The Mono Era on HMV & Columbia Graphophone 1926-1959.
Sinfonías, conciertos, óperas y oratorios. Varias orquestas.
Warner Classics 5021732629951 (53 CD)
Un museo fonográfico: Thomas Beecham en mono
La caja que nos disponemos a reseñar reúne las grabaciones en mono de Sir Thomas Beecham (1879-1961) para HMV y Columbia Graphophone, realizadas en un periodo de tiempo que abarca más de tres décadas (1926-1959). Complemento de la caja con las grabaciones en estéreo previamente editada por Warner Classics, el fascinante conjunto consta de 53 CD, lo que da una idea de su magnitud y valor histórico, con sus orquestas, estilos y repertorios diversos, desde Mozart hasta compositores entonces contemporáneos.
Que exista una edición completa de los registros mono del irrepetible Beecham es de por sí un logro monumental: estamos hablando de grabaciones dispersas en múltiples sellos e incluso formatos, desde viejos discos de pizarra de 78 rpm hasta cintas magnetofónicas; el hecho de tenerlas ahora reunidas en un mismo volumen nos sitúa en una posición panorámica, amplia e ideal para comprender la evolución del sonido orquestal en la era del gramófono.
Este introito, ya demasiado largo, pretende apuntar al amable lector en una dirección: que esta edición no está destinada a los aficionados ocasionales, sino que pretende ser una referencia para estudiosos y amantes de la historia de la grabación, del repertorio clásico e histórico.
Su primer gran acierto radica en presentar la discografía del director británico como un corpus coherente y seguir, paso a paso, su evolución artística y técnica: desde el nacimiento de su London Philharmonic hasta su trabajo con la BBC, la Royal Philharmonic, la London Symphony e incluso los mismísimos Berliner Philharmoniker.
Luego, claro, está todo lo que las grabaciones evidencian: la inagotable fantasía del fraseo, su dominio de los matices dinámicos e, incluso con las limitaciones técnicas del mono, esa inverosímil habilidad tan suya para lograr un colorido orquestal y una claridad de texturas de vivacidad, presencia y frescura admirables. Escuchar, por ejemplo, un Mozart, un Beethoven antiguo (gozosa Séptima), o un Dvořák en vivo de 1959, con el sabor auténtico de la época, es en cierto modo hacer un viaje en el tiempo.
El estilo de Beecham (su flexibilidad rítmica, su fuerte carácter personal, su tendencia a privilegiar ese color, esa teatralidad) puede hoy parecer un punto exagerado en determinado repertorio; en otros casos (estoy pensando en su siempre alabada Zauberflöte) ocurrirá lo contrario o que ciertos tics interpretativos de moda entonces, como tempi flexibles, agógica amplia, vibrato orquestal, no concuerden con la imperante búsqueda actual de una historicidad estricta. Lo que en su momento era revolucionario, algunos oyentes de hoy lo encontrarán, no sin razón, anticuado, y es que ha pasado mucho agua debajo del puente desde entonces.
En mi humilde opinión y más allá de mi simpatía por el tantas veces políticamente incorrecto Beecham, aquí hay unos cuantos logros intemporales, como todo Delius (el otro gran protagonista del cofre, con siete discos dedicados a él), su querido Sibelius (otros cuatro) y, por supuestísimo, La Bohème o el Tristán londinense, donde no nos cansamos de admirar la vocalidad de esos dos mitos que fueron Victoria de los Ángeles y Jussi Bjorling, o los muy wagnerianos titanes Kirsten Flagstad y Lauritz Melchior, a quienes, dicho sea de paso, se les oye bastante bien. Su Haydn y Stravinsky son de obligado conocimiento; Mozart está muy bien servido, con varios Conciertos y nueve Sinfonías que son una delicia. Y también hay alguna que otra repetición, como oberturas, fragmentos y dos Conciertos para violín de Mendelssohn (uno con Szigeti, el otro con Heifetz), pero, visto con la perspectiva que da el conjunto, no es nada grave.
No obstante, por mucho que uno se esfuerce en ignorarlo, faltan algunas cosas (pocas) y por muy cuidada que esté la remasterización (que Art & Son Studio ha trabajado con indudable esmero en la mayoría de los casos, pero no todos), hay grabaciones donde las limitaciones técnicas de los años 20-40 pesan, con el habitual ruido de fondo, un rango dinámico reducido, el balance a veces demasiado centrado y, en definitiva, una arquitectura sonora distinta a nuestros oídos modernos: no es posible, en fin, transformar un antiguo disco de pizarra de 78 rpm en un CD moderno, sin que en el proceso se produzca una pérdida, de modo que hagamos una última advertencia a quienes buscan “hi-fi” en términos contemporáneos de que algunas tomas les defraudarán, especialmente si las comparan con grabaciones estéreo actuales o con interpretaciones “históricas” restauradas con tecnologías avanzadas.
En definitiva, “The Mono Era” no es solo una colección de CD: es un testimonio, una memoria sonora, un museo fonográfico. Y como tal (con sus imperfecciones), merece ser valorado y disfrutado. Para mí, es algo más que un cofre al que acudiré muchas veces: es un acierto mayúsculo, un homenaje merecido a un gigante de la batuta, aunque, eso sí, no esté exento de las inevitables sombras y modas de su época.
Darío Fernández Ruiz