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Crítica / Sol Gabetta ilumina a Elgar; Hrůša, a Dvořák - por Darío Fernández Ruiz

Santander - 01/02/2026

La Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria presentó anoche un envidiable aspecto para recibir a la Orquesta Sinfónica de Bamberg, dirigida por Jakub Hrůša, con Sol Gabetta como centro de gravedad emocional de un programa bien construido.

Abrió la velada la obertura Las dos viudas de Bedřich Smetana (6'48''). Una página breve, ligera, sin demasiadas pretensiones, pero cargada de teatralidad. Hrůša imprimió tempi vivos y un pulso flexible, cuidando la transparencia de la textura y el equilibrio entre las secciones, con una cuerda ágil y un viento madera que aportó color. Todo fluyó con naturalidad, sin énfasis innecesarios.

No obstante, el gran atractivo de la primera parte radicaba en ver qué haría Sol Gabetta con el siempre bienvenido Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85 de Edward Elgar (8'28', 4'45', 4'49'', 11'30''). Resultó especialmente atractivo volver a escuchar a la violonchelista argentina año y medio después de su participación en la clausura del Festival Internacional de Santander, en una ciudad donde su primera aparición, siendo niña y alumna de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, dejó una huella temprana y de afecto en los aficionados que aún perdura. La madurez artística que hoy exhibe y la luz que irradia no hacen sino confirmar aquella impresión inicial.

Desde su entrada, Gabetta desplegó un sonido sedoso y redondo, sostenido por un canto envolvente, siempre cordial y caluroso, de fraseo noble. Su lectura luminosa se apoyó más en la calidad del legato y en la flexibilidad dinámica que en el subrayado expresivo, con un vibrato cuidadosamente dosificado. Así, el primer movimiento avanzó con discurso natural y diálogo equilibrado con la orquesta. El segundo y el tercero, de carácter más íntimo, destacaron por la pureza de la línea y la atención al detalle tímbrico. En el movimiento final, Gabetta construyó la tensión desde dentro, sin concesiones al efectismo, cerrando el arco del concierto con una intensidad contenida, profundamente elgariana.

Como propina al final de la primera parte, Gabetta ofreció un hermoso arreglo de la segunda de las Cinco piezas en tono popular, op. 102 de Robert Schumann (4'26''), realizado por la propia solista. Tiempo en standby, respiración contenida en un momento de recogimiento, de introspección lírica, acompañada por toda la sección de violonchelos de la orquesta, que convirtió la pieza en un delicado ejercicio de empaste y canto colectivo.

La segunda parte estuvo dedicada a la Sinfonía nº 5 de Antonín Dvořák (10'06', 7'57'', 8'32'', 13'28''). Hrůša ya había demostrado sobradamente su valía en Santander —recordamos su presencia en 2019 al frente de la Mahler Chamber Orchestra—, pero en esta ocasión volvió a confirmarla desde una identificación profunda con el lenguaje del compositor bohemio. La vivacidad del discurso y la misma actitud en el podio nos dieron la impresión de que se encontraba mucho más a gusto aquí que en el crepuscular lenguaje elgariano.

De gesto claro, amplio y elegante, Hrůša mostró una batuta minuciosa, atenta al detalle y al equilibrio interno y supo subrayar con inteligencia los momentos más logrados de la Quinta, sin perder nunca la continuidad del discurso ni la naturalidad del fraseo. El primer movimiento combinó empuje rítmico y control formal; el segundo, lirismo amplio; el scherzo, precisión y nervio. El final cerró la obra con energía y la cohesión que uno espera en un conjunto como los sinfónicos de Bamberg, formación histórica, compacta, de cuerda tersa y empastada, metales seguros y una madera especialmente inspirada. 

Como cierre, director y orquesta ofrecieron el final de la Suite en La mayor, op. 89b, o Suite americana, de Dvořák (3'30''). Propina directa, abordada con frescura rítmica y sentido del color, que puso un broche festivo a una velada muy bien recibida por un público atento, generoso en los aplausos y necesitado de algún que otro antitusígeno.

Darío Fernández Ruiz

 

Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria

Orquesta Sinfónica de Bamberg, Sol Gabetta (violonchelo) y Jakob Hrůša (director)

Obras de Smetana, Elgar y Dvořák

 

Foto: Sol Gabetta.

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