Música clásica desde 1929

Iliana Morales
Febrero 2021 - Núm. 947

Iliana Morales

Sentido y sensibilidad

En su acepción femenina, el ideal de hombre orquesta toma sentido en Iliana Morales. Nacida en Cuba, su vida la habría contado García Márquez en un relato con final feliz, que ubicaría en los aledaños de Macondo. Una fábula con dosis de magia en el circo en que arranca la historia. Lo creó su abuelo, integrando en él a sus hijos. El apartado musical, para el padre de nuestra protagonista, un autodidacta que se adiestró en todos los instrumentos conocidos y en algunos nacidos de su fantasía. A Iliana, con siete años, la vemos tocando el acordeón en aquella carpa, entre animales salvajes, clowns y malabaristas. La televisión catapultaría al estrellato a la familia que, sin abandonar el circo, interpretaba músicas de moda en la pequeña pantalla. Su casa se convirtió en un espacio cultural alternativo para los vecinos, que empezaron a acudir al Conservatorio donde Iliana y sus hermanos cambiaban el chachachá por Bach o Chopin. Concluida la formación, comenzó su carrera entre el Nuevo y el Viejo Continente (Cuba, Chiapas, Ciudad de México y Madrid), enriqueciéndose en cada lugar como instrumentista y pedagoga, reconocida en ambos campos con importantes distinciones. Instalada en España desde 2002, mientras comparte conocimientos entre el Real Conservatorio de Madrid y otros centros profesionales de música, cuando su  imaginación es capaz de describir desde el teclado con igual propiedad un estado anímico o una flor, ha decidido apostar por su primer disco en solitario, que ha bautizado con el sugerente título de Elegía para un sueño.

Formada en la mejor escuela, la de su casa junto a su familia, remató sus estudios en la Universidad de las Artes de Cuba con Frank Fernández…

Para entonces había seguido en el Conservatorio Amadeo Roldán los 11 años que, como en Rusia, se precisaban para graduarte de Nivel Medio. Los cinco del Superior los hice con él.

¿Cómo lo recuerda?

Como alguien de gran imaginación creativa. Un modelo de artista que siempre me ha acompañado, marcándome con su pasión y su modo de sentir la música. Estricto para todo, podía disculpar a sus alumnos una nota falsa, pero no la falta de creatividad, el distanciamiento interpretativo. Buscaba la excelencia, recurriendo a metáforas que llevar a la música para que el piano cante, se exprese. Además de gran concertista, Frank Fernández ha sido profesor del mayor número de intérpretes cubanos laureados internacionalmente. Como Jorge Luis Prats que, con 20 años, siendo su alumno, consiguió el Long-Thibaud en Francia.

La Iliana pedagoga, ¿recurre a sus enseñanzas?

Naturalmente que me ha influido a la hora de enseñar. Pero también le debo mucho, en ese aspecto, a otros grandes profesionales y metodólogos, entre ellos Teresita Junco en Cuba, Josep Colom en España, Stessin de la Escuela Juilliard y a mis propios familiares. Mi experiencia pedagógica empezó en casa, donde cada hermano enseñaba a los otros. Aprendíamos jugando: por intuición, por imitación y por ósmosis. Eso posibilitó, cuando me enfoqué hacia la metodología de la enseñanza, que cada vez que opositaba en un país diferente, aprobaba casi sin estudiar, porque tengo los principios muy claros.

¿Cómo afronta con sus alumnos la disciplina pianística?

Hay muchas formas de abordarla. Algunas corrientes prefieren trabajar las dificultades técnicas por separado y otras aluden al perfeccionamiento técnico dentro de las mismas obras. No obstante, es difícil trasmitir el mensaje musical si  no se tienen resueltos una serie de principios técnicos, por lo que ambos aspectos deben ser trabajados en paralelo. La técnica es música y la música es técnica, ese término griego que hace referencia a la destreza y habilidad en un oficio. A los alumnos, de acuerdo con su edad, hay que darles los recursos para que desempeñen su labor como intérpretes. Como una caja de herramientas, que se van haciendo cada vez más sutiles. La diversidad de ataques en el instrumento, el modo de superar las dificultades básicas frente a él (incluyendo cómo sentarse) y la ausencia de tensiones innecesarias, se aprenden desde los comienzos. Los primeros años cimentan las bases del éxito futuro de un instrumentista. A partir de esas consideraciones, trato de aplicar con paciencia y empatía estos principios, siempre personalizando la enseñanza, ya que cada alumno tiene su propio juego de habilidades y talentos. Al ser cada cual un mundo, no existen recetas exactas y hay que versatilizarse al enseñar.

Porque no es fácil redondear en ese otro "encomiable poder comunicativo" que a usted le atribuye su paisana, la mezzosoprano Linda Mirabal…

Me considero una comunicadora. Y no sólo en el piano. No podría vivir sin comunicar. Disfruto transmitiendo emociones, ya sea en la docencia o en los escenarios. Me veo como alguien creativo. Si  existiera el milagro de vivir varias vidas, dedicaría cada una de ellas a un arte diferente, porque siento la existencia como un apasionante trayecto para la superación como ser humano y como profesional. En cuanto a la música, considero que las calidades no las condicionan los géneros. En mi infancia practicábamos la que estaba de moda (chachachá, bolero, son...) y no lo disfruté menos que estructurando las voces de una Fuga de Bach, cuya polifonía te lleva a un mundo apasionante. 

¿Qué armas utiliza para convencer al público?

Un pianista de concierto tiene que recurrir a todo, partiendo de poseer una estructura muy sólida como ejecutante. Dominando todos los estilos a través de una preparación cultural estilística. No es lo mismo interpretar Bach, Stravinsky, Chopin o Ginastera. Cuando toco Mozart, mi técnica y mi ataque son otros, como también lo es mi universo sonoro. 

Con ese bagaje, por fin se ha decidido a la primera grabación en solitario…

La vida te plantea diversas elecciones. Algunas mujeres optan por desarrollar su lado profesional, avanzando lo más posible en sus carreras y, posteriormente, en el personal. En mi caso, he debido asumir mi crecimiento profesional sin desplazar mi responsabilidad materna, que me ha dado enormes satisfacciones como ser humano. Manteniéndome siempre activa profesionalmente, pues para un artista lo más importante es tener algo que decir. Así que, a esta altura de mi vida, en plena madurez, me siento más completa, en mayor complicidad conmigo misma y, como instrumentista, más libre que nunca para realizar proyectos especialmente ambiciosos.

Para sacar a la luz un trabajo tan personal, ha optado por realizarlo en Cuba, recabando el beneplácito de Frank Fernández…

Tuve la fortuna de contar con su criterio como productor musical para esta nueva experiencia discográfica. Después de 25 años, fui a encontrarme con él en sus estudios de grabación en La Habana, y su genio creativo fortaleció y dio alas a mi concepto interpretativo de las obras. La riqueza poética de su enfoque artístico fue decisiva fuente de inspiración en esta apasionante experiencia. La masterización se realizó en los estudios Cezanne de Madrid con Javier Monteverde, a quién agradezco su experiencia y cuidado en el tratamiento del sonido. 

La selección de obras, aparentemente ecléctica, lo estructura como un viaje a la inversa, desde la muerte a la infancia: del arrebato lúgubre de Chopin a los juegos de niños schumannianos…

Respecto al contraste estilístico del CD, me vienen a la cabeza las palabras del genial Alfred Brendel cuando cita como uno de los desafíos más fascinantes para un pianista, está el "que haya aprendido a transformarse al instante de un estilo a otro". Dicho esto, y habida cuenta de que veo la existencia como un apasionante trayecto de superación en lo personal y en lo profesional, en la selección de las obras he volcado parte del dolor y la dicha de mi propia vida, convencida de que la expresión tiene que ver con la impresión. La que deja en ti la muerte de seres amados o la de vivir la crianza de un hijo te permiten expresarte con más matices, porque la música es una forma de autodescubrimiento. Mis deseos se resumen en tocar nuestra bella literatura pianística para dejar un mensaje a quienes la escuchen, que  les haga sentir y comprender con más fuerza, y amar la vida más profundamente.

Su valentía queda clara, al incidir en partituras a las que han puesto su impronta los más grandes pianistas…

Las diversas interpretaciones, la variedad de versiones, hacen aún más interesante la escucha de una obra, pues cada intérprete puede conectar con la sensibilidad de un público determinado. El sello personal refleja en parte el alma del artista. En lo personal, he procurado que mi visión sea lo más sincera posible, compartiendo con humildad mi aproximación a la esencia de las obras con mi propia creatividad. Afirma Sokolov, gigante del piano actual: "Hay que atreverse a ser uno mismo y confiar en el instinto personal para expresarse...". Porque son composiciones intemporales que aportan una riqueza espiritual inigualable a la humanidad, seguirán interesando a los pianistas de todas las generaciones presentes y futuras.

Como la Sonata de Chopin con que arranca el disco…

Un "Poema de Muerte", en palabras de Alfred Cortot, que creó cierta polémica entre sus contemporáneos en torno a su estructura, y también a sus contenidos. Schumann se refiere a esta Sonata como "cuatro movimientos sin vida en común". En mi opinión, su unidad temática no es otra que su fuerza trágica y el lirismo que imanta los cuatro movimientos. Las formas elegidas por Chopin responden perfectamente a su contenido. En su discurso musical no hay pasajes superfluos. Para mi interpretación me sentí inspirada especialmente por la osada energía de Ivo Pogorelich y la mítica versión de Cortot.

Preludiando a la llegada de los niños de Schumann, hace un guiño con los que tendría presentes Alberto Ginastera para su Rondó sobre temas infantiles argentinos, un respiro tras la profundidad chopiniana…

Temáticamente, las obras del CD están ligadas a dos continentes: América y Europa. El cancionero infantil es una pequeña joya del pianismo hispanoamericano, que merece mayor difusión. Parte de melodías italianas, españolas y francesas anónimas (Sobre el puente de Avignon, Una linda mañana, En coche va una niña...), títulos de los que se han publicado arreglos con intención didáctica, y han llegado hasta nuestros días por tradición oral a través de niños en Argentina y otros países de Latinoamérica, incluyendo mi tierra, Cuba. He querido contraponer dos caras diferentes de la infancia: la idealizada y soñada de Schumann, que cierra el álbum, con una más urbana y vivencial. Compararlas es para mí como enfrentar la poesía a la prosa poética.

La presencia, seguidamente, de Gershwin, ¿es un tributo a sus maestros del New England Conservatory y la Juilliard, o a sus devaneos jazzistas, como el concierto de Claude Bolling, cuyo estreno cubano protagonizó?

He elegido Gershwin para expresar la plenitud existencial. Desde ese punto de vista, es uno de los compositores más trascendentales, al haber llevado el jazz a los escenarios sinfónicos, creando un estilo único e irrepetible. Se me ha pasado por la cabeza grabar toda su obra para piano solo. Aunque también me encantaría la Rhapsody in blue, que me propuso en cierta ocasión un amigo oyéndome tocar a Lecuona, por sus influencias del jazz. Aunque desciendo de madre gallega, como cubana de origen tengo raíces africanas: la risa fácil, el ritmo rotundo, el rito, la ceremonia, la expresión corporal de las emociones son parte de la cultura de mi país. Sin ser jazzista, no me son ajenas las polirritmias del jazz que cada vez se funde más con la música latina. Al haber conocido los ritmos populares desde la cuna, estoy hecha de una pasta de sincretismo. A fin de cuentas, eres un espejo de lo que has vivido. Después de 18 años en España, no soy la misma que salió de México. Reflejo mi mundo; mi universo.

Y llegamos al fin, con esos inspirados juegos infantiles de Schumann…

Hay dos pilares en la música de este álbum que son obras de compositores del romanticismo más ferviente y están inmersos en los conceptos más sagrados de la existencia humana: el nacimiento de la vida y su extinción. La Segunda Sonata de Chopin, "Fúnebre", y las Escenas Infantiles Op. 15 de Schumann devienen arquetipos metafóricos de la vida y la muerte en su esencia. Son temáticas opuestas, pero complementarias, porque la muerte da sentido a la vida, y la conciencia misma de la muerte ayuda a tener una conciencia más intensa de la vida. La vida es el milagro, la muerte es eterna. Con Schumann es necesario desentrañar la esencia poética y musical de sus obras para encontrar la mejor forma de hacerlas realizables en el teclado. Tenemos que convertirnos en niños muy niños y después crecer y regresar al intelecto del adulto para ser capaces de interpretar la grandeza de lo pequeño. Confieso que, de todas las obras de esta grabación, esta especie de Haiku, en el que cinco notas sintetizan un pensamiento filosófico y poético, ha sido la más laboriosa. Sentirme satisfecha con  su interpretación, me llevará toda la vida.

Más allá del disco, es preciso destacar su actividad sinfónica, sin olvidar la camerística. ¿En ambas se siente cómoda?

Vencer el instrumento para someterlo a nuestra propia voluntad creadora es el ideal de todo músico. He incursionado en la música de cámara tanto como en el acompañamiento a la voz humana, que es una de mis opciones favoritas, porque me encanta poder seguir al cantante. Intuir al músico como diciendo: si quieres quedarte dos horas en una nota, estoy yo contigo. Y cuando quieras caer, ahí me tienes. Hay mucha empatía y mucha magia adivinando al otro, percibiéndolo, yendo un paso por delante. En el acompañamiento de la danza viví una experiencia única, que desearía repetir. Trabajar con Loipa Aráujo, primera bailarina del Ballet cubano en una coreografía sobre la obra de Boccherini, me hizo enamorarme de este arte. No obstante, en los recitales de piano solo, los más expuestos porque todo depende de tu centro como intérprete, me vuelco de un modo mucho más liberado, como desatada, a mi manera. No me cuesta tocar sola, lo disfruto plenamente.  

¿Puede compatibilizar su actividad docente con las invitaciones que le llegan?

Cuando llegué a España en 2002, podía. Y lo hice hasta la llegada de la crisis, cuando empezaron los problemas y, después de suspender varios conciertos importantes por coincidirme con audiciones de alumnos, tuve que reducir mucho esta faceta. En los años que me quedan pretendo grabar, tocar, hacer masters, doctorados... Lo que hasta ahora no me permitió una vida cargada de responsabilidades, que asumí plenamente.

Habiendo sido solista con la Sinfónica de Cuba y la Filarmónica de México, ¿le apetecería tocar con orquestas españolas? ¿Con qué repertorio?

Claro que me apetece. Llegado el caso estilísticamente estoy muy bien estructurada para tocar Mozart, Falla, Ravel y repertorio romántico. Incluso la Rhapsody in blue. O Beethoven, porque puedo canalizar muy bien mi energía interna a través de su música... 

...de nuevo midiéndose con otros… ¿No le gustaría reivindicar a compositores de su tierra, con los que sería indiscutida?

Me gustaría grabar obras de Lecuona, por ejemplo. Pero no quiero que me etiqueten. Si he hecho este disco ha sido para mostrar mi mosaico de posibilidades, porque no soy monolítica. 

Gracias por su tiempo, ha sido un placer.

por Juan Antonio Llorente

https://ilianamorales.com

Foto: Iliana Morales ha grabado un álbum con obras para piano de Chopin, Gershwin, Ginastera y Schumann.
Crédito: © Pedro Walter

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