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Editorial

Y II – Internet y la información musical
Enero 2014 - Núm. 870

Y II – Internet y la información musical

En la página editorial del mes pasado nos referíamos a los efectos que Internet ha producido en el mundo de los discos de música clásica. Veíamos cómo la Red ha revolucionado el consumo de productos audiovisuales por parte de los aficionados. Y también cómo ello había generado una importante incertidumbre comercial en las empresas del sector, e incluso en los propios artistas. Como la Prensa y la información musical no parecen precisamente ajenos a esos efectos, nos ha parecido conveniente dedicar una segunda reflexión al asunto.

La información musical (noticias, artículos de fondo, crítica de espectáculos, entrevistas, reportajes…) ha estado reservada, hasta la entrada en escena de Internet, a las revistas especializadas, a los periódicos y a las emisoras de radio y TV. Dentro de esos medios se han ido creando (y formando) firmas de prestigio, cuyos responsables han ido ofreciendo una información organizada, instructiva, orientativa, e incluso a veces doctrinaria. Y el periodista, el divulgador, el crítico, etc., han estado estrechamente unidos a la cabecera editorial que les ha estado amparando en cada caso. Este ha sido el escenario tradicional de la información musical hasta la llegada de Internet.

La aparición de Internet y su utilización masiva y gratuita por parte del ciudadano, con sencillas y potentes herramientas de comunicación y participación (redes sociales, blogs, foros, páginas y portales privados, etc.), ha permitido la creación de una red informativa independiente de los medios periodísticos consolidados, en la que parece que ya no es necesario el respaldo de una cabecera editorial. En la actualidad podríamos contar por cientos en nuestro país los focos informativos gratuitos que circulan por Internet para la música clásica. La mayoría de las grandes plumas del sector tienen sus blogs privados, participan en foros de opinión, mantienen el pulso diario de la información desde sus cuentas de Twitter y Facebook, entre otras redes sociales, o crean sus propias páginas y portales web con cierta estructura editorial. Por no hablar de los números de aficionados que, ansiosos por comunicar y participar de la información, también han entrado en el selecto club del periodismo musical en la Red. Por otro lado, muchas empresas comerciales del sector, también están creando sus portales, aunque en este caso fuera más propio hablar de “boletines informativos o promocionales” ya que, como es lógico, no suelen hacer críticas negativas a sus propios productos. Todo ello aporta al aficionado un abrumador volumen de información musical gratuita que, en muchos momentos, puede llegar a desbordar su capacidad de documentación y análisis.

En este escenario, la situación de los medios de comunicación tradicionales especializados en música clásica, especialmente las revistas y los periódicos (la radio y la televisión “juegan en otra liga”), queda muy comprometida y está siendo muy cuestionado por los lectores. Los medios tradicionales se mantienen gracias a la fidelidad de un amplio sector de aficionados que buscan la presentación y estructura informativa del medio impreso. También la publicidad del sector musical es más fiel, por ahora, al papel que a la red. Pero esta situación está cambiando a marchas forzadas. Las nuevas generaciones (los aficionados de menos de 40 años) prefieren Internet y las agencias de publicidad y el pequeño anunciante miran cada día con más confianza a la Red. Todo parece indicar que, a no muy largo plazo, Internet vencerá en este pulso.

¿Cuál ha de ser el papel de una revista de música clásica en este presente digital?  Al igual que sucede con la industria audiovisual, nadie tiene todavía un modelo claro para su negocio. Pero en todo caso, hay que buscar siempre el servicio al aficionado. El volumen de información que Internet ofrece es tan brutal y disperso que “alguien” debe asumir la labor de clasificar, resumir, valorar, documentar y mostrar, de manera lógica y sencilla, toda esa información. Pero ¿dónde debe plasmarse el resultado de ese trabajo, en el papel o en el medio digital? Por el momento hay que seguir sirviendo a los dos señores. No se puede prescindir del papel y hay que estar en la Red, teniendo en cuenta, además, que la información en papel se cobra y que en Internet, hoy por hoy. es mayoritariamente gratis. O en otras palabras: el usuario de la Red está acostumbrado al “todo gratis”, con el grave problema que ello supone para cualquier planificación de una empresa editorial.

La conclusión no es precisamente alentadora. En este futuro digital de la prensa especializada en música clásica, donde los focos informativos gratuitos fluyen por doquier; donde la competencia del no profesional (entendiendo por “no profesional” el que no vive de ello) es abrumadora y donde todo ha de ser gratis, ¿tiene algún sentido una revista especializada?

Internet abre a los profesionales del periodismo musical nuevos caminos de comunicación y a las empresas editoriales nuevas fórmulas de ingresos. A las tradicionales labores editoriales hay que sumar las enormes posibilidades de enriquecimiento de la información en sus ediciones digitales, con audio, vídeo y enlaces documentales. Un gran número de valores añadidos comerciales también esperan tras la puerta digital. La interrelación comercial con las actividades de los artistas, las orquestas, las discográficas, los teatros o las organizaciones musicales puede ser máxima en el entorno digital. Y todo ello ofreciendo al aficionado, al lector, un mundo de servicios nunca antes visto. Quizá en un futuro no muy lejano todo esto sea posible y, además, con una fórmula comercial que permita una correcta planificación empresarial de las editoriales.

Una revista especializada en música clásica, como RITMO, tiene un futuro muy esperanzador en el nuevo mundo digital. Esperamos poder ofrecérselo.

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