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Crítica / Apoteosis wagneriana - por José Antonio Cantón

Alicante - 02/10/2026

Condensar en poco más de setenta minutos toda la genialidad musical que encierra la Tetralogía de Richard Wagner supuso un reto para el director norteamericano Lorin Maazel cuando, a finales de la década de los ochenta del pasado siglo, se planteó tal proyecto, que estaba llamado a tener gran éxito en la publicación fonográfica del sello Telarc, radicado en Cleveland, que propuso la idea al eminente maestro. Éste,  consciente de la magnitud estética de tal pretensión, aceptó el encargo con la idea sustancial de que “cada nota debe ser del propio Wagner”, según sus palabras. Ha sido esta intención la que ha primado sobre el montaje, ensayo y actuación del maestro Josep Vicent con su orquesta Adda Simfònica, consiguiendo con esta síntesis wagneriana  una de las aperturas de temporada más espléndidas y de mayor lucimiento que pueden realizarse.

Disponiendo de una plantilla orquestal de gran dimensión, que llegaba a que hubiera sobre el escenario más de una centuria de músicos, los primeros compases de la primera parte dedicada a ópera prólogo, El Oro del Rin, que abre la famosa tetralogía titulada El anillo del nibelungo, iniciados por el viento metal predispusieron a la oyente con un tensión creciente generándose un silencio en el público que daba la sensación de que se estaba ante lo que iba a ser una acontecimiento musical de primerísima dimensión. El director inició la actuación con un controlado crescendo que superó los cinco minutos desarrollando una estratificada gradación dinámica de alto nivel hasta que la música empezó a describir en el segundo episodio a los dioses en el Valhalla, dejando una impresión etérea que los instrumentos de metal definieron con curiosa precisión, sensación que influía en el avezado espectador al llevarle a imaginar la acción escénica de ese particular pasaje ambiental de la ópera donde se describe la morada de los dioses. El secreto de tal percepción estuvo en cómo el director extrajo de estos dos primeros pasajes musicales toda la fuerza narrativa de los compases wagnerianos convirtiendo su música en verdadero relator dramático, como así mismo fue en los dos episodios siguientes determinados por una cuerda y viento madera encontrados en un contrapunto energizado al máximo, que propiciaba la primera esplendorosa manifestación de la orquesta rematada por una muy elocuente intervención de los metales con el implemento del sonido de las tubas wagnerianas, alcanzando éstas su particular plenitud expresiva, que fundamenta su razón de ser cuando las inventó el gran operista sajón como refuerzo sonoro.

Seguidamente la obra entró en uno de las partes más complicadas de realizar musicalmente, La Valquiria. Dejándose llevar por el discurso musical, el maestro Josep Vicent mantuvo en todo momento el contrastado sentido psicológico que depara el desarrollo de esta ópera en la que los sentimientos humanos se hacen presentes ante los dioses y la orquesta ha de ser reflejo de sus manifestaciones. La expresividad volvía a uno de sus momentos más destacados con el pasaje de la cabalgata de las valquirias, mostrándose la orquesta en toda su plenitud expresiva, lo que facilitaba una idea que estuvo presente en el planteamiento del director cual fue no perder en momento alguno el espíritu wagneriano, manteniendo esa difícil relación de la dinámica sonora llevada a sus últimas consecuencias desde el sentido de la tragedia que la sustenta y la motiva. Ese aspecto estuvo siempre muy cuidado por el director.

Éste, siguiendo siempre un pormenorizado criterio de adaptación respeto a la arquitectura que Maazel ha realizado con este rico material wagneriano, mantuvo constantemente una exquisita distinción entre el detalle y la monumentalidad de sonido, permitiendo que afloraran las mejores cualidades de ADDA Simfònica con una sección de metales de gran presencia, una cuerda de especial densidad implementada por la acción de ocho contrabajos, que brillaron en el momento como el que contiene el primer acto de La Valquiria ofreciendo una intensidad dramática sobrecogedora, o la amplia sección de viento madera evocando constantemente una sonoridad bucólica de especial belleza. La música se manifestaba con ese efecto integrador propio de una orquesta de primer nivel que afronta con seguridad técnica y determinante sentido estético la superior arquitectura musical que propone Wagner. Es necesario hacer una valoración de la percusión, sección sin la que no hubiera sido posible mantener la jerarquía dramática de muchos instantes de esta espectacular adaptación de la composición cumbre del creador del concepto “la obra de arte total” con el que el gran compositor revolucionó el mudo del drama y la ópera desde mediado el siglo XIX.

Ya en Sigfrido los solistas de viento-madera y la concertino Ayako Tanaka recrearon la atmósfera del bosque mientras el héroe transitaba por él, dejando una sensación de la mejor musicalidad individual, para adentrarse el director en el resumen de El ocaso de los dioses con un sentido épico que quedaba resaltado en sus dos últimos números, Muerte de Sigfrido y Marcha Fúnebre así como Inmolación con los que director y orquesta ofrecieron su mejor calidad artística cerrando apoteósicamente una actuación de las que se recordarán como aquella que, con este suntuoso programa, ha significado  una muestra cualificada de la creciente trayectoria artística de ADDA Simfònica de Alicante, haciendo posible que se pudiera percibir un muy sensible equilibrio de color orquestal, unos flujos armónicos sustentados en una tímbrica distinguida, y una perfecta comprensión de los secretos de la obra, estimulados sus integrantes por las indicaciones de Josep Vicent, que cuidaba el desarrollo de los leitmotivs, las transformaciones temáticas y la extraordinaria capacidad de Wagner para convertir la música en memoria y acción escénica, justificando la principal intención de Lorin Maazel por propiciar con esta síntesis que el sonido orquestal se convirtiera en la sustancial épica que encierra El anillo del nibelungo.

José Antonio Cantón

 

ADDA Simfònica de Alicante

Dirección: Josep Vicent

Obra: El anillo sin palabras de Richard Wagner/Lorin Maazel

Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), 26-IX-2026

 

 Foto © Christian Warren Ganser

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