Janáček Philharmonic Orchestra / Daniel Raiskin.
Challenge Records CC720043 (CD)
Sorprendente Shostakovich
Las sorpresas aparecen cuando menos se esperan. En un territorio discográfico tan explotado como el de las Sinfonías ns. 6 y 9 de Shostakovich, Daniel Raiskin y la Janáček Philharmonic Orchestra (conjunto del que Raiskin es actual director artístico y principal) muestran que tienen más que decir en este repertorio que directores y orquestas más relumbrones.
En marzo de 2026 pudimos disfrutar de un magnífico Concierto para violín de Khachaturian, interpretado por una inmensa Alexandra Conunova bajo la dirección punzante de Daniel Raiskin durante la gira por España llevada a cabo por la Filarmónica Eslovaca. El mismo Raiskin cuenta con versiones discográficas muy recomendables de los conciertos de Khachaturian en CPO, una muestra de su gran conocimiento de los clásicos rusos y de los compositores de la Europa del Este. La sorpresa de este álbum, en el fondo, no ha sido tanta.
A Daniel Raiskin le viene de herencia, por inoculación del virus DSCH: Josef Raiskin, padre de Daniel, fue un prominente musicólogo, especializado en Shostakovich, que asistió en 1942 al estreno de la Sinfonía n. 7 en la ciudad de Kuibyshev, donde Dmitri Dmitrievich y su familia recalaron tras ser evacuados de Leningrado. La vivencia de niño de Josef Raiskin significó más que una jugosa batallita de abuelo: fue la semilla de la que brotó una dedicación generosa hacia la música de Shostakovich, tanto por parte de Josef como de su hijo Daniel.
Pocas cosas resultan más irritantes al escuchar la Sexta que una interpretación oficialista, esto es, con los dos movimientos veloces que siguen al depresivo Largo inicial convertidos en dos bufonadas. El brutal sarcasmo tanto del Allegro como del Presto quedan en evidencia en las secciones centrales de ambos movimientos. Raiskin y la JPO suenan ahí rabiosos e implacables.
La anticelebración del final de la guerra que es la Novena obtienen de orquesta y director la misma aspereza e idéntico humor falsamente rossiniano. Obra calificada en su momento de “ideológicamente vacía”, pero que no puede ser más actual ni estar más cargada de significado. Parodia de una marcha militar triunfal en el primer movimiento. Flautín caricaturesco y circense. Trombón al que se anima como a un elefante en una cacharrería. Sólo de fagot en el cuarto movimiento que funciona como un apesadumbrado rostro por fin visible, después de que se haya quitado la careta. Allegretto conclusivo histérico, una payasada a lo Pennywise.
Son dos interpretaciones de las que modernamente ya no se llevan tanto, de las que retrotraen a los años de Kondrashin o Rozhdestvensky: secas, directas, aceradas, también aceleradas cuando toca zafarrancho de combate. Salvando las distancias con el imbatible Kondrashin: se asemeja a contar con un disco Melodiya, pero no con el sonido a lata oxidada de las comercializaciones occidentales en CD de BMG o en LP de Hispavox (se salvaban los hoy descatalogados reprocesados japoneses), sino grabado por Challenge Records con los estándares actuales.
Daniel Pérez Navarro