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Crítica / Danzas barrocas y eslavas frente a frente: Haydn y Dvorák - por José M. Morate Moyano

Valladolid - 07/06/2026

El 17º programa de la Temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) en su sede vallisoletana, presentó un curioso repertorio fruto de la fértil imaginación de su Titular, Thierry Fischer, combinando en el mismo dos autores aparentemente dispares, como Haydn y Dvorák. Y lo hizo a través de la Danza, confrontando la visión de la barroca pensada para la Corte, con la eslava de raíz folklórica y popular, pero no tan diferentes en el manejo de los materiales musicales.

La primera parte se abrió con Dvorák, a través del cuarto de sus poemas sinfónicos, La paloma del bosque, op. 110, (1896), (primicia además para la OSCyL), en el que sigue paso a paso y con la misma métrica, las cuatro escenas del poema del poeta checo K. J. Eben incluido en su colección “El ramillete” donde, con aire de balada folklórica, narra sucesivamente El crimen y el luto (su joven esposa lo envenena y camina llorosa tras el cortejo fúnebre de su marido), lento y dramático inicio orquestal con trompeta y flauta acertados en la descripción; El nuevo romance (la joven olvida y vuelve a casarse), el ritmo se aviva con un aire de danza popular; El canto de la paloma (al oír el canto de una paloma posada sobre la tumba de su primer marido, la mujer recuerda su crimen), que las flautas presentaron con dulzura en ambiente de mal presagio; El remordimiento y el castigo (ese canto la persigue y, enloquecida por la culpa, se arroja al río y muere), dos flautas y el oboe hacen ese melódico canto y el arpa crea un aura fantasmal y trágico con la orquesta cerrando con tristeza. La versión fue limpia y cuidada por Fischer, y agradecida por la audiencia.

Después vino la perla de la sesión. Con la cuerda reducida lógicamente a 24 profesores, sonó otra vez en el Auditorio (pues el propio Pablo Ferrández ya lo hizo en la temporada 2016-17 con la OSCyL y Pinchas Zukerman), el Concierto nº 1 en Do M. (1761-65) de Haydn. El chelista estuvo extraordinario con su Stradivarius “Archinto”, 1689, (préstamo vitalicio de un miembro de la Stretton Society), pues si ya fue buena su primera versión, la experiencia y madurez que prestan los años, hizo de ésta un modelo de dominio técnico, expresividad musical y comunión total con la concertino invitada, que dio unidad y perfección a la interpretación, siguiendo el sentir de Fischer desde el atril. Este Concierto fue escrito para F. Weigl, cellista principal de la Orquesta de la Corte Esterházy, reconocido virtuoso de la época, por lo que sus rápidas escalas y uso de la zona aguda del instrumento, ponen a prueba el control del arco y la afinación del solista; todo ello no presentó serio obstáculo para Ferrández que, además, hizo soberbias las dos cadenzas, sobre todo la gran primera, probablemente suyas, dado que las originales no se conservan; nobilísimo y homogéneo sonido en el Moderato, que lo fue; lírico y musical el Adagio, íntima la breve cadenza y la orquesta en Fa M. exponiendo con mimo su melodía; el Allegro molto final lanzado por los violines (con leve dureza en los agudos), tuvo a Ferrández arrebatador en lo que ha sido despedida de su Residencia con la OSCyL, por lo que la Sala reaccionó con grandes y repetidas ovaciones para todos, reiteradas cuando Pablo Ferrández se despidió regalando un Bach de ensueño.

La segunda parte, hecha sin interrupción, tuvo la Sinfonía nº 8 en Sol M., “La tarde” (1761), tercera del tríptico que el Príncipe Esterházy encargó a Haydn para describir las fases del día; su estructura funciona como un concertó grosso barroco (la cuerda siguió reducida), pero con la apertura al sinfonismo clásico con maderas y metales hasta seis. Sus 4 movimientos se vieron precedidos, despedidos e interludiados por seis Danzas eslavas de Dvorák, de sus op. 46/8, 3, 6 y op. 72/ 2, 5, 7, todas compuestas para piano a cuatro manos en 1878 y 1886, pero que en ambos casos hubo de orquestar meses después, dado su éxito; en ellas sólo el ritmo sigue fielmente el folklórico de cada danza elegida, pues los temas son todos de su creación: Furiant, Polka, Dumka, Spacírka, Sousedská y Kolo, fue el orden escogido por Fischer para su orquesta con 48 cuerdas. La propuesta funcionó en general; problema: quizá excesivo volumen orquestal sinfónico en la mayoría de las Danzas (porque sus partes contrastadas así lo exigen), frente a la elegancia y flexibilidad de los movimientos de la Sinfonía barroca, incluso en su Presto “La tormenta”, donde los elementos veraniegos: gotas y lluvia, (concertino y stacatto de violines muy acertados), viento (bien la flauta), truenos, …, suenan con medido rigor.

La Furiant en Sol m. fue efectivamente furiosa y brillante con sus hemiolias de compases dobles a triples, brillantes. El Allegro que abre la Sinfonía en un 6/8, describe el fin de la jornada laboral en el XVIII. La Polka en Lab M., Poco allegro, de Bohemia, binaria, melódica y alegre. La Dumka en Mi m., Allegretto grazioso ,balada de origen ucraniano, con melancólicas cuerdas en contraste con vivo tono mayor. El Andante de la Sinfonía donde soli y ripieno pintaron el atardecer bellamente. La checo-bohema Spacírka con su solemne Poco adagio y su Vivace en 2/2 escalonado. El Menuetto-Trío de la Sinfonía, danza tradicional barroca con un solo de contrabajo virtuoso resuelto con total y afinada limpieza. La Sousedká en Re M. Allegro scherzando, ternaria, similar a un vals pastoral y elegante. La ya mencionada Tormenta que acaba la Sinfonía y el Kolo en Do M., serbio, tres minutos orquestales muy marcados enérgicos, comunicativos y vivos, que pusieron fin con triunfo a la original sesión. Se despidió, con merecido cariño y nostalgia, a Frederik Driessen, chelista de los fundadores de la OSCyL, por su feliz jubilación.

José Mª Morate Moyano

 

Pablo Ferrández, violonchelo (Final en Residencia)

Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) / Thierry Fischer

Obras de A. Dvorák y J. Haydn

Sala Sinfónica “Jesús López Cobos” en el CCMD de Valladolid            

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