Adrian Butterfly, violín. London Handel Players.
Somm Recordings SOMMCD 0711 (CD)
UNA CUESTIÓN DE PESO
La aparición casi simultánea de estos dos discos de los London Handel Players en el sello Somm Recordings, permite escuchar en paralelo a Georg Philipp Telemann (1681-1767) y Jean-Marie Leclair (1697-1764), dos compositores casi coetáneos que participan en un mismo cambio del gusto musical europeo.
En la primera mitad del siglo XVIII el modelo italiano domina el lenguaje instrumental y cada tradición nacional lo adapta a su manera. Telemann convirtió esa mezcla en un principio estético consciente, su célebre Vermischter Geschmack (“gusto mezclado”), donde aspiraba a combinar melodía italiana, refinamiento francés y contrapunto alemán.
Los Quadri, publicados en Hamburgo y más tarde reeditados en París, resumen bien ese ideal de “gusto mezclado”. No son seis piezas de un mismo género, sino dos conciertos, dos suites y dos sonatas: una pequeña antología de estilos. Hay invención, oficio y una notable capacidad para distribuir el discurso entre flauta, violín, viola da gamba o violonchelo y continuo sin convertir a ninguno en dueño permanente de la escena. Lo mejor de esta música de Telemann está en el relevo entre voces y en ese continuo paso del discurso de un instrumento a otro. Ese espíritu lo captan los London Handel Players y hacen que las ideas musicales transcurran con la elegancia y naturalidad tan del gusto del XVIII.
El disco de Leclair cambia el eje. También aquí hay diálogo, pero ahora el violín ocupa el centro y la escritura pide algo más que destreza: pide canto, impulso y vuelo. Leclair representa bien esa Francia que había aprendido de Italia sin dejar de sonar a sí misma. En sus conciertos conviven la ornamentación y el gesto de danza de la tradición francesa con la cantabilidad y el impulso melódico del violín italiano, heredados de Corelli y de Vivaldi.
El violinista Adrian Butterfield está magnífico. Su dominio del instrumento se percibe en la manera de conducir la línea: afinación perfecta y un sonido terso sin excesos de ornamentación que permite perfilar cada motivo con claridad. No hay gesto sobrante y por eso el efecto resulta mayor.
Ese modo de tocar define en realidad ambos discos. Los London Handel Players rehúyen una parte del barroco actual más dada a los ataques duros, los bajos continuos hiperactivos, las velocidades de vértigo y una agitación convertida en sistema. Aquí no hay aspavientos. Hay pulso, intensidad, una lógica del fraseo muy trabajada y a la vez un saber apartarse en el momento justo para que la música hable.
El resultado no es tibio ni académico; al contrario, arrastra precisamente porque no necesita exagerar. En Telemann ese enfoque favorece la escucha horizontal, el intercambio entre partes, el trabajo camerístico. En Leclair, sin embargo, prende la mecha.
Y ahí surge una duda inevitable. Los dos discos están tocados a un nivel muy alto y sería injusto convertir esta reseña en una falsa competición entre intérpretes. No la hay. Pero sí aparece entre repertorios, o mejor dicho, entre el efecto que acaban produciendo. Los Quadri muestran a un Telemann inventivo, variado, dueño de muchos recursos y capaz de escribir páginas muy disfrutables; los Conciertos de Leclair, en cambio, alcanzan otra temperatura. Hay más belleza, más nervio y más voltaje. No una distancia humillante, desde luego, pero sí la suficiente para que el segundo disco permanezca en el oído de otro modo. A veces ocurre: dos interpretaciones igualmente buenas dejan resultados distintos porque la música, sencillamente, no pesa lo mismo.
Mercedes García Molina