Leemos en su biografía que “Alejandro Muñoz es reconocido como uno de los directores más versátiles y completos de su generación, siendo Director Titular de la Camerata Gala y del Coro de Ópera de Córdoba, Director Artístico del Gala Fest y Director Musical de la compañía Lírica 1811. Su carrera combina una intensa actividad sinfónica, operística y pedagógica, así como la dirección de estrenos y grabaciones discográficas”. Lo que no dice su biografía, pero sí dicen los músicos con los que colabora, es el excepcional trato humano de Alejandro y la enorme comprensión de la obra que trabaja, como la capacidad de absorber la música y hacerla inteligible para las orquestas que dirige. “Cada vez que me pongo al frente de una nueva orquesta afronto el trabajo con renovada ilusión y con la certeza de que el intercambio artístico y humano con los músicos es una parte esencial de mi manera de entender la música y la profesión”, con estas palabras concluye esta entrevista, y es un alegato personal de un modus operandi que le ha facilitado llegar a dirigir orquestas como la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, la Orquesta Filarmónica de Málaga o la Orquesta de Córdoba. A buen seguro lo veremos en muy poco tiempo en muchos podios de diversas orquestas nacionales; por lo pronto, nos reunimos con el maestro para hablar, además de su enfoque musical y de su larga trayectoria, del vigésimo aniversario de la Camerata Gala, orquesta residente en la Fundación Antonio Gala.
Fundada en 2006, este año se celebra el vigésimo aniversario de la Camerata Gala, orquesta residente en la Fundación Antonio Gala, de la que usted es su director titular. ¿En qué se diferencia la Camerata en 2026 de aquella de 2006? ¿Qué han supuesto para usted y para la orquesta estos 20 años?
La Camerata Gala es un proyecto que nació de la iniciativa de un grupo de músicos interesados en explorar el amplio repertorio para orquesta de cámara. En sus inicios era un proyecto camerístico y experimental, pero, con el paso del tiempo y bajo el amparo de la Fundación Antonio Gala, ha evolucionado hasta convertirse en una formación versátil capaz de abordar con personalidad y un estilo definido, un repertorio que va desde el barroco hasta la creación actual, incluyendo óperas de cámara e incluso proyectos sinfónico-corales. Hemos colaborado con intérpretes como Ana María Valderrama, Rafael Aguirre o Guillermo Pastrana, entre muchos otros, y realizado más de treinta estrenos y numerosas grabaciones discográficas. Además, la Camerata ha actuado en ciudades como Valencia, Lisboa, Sevilla, Córdoba o Madrid, donde ofrecimos un concierto con motivo del 60 aniversario de la Fundación Juan March. Todo ello ha convertido a la Camerata Gala en un espacio de creación y crecimiento musical muy estimulante, donde puedo compartir experiencias con los músicos que la forman y los artistas invitados.
¿Y qué hay de usted? ¿Cuáles son sus experiencias personales y artísticas? ¿Nos habla un poco de su trayectoria y de sus próximos compromisos?
Comencé mis estudios en el Conservatorio de Sevilla, mi ciudad natal, y posteriormente me trasladé a París, donde residí durante cinco años. Allí estudie viola en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París y violín en el Conservatorio Nacional de Región de Boulogne-Billancourt. Durante mis años de estudiante formé parte de numerosas orquestas jóvenes como la OJA, la JONDE, la EUYO o la West-Eastern Divan, trabajando bajo la dirección de maestros como Pierre Boulez, Vladimir Ashkenazy, Kurt Masur o Daniel Barenboim. Estas experiencias fueron decisivas para despertar en mí el interés por la dirección de orquesta. Poco después comencé mi formación como director con Michael Thomas, que culminé con un Máster en Dirección de Orquesta en la Escuela Superior Katarina Gurska de Madrid. En cuanto a mis compromisos más cercanos, en los próximos meses volveré a trabajar con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y con la Orquesta de Córdoba, y debutaré con la Orquesta Filarmónica de la Universidad de Alicante. En mayo celebraremos el 20 aniversario de la Camerata Gala junto al violinista Miguel Colom en el Festival de Primavera de Córdoba, y en el mes de junio tendré el placer de trabajar con el solista de marimba Conrado Moya y de dirigir Un Requiem alemán de Brahms junto al Coro de Ópera de Córdoba.
¿Qué es lo que más le atrae de su trabajo con el Coro de Ópera de Córdoba?
Trabajar con un coro plantea retos muy distintos a los de una orquesta. La disciplina vocal requiere un método riguroso y una planificación muy precisa. Trabajar con el Coro de Ópera de Córdoba supone para mí un estímulo constante a la vez que un aprendizaje continuo. Disfruto especialmente de los proyectos sinfónico-corales, pero es la ópera la que actualmente ocupa un lugar central en mi actividad. Vivir una producción operística desde dentro es una experiencia intensa y de gran exigencia. Este año el Coro de Ópera de Córdoba celebra su 40 aniversario y hemos preparado una programación muy especial que incluye varios títulos operísticos, nuestra participación en la primera grabación mundial de la ópera Margot de Turina y diversos programas sinfónico-corales. Estamos muy ilusionados con poder compartir esta celebración con el público.
¿Hay un hueco entonces en la agenda de Alejandro Muñoz para la ópera también como director de orquesta?
Sin duda, durante tres años he sido director musical de la compañía Lírica 1811, con quien hemos puesto en escena varios títulos de ópera de cámara. También he trabajado en diversas ocasiones como director asistente y en los próximos meses debutaré como director musical de una nueva producción operística en Córdoba. La ópera y la zarzuela son dos pilares fundamentales en mi trabajo y en mi estudio. Son géneros plenamente vigentes y con un enorme potencial, tanto en producciones escenificadas, como en versiones de concierto o galas líricas.
¿Cuáles son sus principales objetivos artísticos en esta y las próximas temporadas?
Mi actividad es muy intensa y en ocasiones los proyectos se suceden sin apenas margen de tiempo entre ellos. Paso mucho tiempo estudiando y ensayando con distintas formaciones, lo que hace difícil establecer objetivos a muy largo plazo. En cualquier caso, mis principales metas son seguir consolidando a la Camerata Gala como un referente artístico a nivel nacional, continuar grabando nuevos proyectos discográficos, que es un ámbito que me resulta especialmente interesante, así como seguir ampliando mi repertorio colaborando con nuevos solistas y orquestas.
Tiene una buena relación con el sello Ibs Classical... ¿Nos habla de sus trabajos discográficos?
Conocí a Paco Moya cuando grabamos nuestro primer disco con Ibs Classical, “Espiral”, un proyecto que reúne seis obras de compositores actuales y que refleja distintas líneas de creación contemporánea. Anteriormente ya habíamos editado siete discos con la Camerata Gala, con repertorio barroco y música actual, incluyendo uno muy especial junto a Antonio Gala, recitando sus propios poemas con música de Rubén Jordán. El trabajo con Ibs Classical supuso encontrar una discográfica con una visión muy cercana a la nuestra: un profundo conocimiento del repertorio, una búsqueda constante de un sonido cuidado y una atención minuciosa, tanto al aspecto técnico como al estético. Desde entonces hemos grabado juntos: “Espiral”, “Mahler 4”, en versión para orquesta de cámara de C. Domínguez Nieto junto a la soprano Raquel Lojendio; “Zarzuela Viva” con la Orquesta de Córdoba, el Coro de Ópera de Córdoba y las voces de Lucia Tavira y Javier Povedano; y “Bartók · Hindemith · Castillo”. Estoy realmente contento con el resultado sonoro y la proyección internacional de estas grabaciones y ya estamos trabajando en nuevos proyectos que verán la luz en las próximas temporadas.
Ha publicado para la Editorial Libargo la edición crítica de la obra Cuatro cuadros de Murillo de Manuel Castillo, la obra grabada en Ibs... ¿Cómo es esta música? ¿Hay poca dedicación a la obra de Manuel Castillo?
Manuel Castillo fue una figura clave de la música española de finales del s. XX e inicios del XXI. Profundizar en su lenguaje ha sido una experiencia muy enriquecedora. La edición crítica de Cuatro cuadros de Murillo, realizada junto a Manuel Becerra Almedina para la Editorial Libargo, ha supuesto un trabajo exhaustivo. Resulta llamativo que compositores de la relevancia de Manuel Castillo tengan todavía tantas obras pendientes de edición y grabación. Creo que es importante que los directores impulsemos estas iniciativas para acercar al público obras más inaccesibles. La implicación de la Editorial Libargo y el apoyo de la familia Castillo han sido decisivos en este proyecto. La edición cuenta con un extenso aparato crítico, que comprende una introducción al autor, contextualización y análisis de la obra, criterios de edición y una amplia bibliografía, así como la partitura general y las partes separadas preparadas para su interpretación.
¿Cómo se definiría como director? ¿Dónde está su repertorio principal?
Es muy difícil definirse a uno mismo, pero creo que soy un director que intenta escuchar a las orquestas con las que trabaja. Tengo una experiencia de cerca de veinte años trabajando como músico de atril, lo que me ha dado una perspectiva muy interesante sobre cómo comunicar ideas y construir un trabajo conjunto respetando la personalidad sonora de cada formación. Además, llevo casi el mismo tiempo dirigiendo y programando conciertos, lo que me ha permitido acercarme al público y comprender sus inquietudes y preferencias musicales. Creo que el director, ese nexo entre la orquesta y el público, es uno de los principales responsables del éxito de un concierto, con lo que la preparación, la exigencia y la entrega en su labor deben ser máximas en cada proyecto. No tengo un repertorio único. Me interesa la ópera, la zarzuela y la música actual, y he dirigido las principales obras del repertorio sinfónico y sinfónico-coral del clasicismo, romanticismo y del s. XX, así como numerosos conciertos con solistas, manteniendo siempre la misma curiosidad y compromiso al enfrentar una partitura nueva que al reencontrarme con una obra del gran repertorio.
¿Cuál es el proceso o el método de trabajo que sigue cuando prepara una nueva obra?
Depende del repertorio, pero generalmente comienzo contextualizando la obra y profundizando en el lenguaje del compositor. Analizo la instrumentación, estructura, tempi, principales procesos armónicos y demás cuestiones musicales. A continuación, defino mis ideas de fraseo, articulación, sonido y equilibrio entre voces, y por último paso al trabajo más técnico, donde decido cómo plasmar en gestos claros para la orquesta toda esa información. Este proceso varía en función de la partitura y a veces varios de esos pasos se mezclan o solapan entre sí, adaptándose a cada obra y al tiempo disponible para su preparación. Una vez realizado el trabajo individual, preparo el plan de ensayos y organizo mi tiempo de trabajo con la orquesta para que las sesiones de trabajo sean lo más productivas posible. Evidentemente esto es una situación ideal, en ocasiones pueden llamarte para realizar una sustitución de última hora y debes asegurar ensayos y funciones con tan solo unas horas de preparación, o incluso sin ninguna. A mí me ha ocurrido con diversos repertorios y, aunque es una experiencia estresante, te aporta un enorme aprendizaje, refuerza tu capacidad de adaptación y te obliga a tomar decisiones rápidas y eficaces.
¿Cuál es la lección más importante que ha aprendido en el transcurso de su carrera profesional?
Que nunca se deja de aprender. La música es una fuente inagotable de aprendizaje y creo que esa es una de las cosas que me apasiona de ella. Recuerdo una anécdota de mis años como violinista en la Orquesta Joven Europea (EUYO): Un día, al finalizar un ensayo, estábamos paseando con unos compañeros por el teatro y escuchamos un piano. La puerta estaba entreabierta y dentro vimos a Vladimir Ashkenazy tocando muy lento un pasaje, creo recordar que de un Concierto de Mozart. Uno de los compañeros que venía conmigo dijo: “fijaos, hasta los genios estudian despacio”. Con esto me di cuenta de que por mucha experiencia que tengas, por muchos conocimientos que atesores, siempre tienes que seguir trabajando y estudiando con la misma entrega, intensidad y pasión que el primer día. La música exige una dedicación y sacrificio constantes y otorga también momentos de enorme felicidad.
Como director de la “nueva generación”, ¿cree que hoy en día la gente joven conecta con la música (clásica)?
Creo que los directores, pero también los gestores, programadores y los músicos en general nos enfrentamos a una gran problemática hoy en día. Vivimos en una época de estímulos constantes y ritmos acelerados, lo que dificulta que el público joven quiera reservar una hora de su tiempo para disfrutar en silencio y sin moverse de su silla de una Sinfonía de Mahler. Pero no digo con esto que sea una causa perdida. Sigue habiendo público para la música “clásica” y creo que la clave está en la educación musical y en facilitar el acceso a conciertos de calidad. Una vez se ofrece esa experiencia, muchos jóvenes pueden conectar con ella y convertirla en un hábito como quien lee un libro, va a un museo o mira una serie.
¿En qué repertorio no vamos a encontrarlo?
Siempre estoy abierto a descubrir música nueva y, aunque tenga mis preferencias, no acostumbro a descartar un proyecto por el repertorio. Incluso las obras que generan más dudas pueden ofrecer un aprendizaje valioso.
¿Cómo es la relación de la Camerata Gala con el público y con “su” público?
A lo largo de estos años, la Camerata Gala ha consolidado un público muy fiel en Córdoba. Las personas que vienen por primera vez a escuchar a la Camerata suelen sorprenderse por la variedad de timbres y la amplitud de repertorio que hay para la formación, incluso sin contar buenos arreglos de obras de compositores como Bach, Beethoven, Mahler o Sibelius, entre muchos otros. El público ha respondido increíblemente bien a nuestro proyecto desde el primer día; es para nosotros una responsabilidad seguir ofreciéndoles una programación variada y de calidad.
Siendo un director español, la situación con los directores españoles parece que ha cambiado con el paso de los años, teniendo mayor presencia nacional e internacional. ¿La educación musical en España está en su mejor momento o ha tocado techo? ¿Qué podría hacerse para mejorarla?
La educación musical debería ocupar un lugar central en el sistema educativo. En clase de música se pueden tratar cuestiones relacionadas con la historia, el arte, la acústica, las matemáticas, la mitología, la física, la filosofía y, por supuesto, la música. Seguramente falta mucho para que tengamos un sistema de educación musical óptimo, pero lo que sí ha mejorado mucho es el tejido musical con la proliferación de orquestas, coros, escuelas de música, festivales y demás iniciativas públicas, privadas o particulares de los últimos años. Esto está seguramente relacionado con el cambio en la situación de los directores españoles, cuyas posibilidades formativas, que antes obligaban casi en el cien por cien de los casos a realizar estudios en el extranjero, se han multiplicado, permitiendo a los jóvenes directores adquirir experiencia y poner en práctica sus conocimientos.
¿Se conceden suficientes oportunidades a los directores españoles?
La situación está cambiando poco a poco. Cada vez más directores españoles acceden al puesto de titular de las orquestas profesionales nacionales y en algunos casos extranjeras. Debería de haber sin duda un circuito más abierto y accesible para los jóvenes directores, pero tengo la sensación de que en los próximos años la mayor parte de las programaciones de las orquestas profesionales nacionales estará dirigida por directores españoles; creo que esto es una muy buena noticia.
Lleva la dirección artística del Gala Fest, festival de música de cámara de Córdoba en el claustro de la Fundación Antonio Gala. ¿Nos relata un poco en qué consiste?
El Gala Fest es un festival en torno a la música de cámara que tiene lugar anualmente en el claustro de la Fundación Antonio Gala. El ciclo consta de cinco conciertos, de los cuales, cuatro son interpretados por grupos invitados, y el quinto, el de clausura, por la Camerata Gala junto a algún solista. Este año celebramos la sexta edición y estamos preparando una programación muy especial con varias novedades. La acogida del público siempre ha sido muy positiva y cada nueva edición el festival crece en asistencia y en presencia a nivel local y nacional. Los músicos, que vienen de distintos puntos de España, hacen del Gala Fest un punto de encuentro entre artistas de diferentes disciplinas. La programación es muy variada y encontramos en casi cada edición un grupo de cuerda, un concierto vocal, un grupo con instrumentistas de viento y percusión, intérpretes de guitarra y piano y varios estrenos de compositores actuales.
¿Para cuándo Alejandro Muñoz en el podio de una de nuestras grandes orquestas?
A lo largo de mi carrera he tenido la oportunidad de dirigir prestigiosas formaciones como la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, la Orquesta Filarmónica de Málaga o la orquesta de mi ciudad adoptiva, la Orquesta de Córdoba, a la que he dirigido en más de una decena de ocasiones. Además, actualmente me encuentro desarrollando colaboraciones en el ámbito internacional, con la convicción de que esta proyección reforzará también mi presencia en la programación de las orquestas españolas. Cada vez que me pongo al frente de una nueva orquesta afronto el trabajo con renovada ilusión y con la certeza de que el intercambio artístico y humano con los músicos es una parte esencial de mi manera de entender la música y la profesión.
Muchas gracias por su tiempo, ha sido un placer.
por Gonzalo Pérez Chamorro
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Foto portada © Ino Navarro