Poder admirar a una de las figuras del piano de la segunda mitad del siglo XX y de lo que va del XXI como es Martha Argerich es siempre un privilegio para cualquier melómano experimentado. Así ha sido en su primera actuación en el escenario sinfónico del Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA) con la Orchestra della Svizzera Italiana (OSI), formación residenciada en la ciudad de Lugano y con la que la pianista bonaerense mantiene un relación artística desde hace más de dos décadas, dirigida en esta ocasión por el maestro Charles Dutoit, uno de los directores más laureados internacionalmente de los últimos cincuenta años y que ha ostentado la titularidad de ocho formaciones de primerísimo nivel, destacando en este cometido sus cinco lustros en la Orquesta Sinfónica de Montreal a la que llevó a un grado de excelencia equivalente al que tenían las admiradas “big five” estadounidenses de las ciudades de Boston, Chicago, Cleveland, Filadelfia y Nueva York en el último tercio de la pasada centuria.
Con estas credenciales, orquesta y solista presentaron un programa muy atractivo, entre cuyas obras destacaba el Primer Concierto para piano y orquesta en Do mayor, Op. 15 de Ludwig van Beethoven que interpretaron después de una preciosa versión de la suite Mi madre la Oca de Maurice Ravel que, en sus más mínimos detalles, conoce Charles Dutoit a la perfección en su textura instrumental como fue la distinción que indicó con precisión expresiva del diálogo entre la bella y la bestia en el que Ravel propone que se mantengan simultáneas dos tonalidades de tan áspero resultado sonoro como Fa y Fa sostenido mayor, que la OSI ejecutó con determinante singularidad. Ésta mantuvo a lo largo de la obra esa sensual “sugestividad” musical que desprende cada episodio desde una resonante aterciopelada elegancia que descubría los mejores secretos de Ravel en toda su magnitud evocadora.
Recibida con un intenso aplauso que reflejaba la expectación que había suscitado su presencia en el escenario del ADDA, Martha Argerich se dispuso a entrar en la obra después de la pequeña introducción del primer tiempo, Allegro con brio, del opus 15 que terminara Beethoven de perfilar y presentar en Viena la primavera de 1800. La vitalidad de su temperamento quedó de inmediato plasmada en la impronta marcial de carácter extravertido con momentos festivos aderezados por la rica ornamentación del primer movimiento, un brioso allegro que en la mente y la técnica de Argerich adquiere un sublime grado de excelencia difícil de alcanzar con tanta plenitud musical, como quedó rubricado en su cadencia, un pasaje de extrema dificultad a la que la pianista imprimió una facilidad orgánica que trascendía su inspiración. En el Largo, la solista encontró ese núcleo metafísico que sólo los grandísimos de la recreación musical revelan con una comprensibilidad paradigmática, indiscutida e indiscutible, en definitiva, con insuperable expresividad como en el indescriptible clima logrado por Argerich en el diálogo que mantuvo con el primer clarinete llegando así al momento más esencial de la obra con diáfana claridad, producto del mutuo y sereno asentimiento emocional entre el piano y el instrumento de madera. La ejecución de este concierto fue llevado en su recta final a un inefable estado de gracia que sólo se da en contadas ocasiones, que por su trascendencia deviene marcada de forma indeleble en el recuerdo de quien haya tenido el privilegio de ser testigo de su manifestación. Ante tan alto nivel de autoridad compartido por la solista y el director Charles Dutoit, absolutamente convertido en puro arte musical, el público estalló materialmente en el aplauso más intenso y unánime que yo haya podido vivir en la sala sinfónica del ADDA, ante el que Martha Argerich respondió con un versión alucinante de la Sonata en Do menor K 141 de Domenico Scarlatti con la que puso de manifiesto el avance que significó para el piano de cola la invención del mecanismo de doble escape que patentó Sébastien Érard en 1821 y que perfeccionó Louis Renner posteriormente.
La OSI demostró su gran versatilidad en la Cuarta Sinfonía en La mayor, Op. 90 “Italiana” de Felix Mendelssohn-Bartholdy, que ocupó la segunda parte del concierto. El maestro Dutoit sacó el máximo partido de la agilidad de la cuerda en su Allegro inicial, hecho que se enriqueció con la incorporación de la sección de viento-madera y sucesivos cambios de tonalidad desarrollados por la totalidad de la plantilla con una precisión rítmica que se perfeccionaba con la aceleración final de este movimiento. En el segundo, Andante con moto, el director transmitió esa especie de serena pulsión que requiere su aire de balada con el que la sección de viento-madera volvía a ofrecer su calidad individual y de conjunto en el progresivo diminuendo final de este tiempo, confirmando la magistral indicación recibida desde el pódium. Con serena elegancia fue dirigido el scherzo que ocupa la tercer parte de la obra, en el que destacó el encantador motivo de las trompas generando ese precioso contraste de su trío central, que venía a evocar la atmósfera del nocturno de la música escénica El sueño de una noche de verano, Op. 61 de este gran compositor hanseático. Por último, el Presto que cierra la sinfonía sirvió para corroborar las capacidades de gran maestro de la batuta que detenta Charles Dutoit: claridad cinética en el gesto, que se manifestaba en economía de movimientos y precisión de pulso, instantánea capacidad de análisis conforme se adentraba en el desarrollo de este movimiento con una determinante búsqueda colaborativa de la orquesta, capacidad de comunicación no verbal y sentido de respiración entendiendo el conjunto instrumental como un cuerpo orgánico de esencial vitalidad. Con la puesta en práctica de estas cualidades el resultado de la interpretación del irresistible movimiento final de la sinfonía resultó ser de máxima referencia, generando una sensación de plenitud en el auditorio que fue confirmada con una brillante interpretación de la obertura de la ópera El Barbero de Sevilla de Gioachino Rossini que orquesta y director ofrecieron como bis.
José Antonio Cantón
Orchestra della Svizzera Italiana
Solista: Martha Argerich (piano)
Director: Charles Dutoit
Obras de Ludwig van Beethoven, Maurice Ravel y Felix Mendelssohn.
Sala sinfónica de Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA). 20-III-2026
Foto © Rafa Martín