Música clásica desde 1929

Editorial

Teatro Real, fidelizar sin fisuras
Junio 2026 - Núm. 1006

Teatro Real, fidelizar sin fisuras

En el ecosistema operístico europeo, el Teatro Real ocupa hoy una posición indiscutible. No solo como principal institución musical española, sino como agente activo en la red internacional de coproducciones que define el presente del género. La temporada 2026/27, presentada como la trigésima desde su reapertura (vean el desarrollo que le dimos en el pasado número de RITMO, incluyendo un artículo de Joan Matabosch, director artístico del Real), confirma esa madurez estructural y artística, al tiempo que plantea interrogantes sobre la dirección futura de su proyecto cultural.

La programación se articula en torno a una doble lógica: consolidación del repertorio y apertura, aún medida, hacia nuevas propuestas. El núcleo permanece firme, con títulos que garantizan tanto la excelencia musical como la respuesta del público (Mozart, Verdi, Wagner, imprescindibles para cualquier teatro que escenifique ópera al primer nivel, si quiere llamarse así: “teatro de ópera”) en producciones que previsiblemente mantendrán el alto nivel interpretativo al que el teatro nos tiene acostumbrados, gusten más a unos que a otros. En este sentido, el Real sigue jugando una partida segura: fidelizar sin fisuras.

Ahora bien, el interés de la temporada reside en sus márgenes. El regreso de Manon Lescaut, ausente durante más de un siglo del coliseo madrileño, no es un gesto menor: implica una recuperación patrimonial que dialoga con la tradición sin caer en la reiteración más obvia. A ello se suma una línea de programación que, aunque prudente, busca ampliar el foco hacia repertorios menos transitados y hacia una cierta diversidad estética.

Especial atención merece el estreno absoluto de Bodas de sangre, de Manuel Busto, enmarcado en el centenario de la Generación del 27 (García Lorca). Este encargo sitúa al Real en el terreno (todavía no lo suficientemente frecuentado) de la creación contemporánea vinculada al patrimonio literario español. Es una de las apuestas más significativas de la temporada, no tanto por su dimensión puntual como por lo que podría representar si tuviera continuidad: una política sostenida de nuevos títulos que enriquezcan el repertorio propio.

La presencia de ejes temáticos (como el protagonismo de Leoš Janáček o la evocación de la Generación del 27) aporta cohesión a una programación extensa y heterogénea. Este tipo de articulación conceptual, cada vez más frecuente en los grandes teatros europeos, responde a una demanda contemporánea: ofrecer no solo títulos, sino un relato cultural reconocible.

Sin embargo, conviene no obviar ciertas limitaciones. El peso del gran repertorio sigue siendo dominante, hasta el punto de condicionar el margen de maniobra para propuestas verdaderamente disruptivas. La inclusión de algunos títulos menos habituales o de un estreno absoluto no altera sustancialmente un equilibrio que continúa inclinándose hacia lo conocido, como en cierto modo debe ser. En otras palabras: el riesgo existe, pero está cuidadosamente acotado.

Algo similar ocurre con la proliferación de versiones en concierto. Si bien permiten ampliar el repertorio y atraer a un público específico, también evidencian una tensión entre ambición programática y capacidad de producción escénica. En una institución de la dimensión del Real, cabe preguntarse si esta fórmula debe ser complementaria o si está adquiriendo un protagonismo mayor del deseable (es elogiable, sin duda, el rescate en los últimos años de muchos títulos barrocos que difícilmente “aguantarían” varias funciones completamente escenificadas).

Desde una perspectiva institucional, la temporada reafirma la solidez del modelo del Teatro Real: coproducciones internacionales, elevada actividad anual y una clara vocación de proyección global. Pero esa misma fortaleza plantea un “desafío”: evitar que la eficiencia del sistema derive en una cierta inercia artística.

Para una cabecera como RITMO, defensora históricamente de la creación española y actual, el Teatro Real demuestra una vez más su capacidad para ofrecer una programación de alto nivel, coherente y atractiva, con la inclusión de títulos contemporáneos, enriqueciendo además el nuevo repertorio. La temporada 2026/27 confirma, en suma, a un Teatro Real sólido y plenamente integrado en el circuito internacional. Queda por ver si, en futuros ejercicios, esa solidez se convierte también en más audacia.

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