buen funcionamiento.

Una actuación ciertamente comunicativa, dije, donde las frases que se dibujaron musicalmente en sus diversas versiones de unas obras distantes en lo temporal y lo estético, quedaban siempre perfectamente definidas, perfectamente expresadas, delimitadas por intención y resolución, aún bajo la presión del virtuosismo técnico manifiesto de alguna de ellas, de los rigores del tempo impuesto y otros condicionantes “historicistas” que sobrevuelan a la sombra de este mundillo interpretativo.

Tras este arranque, ofrecido con solidez y transmitiendo siempre este fundamento discursivo, el Bach-Vivaldi que se siguió mantuvo aquel tono a lomos de un Concierto para órgano en la misma tonalidad, transcripción del Concierto para dos violines y violonchelo en re menor de Antonio Vivaldi (“... aquí un colega…”).

Con César Franck nos desplazamos en el tiempo, el espacio y la estética. Su notable y amplia oración (musical), Prière, desplegó otros afanes más emotivos, con el uso del pedal expresivo correspondiente en las dinámicas progresivas, y, una bella y coherente lógica de timbres.

La Tocata en re bemol mayor de Joseph Jongen desplegó con fluidez un vistoso aparato técnico cromático, diríase que pintiparado o “de libro”, en este género de obras. Una segunda sección mantuvo un pedal más complejo por su carácter lírico y cantante, cierta proporción de diseños escalísticos, doble pedal y un final bien puntuado en partitura, con un resabio a la postre de sana parodia del género.

Cae la nieve (La neige tombe) de Cuatro haïku de Jean-Pierre Deleuze, enigmática, desnuda, muy en la linea abierta y protagonizada por Olivier Messiaen. Sirvió de alivio austero y críptico, tras el pródigo despliegue anterior.

El Ricercar a seis de la Ofrenda musical de Bach sirvió de espléndido remate, hasta llegar en su último suspiro, a esa profunda sonoridad grave del último do del extremo izquierdo del pedalier de este magnífico instrumento. Una vuelta por todo lo alto, y por todo lo hondo y trascendente también, al origen del programa: alfa y omega bachianos.

Un remate denso en lo técnico que se extendió con un bello y limpio lenitivo añadido como propina: el inspirado y versionado (como fuera la conocida para piano de Ferruccio Bussoni, presente en conciertos de esta misma sala) preludio-coral: A ti clamo, Señor Jesucristo (Ich ruf zu Dir, Herr Jesu Christ).

Luis Mazorra Incera

 

Cindy Castillo, órgano.

Obras de Bach, Deleuze, Franck, Jongen y Vivaldi.

Bach Vermut / CNDM. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

 

Foto © Rafa Martín

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