El Réquiem de guerra (War Requiem) de Benjamin Britten ocupó uno (el primero) de los (dos) últimos programas en temporada de David Afkham al frente de la Orquesta Nacional de España, en calidad de su director titular.
Una ocasión en la que se convocaban abundantes fuerzas instrumentales de la institución, en dos conjuntos, de cámara y sinfónico (con sus ocho contrabajos de base en la cuerda), junto a las vocales del Coro Nacional de España, el Coro de la Comunidad de Madrid, los Pequeños Cantores de la ORCAM, y, claro está, un competente y exigido trío vocal solista formado en esta ocasión por: Nicole Heaston, soprano; Andrew Staples, tenor; y, Stéphane Degout, barítono.
Un resultado conjunto donde se buscó más la prístina claridad en la distribución de los materiales y su estructura, que otros misterios más controvertidos, proteicos o velados. Claridad e intensa presencia acústica, junto con una fluidez natural marca de la casa Afkham.
Una fluidez que se benefició de la eficaz distribución en la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música de todo aquel abundante plantel en liza, en un “plan de obra” que, sin duda, precisa de todo este ingenio escénico para consumar estos, por otro lado, saludables objetivos.
Una delimitación quirúrgica en la lógica de la articulación formal de todo este (algo artificioso ya sobre la partitura, para el que suscribe…) entramado a caballo entre el sufrido y trascendente ritual del Requiem (con referencias al repertorio heredado y, especialmente, al de origen verdiano) y los poemas de Wilfred Owen, que fue, a la postre, quizás, uno de sus principales (y altamente valorables) logros de esta nueva versión. Un logro por encima de expectativas basadas en otras experiencias con esta misma obra…
Siguiendo con otras pinceladas desde una perspectiva global de la que uno no debe sustraerse en este caso: una solvente dicción general, una “sección” (“separata”) de coro de niños y armonio, presente e intensa en términos acústicos y visuales, tanto frente al tutti en el escenario como a nuestra posición en la grada, agilidad sensible en la secuenciación sin fisuras de sus diversas partes, un Recordare con voces femeninas especialmente bello hoy, como lo fuera el Pleni sunt Coeli del Sanctus en poderoso crescendo del coro, con voces siempre cristalinas, limpias, un Libera me Domine determinado, en un continuo de tensión bien gestionado desde el podio que me recordó (como flashes visuales, tema y ambiente) imágenes icónicas antibelicistas del universo fílmico, entre las que se me perfiló destacada aquel, valiente por su dilema moral de arranque (desgraciadamente, notarial y profético en sendos números de víctimas que le dicta el guión al violinista francés encarnado por Phillips Holmes), con Lionel Barrymore encabezando reparto, del Lubitsch pre-code de entreguerras: Broken Lullaby (titulado aquí como, Remordimiento).
— “Liber scriptus proferetur / In quo totum continetur / Unde mundus judicetur” (sic, War Requiem).
Un largo silencio entre sorprendido y reverencial siguió al final de la obra, y se incorporó, así, a este ambicioso planteamiento original de Britten, vuelto a levantar una vez más en este foro. Unas claras intenciones por presencia, transparencia y virtual transferencia con intensa dicción y proyección del discurso, fueron objetivos interpretativos consumados con brillantez.
Luis Mazorra Incera
Nicole Heaston, soprano; Andrew Staples, tenor; y, Stéphane Degout, barítono.
Orquesta Nacional de España, Coro Nacional de España, Coro de la Comunidad de Madrid y Pequeños Cantores de la ORCAM.
David Afkham, director.
War Requiem de Britten.
OCNE. Auditorio Nacional de España. Madrid.
Foto © Jose Luis Pindado