Habitual ya por los escenarios madrileños, no solo por la dirección musical del Teatro Real, sino, también, por las giras de las formaciones sinfónicas internacionales de las que ha sido titular, el director valenciano Gustavo Gimeno, que compareció la pasada temporada con dos programas al frente de la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo, lo ha hecho en esta ocasión con la Orquesta Sinfónica de Toronto, agrupación de la que es titular desde 2020, y que se presentaba en el actual ciclo de conciertos 25/26 de Ibermúsica por primera vez.
Tras el primer concierto del pasado martes, que contó con la participación del pianista canadiense Bruce Liu interpretando el Concierto para piano No.2 de Rachmaninov, en cartel con la Quinta Sinfonía de Prokofiev, el programa del miércoles al que hace referencia esta reseña contó con la soprano Anna Prohaska quien, en diversos registros, puso voz a A woman’s face de Rufus Wainwright, a la Escena de Berenice de Franz Joseph Haydn y, en última instancia a la Sinfonía No. 4 de Gustav Mahler. Además, se presentó en España Curiosity, genius and the search for Petula Clark, obra de la compositora canadiense Kelly-Marie Murphy, encargada por la Orquesta Sinfónica de Toronto y la Fundación Glenn Gould que vio su estreno en 2017, siendo posteriormente grabada por la misma formación y su actual titular.
Cuando en 1985 se agruparon gran cantidad de artículos escritos por el controvertido pianista canadiense Glenn Gould –que vieron su traducción española bajo el título de Escritos Críticos en 1989- se pudo constatar que no solo estábamos ante un intelectual musical de primer orden, sino de un erudito en diversas disciplinas como la geología o la botánica, además de la radiodifusión o las técnicas de grabación, que hacía de sus textos una suerte de anotaciones, a modo de personal diario, en torno a su fascinación por la música, fuese de Bach, Schoenberg o Hindemith o, también, Barbra Streissand o Petula Clark. Sobre la cantante británica escribió analizando la canción Who am I? la cual sintonizaba mientras conducía al emitirse en cadena por diversas emisoras de onda media, cuya recepción variaba por razones geográficas, lo que le obligaba a resintonizar la señal con frecuencia. Esta curiosa anécdota, bien explicada por Alberto González Lapuente en sus notas, inspira, en parte, la obra de Murphy, junto a la especial psicología del polímata canadiense. Curiosity, genius and the search for Petula Clark se presentó creando un arco formal de lenguaje asequible, inmediato y rica orquestación que ambientaba contrastes entre pasajes tranquilos y agitados, de los que cabe remarcar la jazzística escritura para la sección de metales. Bien proyectada, con especial persuasión, defendió Gimeno la obra de Murphy que se planteó, sin solución de continuidad, tras A woman’s face, adaptación musical del Soneto 20 de los Shakespeare Sonnets que realizara Rufus Wainwright. Incluida en este programa en su versión orquestal, estuvo bien defendido por una Anna Prohaska quien, desde la tribuna del órgano, mantuvo un estilo ligero, cercano al pop incluso, alejándose de registros más propios de las salas de concierto. Por su parte, la Sinfónica de Toronto y Gustavo Gimeno cumplieron con adecuado rango dinámico el arropamiento sinfónico de la cantante.
De mayor rango expresivo, la infrecuente Escena de Berenice de Franz Joseph Haydn, basada en los textos de Antigono de Metastasio sobre el triángulo amoroso entre Berenice, princesa egipcia, Antigono y su hijo Demetrio, demanda una cantante de gran versatilidad, tanto en la coloratura como en el sentido dramático. A tal efecto la voz de Prohaska, pese a ser ágil y de buena coloratura, capaz de sortear con maestría, aunque no sin tensión, todas las dificultades vocales, dio la sensación de cierta frialdad ante un Gimeno, que acompañó con pulcritud y rítmica precisa ante una más reducida Sinfónica de Toronto.
Escrita entre los veranos de 1899 y 1900, la Sinfonía No.4 de Gustav Mahler pobló toda la segunda parte del concierto. Destacada por su tono pastoral, utiliza una orquesta en cuyos efectivos prescinde de trombones y tuba para lograr cierta sencillez, característica extensiva a una nitidez armónica y, sobre todo, a la acumulación de melodías de fácil asimilación, como bien apunta González Lapuente. Así, aunque predomine una atmósfera cándida en el primer movimiento, Bedächtig, nicht eilen, la ironía mahleriana se hace presente, al igual que los aspectos más grotescos en la disonante danza macabra del segundo movimiento, In gemächlicher Bewegung, ohne Hast. El contemplativo y bellísimo Ruhevoll, preludia el centro de gravedad de la obra en el cuarto movimiento Sehr behaglich que recupera en voz de soprano La vida celestial de Des Knaben Wunderhorn cerrando una sutil obra de contrastes entre una luminosa inocencia y una profunda nostalgia. La disposición antifonal de la Sinfónica de Toronto permitió una contrastada proyección sonora ante un Gustavo Gimeno, en general, muy disciplinado, capaz de dirigir con convicción, si bien, se echó en falta más arrojo y relieve en una interpretación que procuraba conciliar la ingenuidad con los fantasmas al resaltarse los gestos más grotescos, rompiendo con cierta rusticidad la enrarecida serenidad inicial. La soprano Anna Prohaska se mantuvo correcta en el último movimiento, adoptando un rol neutro, acorde con el criterio interpretativo: ni infantil, ni especialmente dramática. Una propuesta interesante, sin duda, pero que adolecía de empaque general pese al brillo, equilibrio y prestancia de la agrupación canadiense.
Justino Losada
Anna Prohaska, soprano
Orquesta Sinfónica de Toronto / Gustavo Gimeno
Obras de Wainwright, Murphy, Haydn y Mahler
Ciclo Ibermúsica 2025/2026
Auditorio Nacional de Música, Madrid.
Foto © Keng Pereira for Another Everything / Courtesy of the Toronto Symphony Orchestra