Música clásica desde 1929

Discos recomendados de Ritmo

En esta sección encontrará los 10 discos que la revista RITMO recomienda cada mes, clasificados por meses y por su orden de recomendación del 1 al 10. Se archivan los recomendados desde junio 2011, para ver anteriores ir a "Ritmo Histórico".
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Ritmo Septiembre 2021 - Núm. 953

IGOR LEVIT. ON DSCH.

Obras de SHOSTAKOVICH (24 Preludios y Fugas Op. 87) y STEVENSON (Passacaglia on DSCH).
Igor Levit, piano.
Sony Classical 0194398092126 (3 CD)



La crítica

Con fundamento

El pianista alemán de origen ruso Igor Levit (Nizhni Nóvgorod, 1987), siempre original e interesante en sus planteamientos, rompe la baraja con su última grabación, un tour de force magistral, difícilmente clasificable y de absoluta referencia para cualquier aficionado a la música del siglo XX que reúne los Veinticuatro Preludios y Fugas Op. 87 (1951) de Dmitri Shostakovich y la Passacaglia on DSCH (1963) de Ronald Stevenson.

Los Veinticuatro Preludios y Fugas Op. 87 de Dmitri Shostakovich constituyen un homenaje indudable a El clave bien temperado de Johann Sebastian Bach y el primer ejemplo de este género en la música rusa. Como nos recuerda Jesús Garrido, la figura central en su discografía es la pianista soviética Tatiana Nikolayeva, alumna de Alexander Goldenweiser. Fue precisamente la participación de Nikolayeva en el primer Concurso Internacional Johann Sebastian Bach que tuvo lugar en Leipzig in 1950, lo que dio origen a estos Preludios. El propio Shostakovich asistía al concurso como invitado de honor y miembro del jurado. Horrorizado ante las miserias que había traído la guerra e impresionado por la actuación de Nikolayeva, Shostakovich se aplicó en su composición, aunque es posible que ya hubiese escrito algunos con anterioridad.

No es extraño, pues, que Nikolayeva considerase los preludios como “suyos” y nos dejase cuatro versiones diferentes: dos para Melodiya (1962 y 1987), otra para Hyperion (1990) y la última para Medici DVD (1992, disponible en YouTube). Shostakovich también grabó una selección de los preludios en varios LP, reeditados en CD y aunque pasó pronto a ser parte del repertorio soviético, no existen demasiadas grabaciones de esta era: una de las excepciones es Sviatoslav Richter, quien solía ofrecer números sueltos en sus programas, aunque conocía y tocaba la obra entera y grabó para Philips varios de ellos. Keith Jarrett y Vladimir Ashkenazy (alumno de Lev Oborin) también grabaron el ciclo durante los años noventa, aunque quizás la versión más conocida sea la más reciente de Konstantin Scherbakov (2000), editada por Naxos y premiada en Cannes en 2001.

Así las cosas, Levit, que ha trabajado el ciclo durante muchos años y los ha interpretado con frecuencia en concierto desde 2017, recupera esta obra capital del modernismo musical y la aborda desde su particular prisma, el de "una especie de diario musical", en cuya “combinación de calidez, inmediatez y soledad pura […] hay algo completamente único. Para mí, es un ritual de autoexploración y autodescubrimiento que aborda las cuestiones más íntimas”.

Desde el Moderato del Preludio n. 1 en do mayor hasta el Adagio del dramático n. 14 en mi bemol menor, Levit hace gala de su formidable técnica, su acostumbrada musicalidad y una expresión depurada que se sostiene sobre su gusto por el contraste y un extraordinario sentido de la medida dinámica y agógica. La variedad de acentos y tempi responden a una lógica que acaba imponiéndose con contundencia. La nitidez del ataque y la hondura del fraseo redondean, en fin, una interpretación que se sitúa a la cabeza de la discografía y no puede soslayarse en el conocimiento y disfrute de la opus magna de Shostakovich.

Por su parte, el relativamente poco conocido Ronald Stevenson (1928-2015) es quizás el más prolífico compositor escocés de todos los tiempos. Entre sus numerosas obras para piano, destacan la virtuosística Preludio, fuga y fantasía sobre temas del Doktor Faustus de Busoni y la monumental Passacaglia on D-S-C-H que motiva estas líneas. Considerada como un “un intento de alcanzar una síntesis de la música del mundo”, es en realidad un “conjunto continuo de variaciones” de casi una hora y media de duración. Las letras DSCH detallan el monograma musical de Shostakovich, a quien está dedicada la obra, mediante sus nombres de notas en alemán: D–Es–C–H = Re–Mi bemol–Do–Si.

La originalísima partitura contiene formas y elementos muy diversos, que van desde el fandango hasta el vals, pasando por la fuga, el pibroch escocés, la marcha, la sonata y la triple fuga. Si prescindimos de la resistencia física y mental que requieren su interpretación, la exigencia técnica de la obra no es tan tremebunda como pudiera parecer, pero en cualquier caso su riqueza de invención es tal que el escritor y productor discográfico Ates Orga ha llegado a calificarla como “la expresión más concentrada del desarrollo de un motivo en la historia de la música”.

La discografía de Passacaglia cuenta con alrededor de una decena de grabaciones, tras las dos realizadas por el compositor (1964 y 1988) y las de John Ogdon (1966), Raymond Clarke (1994), Murray McLachlan (2003) y James Willshire (2017). La querencia de Levit por las obras de grandes proporciones es conocida, pero quizás no lo sea tanto su fecunda relación con la Passacaglia, en la que está trabajando desde 2018; las versiones que ofreció en el Wigmore Hall de Londres (2019) y Salzburgo (el pasado mes de julio) fueron recibidas con críticas entusiastas y no menos memorable resultó la retransmisión el 20 de abril de 2020, que realizó desde su domicilio berlinés, dentro de la personalísima serie de conciertos domésticos (Hauskonzerte) que ofreció durante el confinamiento.

El trabajo que firma ahora de este otro capolavoro del piano del siglo XX es igualmente sobresaliente. En tan comprometido desempeño, Levit se entrega de forma heroica a la causa, apabullando con un virtuosismo transcendente en las variaciones que concluyen la Pars altera y el Nocturne de Pars prima o deslumbrando con su capacidad para la comunicación directa en Reverie-Fantasy. Un aficionado medianamente interesado en el piano del siglo XX no debería dejar pasar estos registros.

por Darío Fernández Ruiz

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