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CRÍTICA / Beethoven y Hengelbrock, una perfecta sintonía (por Gonzalo Roldán Herencia)

Granada - 18/07/2020

El Festival de Granada ha programado este año la integral de las sinfonías y conciertos de Ludwig van Beethoven, invitando a las principales orquestas españolas a participar en este singular homenaje al compositor en el 250 aniversario de su nacimiento. Uno de los nombres propios de excepción que han participado en esta integral es el director Thomas Hengelbrock, que dirigiendo a una Orquesta de la Comunitat Valenciana adaptada en su sonoridad para la ocasión resucitó en su visita a Granada tres de las obras más conocidas del compositor de Bonn en una velada que no dejó indiferente a ninguno de los asistentes.

Thomas Hengelbrock es conocido por sus grabaciones de música barroca, siendo uno de los directores europeos del panorama actual más versados en la interpretación historicista. Así, adaptó el número de componentes de la Orquesta de la Comunitat Valenciana para que la formación presente en el escenario estuviese equilibrada en función de la sonoridad que deseaba para el repertorio beethoveniano.

El concierto se abrió con al obertura Fidelio, la cuarta que escribiera el compositor para su ópera con motivo del estreno de su última revisión en 1814. Hengelbrock dio un aire optimista y dinámico ante una orquesta bien timbrada, con muy buenos solistas en las secciones de viento, que dio lo mejor de sí en este abrir de boca, preludio de las dos sinfonías que deparaba el programa.

Le siguió una joya de la literatura beethoveniana, la aparentemente sencilla Sinfonía núm. 8 en fa mayor op. 93. Esta obra es toda una lección de composición, tanto en su estructura formal como en el desarrollo de las unidades temáticas en cada movimiento. Conocida como la “sinfonía del buen humor” gracias a Walter Krug, es en verdad una de esas obras de orfebrería que a menudo pasan desapercibidas, pero que cuando se descubren son una eclosión de belleza y perfección. Thomas Hengelbrock supo entender la delicadeza de la partitura, y escogió unos tempi ligeros y descargados de toda pesadez, pero expresivos y bien equilibrados en lo que al discurso melódico se refiere.

Ese optimista Allegro vivace e con brio que perfila un ambiente optimista y lleno de vitalidad, o esa broma musical dedicada a Mäelzel que es el segundo movimiento Allegretto scherzando son una muestra del buen humor de Beethoven, a menudo malentendido por sus contemporáneos. El tercer movimiento, Minuetto, contiene uno de los tríos más bellos jamás escritos, el cual emerge con humildad en las trompas sobre un contrapunto del violonchelo tras el movimiento danzable de la orquesta, y orgánicamente va cogiendo entidad hasta convertirse en una perfecta sintonía de sonoridades. Mención especial tienen los solistas de viento de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, y concretamente el clarinete y las trompas. Toda la orquesta al unísono unió sus fuerzas para concluir con un Allegro vivace perfectamente ensamblado.

El profundo conocimiento del repertorio de Hengelbrock se hizo evidente igualmente en cuidado y delicado gusto ante la Sinfonía núm. 6 en Fa mayor “Pastoral” op. 68 con la que concluyó el concierto. Considerada con razón una obra programática, el compositor muestra su mundo interior ante la contemplación de la naturaleza, dejando escrito un breve subtítulo para cada uno de los cinco movimientos que la componen. Desde el primer gesto Hengelbrock, que con dulzura pedía a las cuerdas que iniciaran su canto, la Sinfonía Pastoral estuvo magistralmente interpretada por la Orquesta de la Comunitat Valenciana.

Nuevamente hay que destacar el tempo dinámico y vivo con que el director inició muy acertadamente el Allegro inicial, en el que todas las secciones de la orquesta, pero particularmente las cuerdas, dieron lo mejor de sí. Al segundo movimiento Andante molto mosso, el más pastoral de todos, le siguió el Allegro central, de aires danzables y optimistas, que desembocó espléndidamente en la célebre tormenta del cuarto movimiento, un paisaje sonoro en el que los truenos y relámpagos, las ráfagas de viento y las gotas de lluvia se hacen patentes gracias a la maestría descriptiva de Beethoven; y nuevamente sin solución de continuidad se despejan los nubarrones y el sol vuelve a iluminar el campo, entonando el canto de agradecimiento de los campesinos.

Fue una versión magnífica, en la que los músicos de la Orquesta de la Comunitat Valenciana y Hengelbrock despuntaron por su balance sonoro, la exactitud rítmica en cada movimiento y el juego tímbrico con intención programática de las distintas secciones, particularmente en los vientos. Todos estos elementos, junto a la clarividencia interpretativa del director, construyeron la mejor de las versiones que podríamos imaginar para la Sinfonía Pastoral en el Festival de este año, que obtuvo una prolongada ovación del público asistente.

Gonzalo Roldán Herencia

 

69 FESTIVAL DE GRANADA

Programa: Ludwig van Beethoven: Obertura Fidelio op. 72b; Sinfonía núm. 8 en fa mayor op. 93 y Sinfonía núm. 6 en fa mayor “Pastoral” op. 68.

Orquesta de la Comunitat Valenciana

Director: Thomas Hengelbrock

Fecha y lugar: Palacio de Carlos V, 17 de julio de 2019

foto © Fermín Rodríguez

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