Ma Yue (clarinete), Jin Ta (flauta), Rachel Walker (oboe).
Singapore Symphony Orchestra / Darrell Ang y Joshua Tan.
Pentatone PTC5187528 (CD)
Más allá de la gran pantalla
En 1966, Hitchcock rechazó la banda sonora compuesta para la película Cortina rasgada por su hasta entonces compositor fetiche, Bernard Herrmann. Ese repudio de la música orquestal opulenta y postromántica no lo vivió sólo Bernard Herrmann, fue la enseña musical del cine a finales de los 60 y durante la década de los 70. La respuesta de Bernard Herrmann llegó al año siguiente, con la composición de una de sus raras obras de cámara, titulada Clarinet Quintet - Souvenirs de Voyage (1967).
Este Quinteto para clarinete se puede considerar una de las cimas del catálogo de Herrmann y también una aseveración de su lenguaje musical, en concreto una autoafirmación del lirismo exacerbado y maduro que encontramos en Vértigo. El Quinteto para clarinete no es una adaptación para conjunto de cámara de la banda sonora compuesta para Vértigo, sino una obra independiente, abstracta, totalmente alejada del cine, con personalidad y entidad propia. Sin embargo, la escucha atenta del Quinteto sí que revela una cercanía temática con la película de Hitchcock. Clarinet Quintet - Souvenirs de Voyage supone una vuelta al lenguaje musical refinado, envolvente, voluptuoso y circular, de herencia wagneriana (más en concreto, tristanesca), que se halla en Vértigo. Unos 30’ de absoluto placer y una muestra de gran oficio. Muy recomendable.
El disco incluye otras dos muestras de obras concertantes puras, ajenas a la cinematografía, firmadas por otro compositor asociado exclusivamente con el cine por la mayoría de aficionados: John Williams. Los extraordinarios momentos de tensión que se escuchan en Tiburón o en Encuentros en la tercera fase no aparecieron por generación espontánea. Antes de dedicarse al cine, John Williams escribió durante la década de los 60 una serie de obras de carácter moderadamente vanguardista y experimental. Essay for Strings (1965) es una buena muestra de ello. El Ensayo para cuerdas de John Williams es deudor del Bartók que encontramos en los Cuartetos o en el Divertimento para cuerda. Lenguaje denso, colores oscuros y estructura musical férrea. Nada que ver con la tonalidad tradicional y esas melodías que se silban o tararean de Star Wars o Indiana Jones.
El más extenso Concerto for Solo Flute, Strings, & Percussion (1969) tiene como inspiración la música tradicional japonesa. Williams trató de replicar en la flauta occidental el sonido del shakuhachi, una flauta de bambú introducida en Japón desde China en el periodo Nara (siglo VIII). La orquestación, de influencia bartokiana, incluye percusión, piano, celesta y cuerdas. El catálogo de recursos empleados incluye pizzicato y col legno en la cuerda, armonías en suspenso o notas largas mezcladas con el sonido de la respiración.
El CD se completa con el equivalente a una propina, el breve y muy raro Wind Quintet - Suite for 5 Woodwinds (1973) de Hugo Friedhofer, compositor también asociado al cine al que los aficionados recordarán por la música de Los mejores años de nuestra vida o Veracruz.
Daniel Pérez Navarro