Por obvios motivos de producción musical, resulta hasta lógico que Leipzig tenga su afamado BachFest, pero Stuttgart plantea más dudas sobre el papel. Porque aparte de ser templo de peregrinación para los petrolheads del orbe, no existen evidencias de que el amado Kantor llegara a pisar tan al sur y tan lejos de su zona de acción, así que el híper entusiasta personal de Stuttgart organiza este festival (en esta ocasión comprendido entre el 13 al 28 de marzo) con un objetivo mucho más atractivo: si la música de Bach tiene una extraordinaria flexibilidad que le hace “maridar” bien con todo género y opción interpretativa, vamos a aprovecharlo y a contárselo al mundo.
Los aviones son un sitio magnífico para trabajar: debidamente aislados del intenso ruido de los motores -bueno, ya saben que los futuristas opinaban otra cosa- se va razonablemente bien sentado, tranquilo, hay tiempo y todo invita a la reflexión. Tanto, que, suspendidos ahí arriba, si miras por la ventanilla casi puedes ver, tocar y escuchar la música del Kantor, el trascendente creador de música y consecuentemente, de vida; porque la Música era él y él la situó ahí arriba.
Me recordaba una responsable del festival esa cita de Kagel que nos viene al pelo: «Puede ser que no todos los músicos crean en Dios, pero todos creen en Bach». Porque es justo así. Con sus cosas y su dificultad extraordinaria, peo con su flexibilidad de interpretación y escucha y esa capacidad multinivel de colmar las expectativas de cualquiera que se acerque a él, independientemente de lo mucho o poco que conozca esta música.
Algo parecido han debido de pensar las buenas gentes de la Bachakademie de Stuttgart, a la hora de embarcarse en este ambicioso festival, que va para arriba como un tiro, a pesar de que Stuttgart no es uno de los lugares que conoció el Kantor en vida. Pero, como decía, Bach es una figura tan absolutamente trascendental, que hace necesario divulgar siempre su palabra con conciertos, charlas, grabaciones, festivales… Aquí trabajó un Helmut Rilling obsesionado con Bach, a quien debemos la semilla que con el tiempo ha hecho de Stuttgart uno de los puntos calientes del universo Bach. A él, y al inefable Rademann, quien recogió el testigo e impulsó la visión bachiana de la ciudad, pero desde una perspectiva debidamente historicista. Porque, intentando no caer en el purismo ni en el etiquetado vacuo, la primera vez que escuchas a Bach con instrumentos, fraseos, arcos, ataques, articulación y dinámicas “históricamente informadas” ya no hay vuelta atrás y deja al bueno de Rilling anclado en el mérito del pionero desactualizado.
La mano de Rademann se percibe claramente en detalles importantes, como la copia de un órgano Silbermann, o la determinación inquebrantable de hacer brillar a los textos y al compositor por encima de los directores y los intérpretes. Con esos mimbres, la potente Bachakademie de Stuttgart es actualmente uno de los más afamados motores del universo Bach: hay formación de nuevos músicos, hay investigación y hay grabaciones y conciertos, con Rademann y sus Gaechinger Cantorey al frente del proyecto - su Bach Vision va actualmente por la novena entrega de las cantatas de Leipzig-.
De todos modos, es justo estar agradecidos al impulso de Rilling en su época, sin el que probablemente no estaríamos hablando ahora de este festival, ni de la efervescencia bachiana que respira Stuttgart.
Para esta segunda edición -vaticino muchas más ediciones futuras- se ha optado por resaltar en la programación la extraordinaria flexibilidad que tiene la música de Bach, que le permite “maridar” bien con todo género y opción interpretativa, distribuyendo los conciertos en una amplia variedad de sedes.
Para la inauguración se programó un interesante concierto centrado en los músicos que inspiraron al Kantor, que se me antoja muy bien hilado para abrir el festival. Lamentablemente, no llegué a tiempo de verlo, por los caprichos de las huelgas aeronáuticas. Me sirven las referencias que me han llegado -y son del todo fiables-, afirmando que fue un concierto absolutamente espectacular, muy de esperar teniendo a Rademann y los Gaechinger Cantorey a los mandos.
Entre las actividades que podríamos considerar más divulgativas, hay pequeños conciertos que fluyen improvisados, para que los niños vayan iniciándose en el universo Bach. Pudimos también disfrutar de un espectacular concierto de percusión en una inmensa biblioteca, con instrumentos y público diseminados por todo el recinto, recordando los efectos barrocos de las masas sonoras enfrentadas, de las respuestas simétricas en ecos, o el absoluto virtuosismo que se puede lograr con unas “simples” baquetas y mucha música dentro. Es este ambiente distendido, de gente sentada en las escaleras, con asistencia de familias enteras y libre circulación por el recinto, el que se aleja del rígido corsé del concierto tradicional; aquí, Xenakis resulta más amable y Bach más cercano a niños o a legos en la materia, que seguro recordarán la experiencia de por vida. Una gozada.
Y sales a la calle y ves funcionar una potente maquinaria de difusión, con carteles, información y furgonetas rotuladas con el Internationales Bach Fest, atendidos por un ejército de colaboradores entusiastas. Y respiras un poquito más de Bach y vives un poquito más de Bach. Y todo bien.
Al atardecer, Bach viaja de Sajonia a Persia para encontrarse con los textos, la magia y la sensualidad del Oriente Medio y el sabor de Constantinople, liderados por Kiya Tabassian al sitar. Resulta revelador comprobar el magnífico hermanamiento de propuestas a priori antagónicas en las que Bach admite modificaciones que acercan su música a las armonías persas y recibe la descarga de sensualidad con los brazos abiertos. Tal vez la soprano no dejaba fluir a Bach como más nos gusta a los fieles, pero compensaba con una magnífica afinación y la certeza de que estábamos escuchando “otro” Bach de los infinitos Bach posibles. El público terminó bailando en los pasillos de la Matthauskirche.
Otro particular acierto son las “misas en contexto”, en las que se canta la música dentro del oficio litúrgico, de la forma en la que fue inicialmente prevista. Siento verdadera envidia por esas congregaciones protestantes, tan acostumbradas a participar en la misa y tan herederas de toda una tradición al respecto, que cantan con una naturalidad y una eficacia realmente encomiables. Fue un placer poder mezclarse con ellos a cantar corales desde el público, casi integrado como un luterano más.
Por supuesto que a lo largo de las tres semanas hay programación de campanillas y primeros espadas de la ortodoxia, representados por Vox Luminis o los imprescindibles Gaechinger Cantorey. Pero también hay jazz y hay charlas y hay música de cámara. Y tenemos Bach, mucho Bach y mucha misa luterana.
Pero confieso que encuentro el interés más alto en los conciertos del JSB Ensemble, para entendernos, los “cachorros” de Gaechinger Cantorey, porque de la solidez que podamos encontrar en estos grupos, se derivan los futuros relevos generacionales con garantías y se asegura en buena medida la vitalidad de próximas ediciones del festival, aparte de constituir la mejor vara de medir la eficacia y los progresos en la formación e investigación de la Musikschule y la Bachakademie de Stuttgart. Y no sólo no defraudan, sino que exhiben un nivel extraordinario, perfectamente asimilable al de cualquier formación profesional consolidada. El coro es una joya, los solistas también y la orquesta suena magnífica en todas sus secciones, constituyendo un instrumento dócil y obediente a las indicaciones de Kathy Saltman, la directora que hacía las asistencias a Herr Rilling, quien vino expresamente desde Oregón, honrando así la memoria de su mentor.
Los conciertos de esta joven formación interpretando las misas luteranas BWV 233 a 236 y las cantatas relacionadas con las misas me parecen, sin duda, lo más atractivo de este festival, dedicado a contarle al mundo que “Bach es a la vez filántropo, visionario, orfebre musical, matemático...”, en palabras de Rademann.
Porque Bach no se escucha, Bach se vive.
por Álvaro de Dios
www.bachfest-stuttgart.de
www.bachakademie.de
Foto: Marimbas, vibráfonos y timbales dispuestos en cualquier punto de esta espectacular biblioteca haciendo sonar a Bach y Xenakis.
Crédito: © Holger Schneider