Música clásica desde 1929

Discos recomendados de Ritmo

En esta sección encontrará los 10 discos que la revista RITMO recomienda cada mes, clasificados por meses y por su orden de recomendación del 1 al 10. Se archivan los recomendados desde junio 2011, para ver anteriores ir a "Ritmo Histórico".
Haciendo "clic" en el título de cada disco o sobre la foto, accederá a su ficha y a la crítica publicada en Ritmo y, cuando es posible, a las diferentes tiendas donde podrá adquirir el disco físico, o a las plataformas digitales desde donde podrá escucharlo en "streaming" o descargarlo online.

Ritmo JUNIO 2011 - Núm. 842

BARENBOIM. CHOPIN, recital de Varsovia.

Fantasía en Fa menor. Nocturno op.27/2. Sonata op.35. Barcarola. Valses opp.34/2 y3, 64/1 y 2. Berceuse. Polonesa op.53.
Daniel Barenboim, piano
D.G., 4779519 (DVD)



La crítica

Este es uno de les tres discos de Barenboim que Universal publica después de que el astro argentino haya vuelto a la que fuera su casa discográfica en los años 70 y 80 del siglo pasado. Una buena noticia, sin duda. Ya conocíamos este recital (ver comentario de Ángel Carrascosa en el número 838 de RITMO, febrero de 2011, pág. 54) y poco hay que añadir al respecto; quizá alguna que otra apreciación personal acerca de un par de asuntos. 

La más importante, la referida al actual Chopin de Barenboim, que, con independencia de su indiscutible calidad, es muy, muy singular. Tengo una sensación extraña al escucharlo. E intentar calificarlo me resulta poco menos que imposible. El primer adjetivo que me viene a la cabeza es “serenidad”; después, otros: color, calmo, lúdico, placentero, primoroso... e incluso impresionista... Pero como él mismo diría, todo esto no es más que una tontería; las palabras –los adjetivos, para ser más concretos- no sirven para hablar de música. ¿Cómo hago entonces para contarles mi impresión? Pues me conformaré con decirles que este disco contiene las interpretaciones más subjetivas y alejadas de la letra de la partitura que he escuchado hace tiempo. ¿Es eso bueno? Para mí sí, porque para mí por ello mismo son el mejor ejemplo de lo que entiendo por interpretación. Con permiso de Barenboim, claro, pues a él la propia palabra (“interpretación”) le parece espuria. Verlo para creerlo.
 
Obviamente, me puedo olvidar de él y hacer lo de siempre, es decir un comentario con palabras, que es lo único que puedo hacer y sé (en principio) hacer. Así, el disco comienza con una Fantasía muy atípica; nada que ver con los modelos al uso, es decir, dramática y trazada bajo el signo del conflicto. Es una versión relajada y que respira placer y un juego sonoro de una maravillosa pureza sonora. Tras ella, otra declaración de principios: la muy sensorial y nada amarga versión del Nocturno op.27/2, en las más extremas antípodas del que tocó para su grabación en estudio hace años. Y así, suma y sigue: una sonata paladeada desde las sombras pero sin acritud; una Barcarola o una Berceuse que parecen de otro mundo, como música drogada; o unos valses perfumados de inasible melancolía, todo en y desde una lejanía inaccesible y milagrosa...
 
El otro aspecto al que me refería al principio es a los dedos, al momento actual del argentino al respecto. Pues para un pianismo como el de Chopin no está del todo en forma (no así para Beethoven o Schubert, como se ha podido comprobar recientemente, pero esa es otra hiostoria). Y particularmente para el Chopin más heroico. A saber, la polonesa que escogió par el recital. Sin embargo, siendo la pieza en la que más falló, fue la que arrojó un más radicalmente maravilloso resultado. ¿Saben por qué? Pues porque fue la parte del recital en la que más y mejores libertades se tomó. Lo que es mucho decir, dada la continua fiesta de imaginación a la que sometió al personal asistente. En la Polonesa fue a más, y con una lección añadida: cómo hay que hacer para controlar una subjetividad que en apariencia está desbocada. Bien; a esta tremebunda contradicción solo pueden dar respuesta sin estrellarse contra el suelo de inmediato ciertos músicos. Por ejemplo, este hombre  cuerdo hecho de locuras e hijo de las más dulces y auténticas dualidades.                                                                                                                            
       
PGM

 

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