Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Confidencias schumannianas - por Ramón García Balado

Santiago de Compostela - 03/04/2022

Volvíamos a encontrarnos en la Real Filharmonía de Galicia con el chelista franco-alemán Nicolas Alstaedt,  esta vez con un programa dedicado a Robert Schumann, del que nos ofreció  el Concierto para chelo y piano, en La m. Op. 129 y la Sinfonía nº 1, en Si b M.Op. 38 (Primavera), tras brindarnos en mayo de 2019, un ambicioso programa en situación parecida como solista y director, eligiendo para entonces, el Concierto para  chelo, nº 1, en Mi b M. Op. 107, de  Dmtri Shostakovich,  entre  obras de M.Ravel, F.J.Haydn  y la Elegía en Memoria de Rupert Brooke, de Frederick Septimus Kelly.

Entregado a Schumann de cuerpo y alma, quiso insistir en las inspiraciones observables en la fanfarria de entrada de la sinfonía para definir la importancia de los versos del poema Im Talle der Frühling auf, por su pulsación rítmica o el aire cantábile del Larghetto, para redundar en el importante aspecto de los registros medios y superiores en el Concierto para chelo y la  basculación que en el Andante un poco maestoso de la sinfonía, que obsesivamente evocaría un lied.

El Concierto para chelo y orquesta en la m. Op. 129, quedó  resuelto en breve espacio de tiempo,  coincidente con la escritura Sinfonía Renana, decidiéndose  en buena medida por un concentrado trabajo casi sin solución de continuidad, con ciertos aspectos que descubre elementos de posible circularidad partiendo del Allegro-(Nicht zu schnell) en clara forma de sonata, sobre destacados acordes trazados por las maderas, antes de que el solista nos propusiese el primer argumento con dos temas enfrentados que cerraba el segundo con aire sincopado.

El desarrollo, con el valor de sus tresillos acelerados, acentuaba  la tensión necesaria hacia la entrada del Adagio (Langsam), un claro lied, típico en el autor, que supone un ostensible tiempo de meditación cantábile- al igual que en la sinfonía- a cargo del violonchelo, marcando una importancia preponderante de las semicorcheas, en una transición al Vivace (Sehr lebhaft), en el que precisamente  el solista con una acelerada escala, se encaminaba a una tonalidad mayor, marcada por una cadenza con la participación redundante de la orquesta, enfrentada al chelista.

Schumann, la sensibilidad romántica y la estética del dolor, en dos aspectos para los que el sufrimiento es elemento circunstancial y puntual, que respondía  a tensiones anímicas determinadas, cuyos estados emocionales y físicos serán una recurrencia reflejada en el conjunto de su obra. Ese dolor tantas veces recordado y reflejado en su música, que se  confirma en los confines del silencio. La Sinfonía nº 1, en Si b Op. 38  (Primavera), queda como constatación de esa sensibilidad bipolar que ha generado literatura a raudales, casi hasta el oprobio y el agotamiento. Un trabajo que no le ocupará mucho tiempo y que pondrá  en atriles su apreciado F. Mendelssohn, en la Gewandhaus, de Leipzig, culmen de su obra hasta entonces, centrada en la lírica.

El Andante un poco maestoso-Allegro molto vivace, fue abordado con una lenta introducción,  anunciada gracias a las trompas y trompetas, a modo de solemne afirmación, para que una breve transición ofreciese un detalle del tema crucial del Allegro y un segundo de detalles íntimos que se confirmaban en una extensa coda en preparación al movimiento siguiente.

El Larghetto, quedaba como  un tiempo  reseñable por las pretensiones de lograr un estado de ensoñación, modelo de su hipersensibilidad y al que pretendió titular Nacht, gracias al tema expuesto por los violines, en un melodismo de dulces armonías y que tuvo respuesta en los chelos. Vuelta al inicio, en el que trombones y fagotes, conseguían  una equilibrada transición para hallarnos  frente al Scherzo, perceptible en sus dos temas enfrentados: un a modo de Molto vivace, en la cuerda y un segundo lírico en el que se observa un aire de danza, que se pretende una fantasía libre a la que siguen dos tríos sorprendentes por su imposible afinidad.

El Finale, era la primavera en su despedida, para la que un Allegro animato, cumplía  con la intención de situarnos en la órbita del Andante Allegro molto vivace.  Un episodio que acabará resultado fundamental, al final del desarrollo, será el clamor de las trompas, entre una cadencia en manos de la flauta a solo, para que la recapitulación en un arrebato se exprese en medio de la orquesta en plenitud, en un canto a la primavera.                 

Ramón García Balado

 

Real Filharmonía de Galicia / Nicolas Altstaedt.

Obras de R. Schumann

Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela

197
Anterior Crítica / Chispeante Oropesa - por Francisco Villalba
Siguiente Crítica / Don Pasquale cabalga de nuevo - Juan Francisco Román Rodríguez