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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Chapeau! - por Luis Mazorra Incera

Madrid - 20/01/2026

La Chacona de Johann Sebastian Bach, sí, el célebre movimiento final de la Segunda partita para violín solo, fue el sólido umbral bajo el que se puso en marcha el concierto que ofreció Olivier Latry sobre el órgano Grenzing de la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música. Un sustancial comienzo que, dada la vocación titular del Ciclo Bach-Vermut que organiza con periodicidad de una matiné de sábado mensual el Centro Nacional de Difusión Musical, nos dejaba ya satisfechos esta lluviosa mañana de enero. Una sensación derivada, tanto por la transcendencia del original al violín y su ingenioso arreglo al órgano, como por la pulcra interpretación.

Todo un tratado de lo que es un arreglo bien dispuesto, moderno, algo transgresor también (“traduttore traditore”) firmado por Henri Messerer, que daba pie a una docta ejecución de Latry.

Una interpretación que, en todo momento, sirvió a la música, a sus autores y sus peritos arreglistas, y al espléndido despliegue de recursos interpretativos y creativos de este consumado intérprete.

Y, sí, así pasamos a otro arreglo de todo un Duruflé: el popular coral, Jesus bleibet meine Freude de la cantata Herz und Mund und Tat und Leben, no menos comprometido de esta guisa.

Las Danzas del bastón, del fajín, del corno, polca y danza rápida, de las inspiradas Danzas rumanas de Béla Bartók, esta vez originales para piano (arr. André Isoir), nos acercaron paso a paso, y de qué forma, al folclore rumano, con un final de gran dificultad y vistosidad al órgano. No ya por la velocidad de sus melodías, sino aún por una rítmica endiablada y la conjunción homofónica de diversas líneas, con la complejidad que supone al órgano la ejecución convincente de un crescendo final “en punta”.

La Pequeña rapsodia improvisada de Charles Tournemire (de nuevo en arreglo de Duruflé) sirvió de preámbulo (cogió un poco desprevenido a un público entregado, pero que no detectó este atrevido final que quedó sin aplauso…) para una Suite para órgano, op. 5, ya sí, original del propio Maurice Duruflé.

Magnífico legato en todas sus líneas, incluio el pedalier (no tan fácil de conseguir, por cierto, en órgano de esta “estética” y constructor, y, aún más, de esta consumada manera) que acercaba la música francesa con un punto adicional de autenticidad.

Y bueno, no tuvo más remedio el respetable que aplaudir tras el Preludio de la Suite teniendo en cuenta el despiste del paso de obra anterior. Como también lo hizo tras la sutil Siciliana, antes de abocar en la Toccata final. Brillante final para una obra de órgano trascendental con un lenguaje (post-)romántico “puesto al día” y de una técnica organística espléndida que entronca con la rica tradición gala para este instrumento. Un deleite de creatividad, autoría e interpretación para un final que es una obra en si misma, envuelto en una pátina de virtuosismo perlado, con el horror vacui que corresponde a esta forma virtuosa, pero con atmósferas de extraordinario poder emotivo y sobrecogedor (— ¡Bravo!).

No lo he dicho, pero, y esto es harto inusual en el mundo del órgano, aún a este nivel, todo el concierto fue abordado por Latry de memoria (by heart / por el corazón…).

Para completar la hora dispuesta habitualmente para la actuación, una improvisación del propio Latry sobre un tema tan del folclore español como La tarara, sobre todos los teclados incluido el más idiosincrático cuarto…

Un teclado, este último, con registros, sonoridades, que entroncan tímbrica y simbólicamente con nuestra tradición patria. Etnomusicología hecha creación y virtuosismo interpretativo (con sus vertiginosos episodios escalisticos y especulativos al pedal…). Monumentalidad en espíritu de toccata: música, emoción, creación, facultades, inteligencia… con remate íntimo…

Gracias (Merci beaucoup).

Pdta.: ¿Propina…? La hubo dada la insistente aclamación del público, y pese a haberse sobrepasado ya la hora tras aquella generosa improvisación… ¡Bach, por supuesto! Eso sí, de nuevo en un (célebre en este caso) arreglo, de otro eximio organista y compositor francés, Marcel Dupré: Sinfonía de la Cantata XXIX bachiana, realizado con rigor y solvencia incontestables.

Luis Mazorra Incera

 

Olivier Latry, órgano.

Obras de Bach, Bartók, Duruflé, Tournemire y… Latry.

BACH-Vermut. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

 

Foto © Rafa Martín

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