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Juan Cruz-Guevara

25 años de carrera que culminan con el Reina Sofía de Composición

Mayo 2020

Si tomamos como características para definir a un compositor: vocación, inspiración, trabajo, técnica, talento, pasión y afán de superación, podemos concluir que el almeriense Juan Cruz-Guevara (Macael, 1972), las cumple todas con creces. En abril de este 2020 se han cumplido veinticinco años de carrera, desde su primer estreno, Sonata para piano, allá por 1995. Con más de cien obras en su catálogo, la mayoría de ellas estrenadas por intérpretes, agrupaciones y orquestas de reconocido prestigio, numerosos encargos, ocho grabaciones discográficas, ediciones impresas y quince premios, tanto nacionales como internacionales, que tuvieron colofón, al alzarse el autor andaluz  con el galardón más prestigioso que se le puede otorgar a un compositor español: el XXXVI Premio Reina Sofía de Composición Musical, correspondiente al año 2018, impulsado por la Fundación de Música Ferrer-Salat, con su obra Pictogramaconcierto para violín y orquesta, la cual fue estrenado el pasado 17 de octubre en el Teatro Monumental de Madrid, a cargo de la Orquesta Sinfónica de RTVE, bajo la batuta  de su director titular Pablo González, teniendo como solista a Miguel Borrego.

El acto contó, como viene siendo habitual, desde hace más de treinta y cinco años, con la presencia de la Reina Doña Sofía y el Presidente de la Fundación, Sergi Ferrer-Salat, quienes le hicieron entrega del premio en una sencilla pero muy emotiva ceremonia. Con él conversamos online desde su residencia en Granada, donde actualmente desempeña su principal labor pedagógica, ejerciendo como catedrático de composición en el Real Conservatorio Superior de Música “Victoria Eugenia” de la ciudad nazarí, al tiempo que ejerce de profesor en el Master Universitario en Composición Musical con Nuevas Tecnologías de la UNIR.

El Premio de Composición Reina Sofía es el premio más importante y prestigioso de todos los que se dan en España e incluso en Europa, lo han ganado compositores de la talla de Montsalvatge, Guinjoan, etc. ¿Que ha supuesto para usted su logro?

En primer lugar, y como no podía ser de otra forma, una gran satisfacción, después de tanto esfuerzo, al conseguir un premio de tanta repercusión. Una sensación de que el objetivo y compromiso artístico que me planteé cuando decidí comenzar la partitura se ha cumplido, ya que el reconocimiento de este galardón compensa con creces todo el sacrificio que he puesto en esta obra a la que tengo un especial cariño.

Podría exponer cuál fue la génesis, los procedimientos compositivos y en definitiva valorar Pictograma, concierto para violín y orquesta

Pictograma, concierto para violín y orquesta, está compuesta en tres secciones, teniendo cabida de manera metafórica sonoridades altamente expresivas, en las que se intentan describir por medio de los colores instrumentales e infinidad de recursos tímbricos, las diferentes percepciones de los movimientos vitales en los que diariamente nos desenvolvemos en la sociedad actual. La primera sección pretende ser una representación sonora del caos en el que a veces nos encontramos, sin embargo, el violín solista, a través de infinidad de recursos tímbricos y efectos sonoros se abre paso, lucha e intenta guiar a la orquesta progresivamente hacía la quietud, que desemboca sin solución de continuidad en la segunda sección, mucho más reflexiva. Esta se caracteriza paradójicamente por una tranquilidad no sosegada, donde realmente el trabajo con la orquesta se acentúa siendo extremadamente meticuloso. Ya en la tercera sección el solista lo da todo hasta la extenuación, siempre hacia delante a modo de hipérbole interpretativa. En general, esta sección conclusiva se caracteriza por una naturaleza discontinua, irregular, que se podría calificar de anárquica y donde se descubre el modo de vida y la sinrazón de nuestra sociedad en la actualidad. El final queda abierto, el futuro está en nuestras manos.

¿Cuándo decidió presentarlo al concurso? ¿Cómo tuvo noticia del fallo del jurado?

Pictograma es una obra muy pensada, por lo que la he ido componiendo y disfrutando poco a poco, aprovechando los espacios de tiempo que me quedaban entre otros compromisos que sí tenían fecha de entrega cerrada. La obra fue haciéndose casi sola, pienso que ella misma me marcaba el ritmo. Antes de que me diera cuenta estaba acabada. Inmediatamente me propuse participar en el concurso de la Fundación Ferrer-Salat, y me dediqué en cuerpo y alma a pulir cada uno de los sonidos de todos y cada uno de los instrumentos. La noticia la recibí en Bilbao, en un receso de un ensayo del estreno de la versión para Banda Sinfónica de mi obra Senderos de la Memoria, que al día siguiente interpretaba la agrupación de la ciudad. Mi padre me acompañaba en ese momento, fue una gran alegría para los dos.

Que una orquesta de tanto prestigio como la de ORTVE se encargue del estreno de una obra, debe de ser un placer y al mismo tiempo una responsabilidad por parte de ambos. ¿Podría comentarnos la experiencia del trabajo con sus miembros, director y solista?

Otra de las grandes motivaciones del premio era el estreno con la ORTVE, para mí una orquesta mítica, pero que Miguel Borrego, grandísimo concertista de violín y amigo, y el Maestro Pablo González, hoy por hoy uno de los directores españoles con más proyección (“meticuloso donde los haya”, apunta con claridad Cruz-Guevara), hayan conformado los tres vértices del triángulo encargado del estreno de mi obra, ha sido una gran suerte. La implicación de músicos, sin excepción, director y solista fue espléndida, implicación que hizo que el estreno en el Monumental fuese un éxito, plasmado también en un muy buenas críticas y divulgación. Agradezco desde aquí públicamente su trabajo. Lo dicho, un lujo.

Veinticinco años de carrera pueden dar para muchas cosas en la vida de un compositor. Usted supera las cien obras compuestas. ¿Podría valorar su estilo estético-sonoro y de lenguaje-técnico del conjunto de su obra? ¿Qué le anima a seguir después de veinte y cinco años a seguir en la palestra?

Para un compositor es difícil definir su obra, pero si algo puedo decir es que la búsqueda y la libertad son los caminos que me he propuesto. Eso sí, independientemente del recorrido que elija al componer en cada momento, siempre acabo volviendo a mi esencia musical, esa que resuena dentro de mí y que obviamente no puedo describir con palabras. También me gustaría comentar que pienso que aún me queda mucho camino por recorrer, para nada me encuentro agotado, más bien al contrario, creo que estoy en mi mejor momento y que voy a intentar aprovecharlo artísticamente, disfrutando de lo que más me gusta hacer: crear sonidos de forma sincera, sin vetas, sin condiciones, dejándome llevar.

El pasado febrero estuvo junto a Ananda Sukarlan, Fabián Panisello, Polo Vallejo y Jesús Rueda, en la otra cara del concurso como jurado. ¿Podría comentarnos la experiencia?

Fue una experiencia muy gratificante a la vez que de gran responsabilidad, ya que la categoría profesional de todos los miembros del tribunal está más que contrastada. Estuve muy concentrado en todo momento, siempre pensando en la ilusión, esfuerzo y las horas de dedicación que llevaban implícitas cada una de aquellas partituras, en las que yo mismo me veía reflejado justo un año antes. Creo que honestamente, me comporté como me hubiera gustado que me trataran y me valoraran a mí.

Compositivamente, en cuanto a reconocimiento nacional e internacional, usted ha llegado comentar que el premio de la Fundación Ferrer-Salat va a marcar un antes y un después en su carrera. ¿Hasta dónde pretende llevar su creación? ¿Cuáles son sus proyectos más próximos?

Este premio me ha reportado una gran alegría. Que haya corporaciones como la Fundación Ferrer-Salat que siga apoyando la composición es de elogiar y agradecer. La obtención de un premio de esta categoría, espero y deseo que sea una continuación en esa búsqueda que comentaba anteriormente. Esa búsqueda está alimentada por la necesidad de poder recorrer otros caminos, en forma de diversos proyectos que tengo como mínimo para los dos próximos años. Realmente, el verdadero premio está en el tener tantas ganas de seguir componiendo. Gran parte del éxito o de la felicidad mía como compositor, está en el camino que recorro día a día trabajando y de las sensaciones indescriptibles que con ello recibo.

Tras está breve conversación con Juan Cruz-Guevara, nos da la impresión de ser un músico tanto por vocación como por convicción, un artista de talento sí, pero también de mucho trabajo y con las ilusiones intactas. A la vez se le ve cercano y cordial. Cualidades todas ellas que dan la impresión de que, a pesar de haber alcanzado estos veinticinco años de carrera, culminando con el Reina Sofía, posiblemente aún no haya alcanzado su clímax creativo. Por otros veinte y cinco años más, “Maestro”.

por Claudio Cascales

www.juancruzguevara.com

Foto: “Para un compositor es difícil definir su obra, pero si algo puedo decir, es que la búsqueda y la libertad son los caminos que me he propuesto”, afirma Juan Cruz-Guevara.
Crédito: © I. Galana

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