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Crítica / Un Coronis de marcado sabor francés en el Teatro Real - por Simón Andueza

Madrid - 19/06/2023

En estos últimos años estamos asistiendo, por fin, a una lenta y progresiva recuperación de nuestro fabuloso patrimonio musical más allá del siglo XIX, en especial del siglo XVIII, con la inclusión, aunque todavía tímida, de estos magníficos repertorios en una acomplejada programación musical de nuestros ciclos y teatros que tradicionalmente han mirado a los grandes compositores europeos como principal reclamo comercial y fuente de inspiración garante de calidad.

Como no podía ser de otro modo, y parece que, en ocasiones asesorados por los incansables, trabajadores y entusiastas musicólogos del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), el Teatro Real va aproximándose a esta senda, como bien hizo en la presente temporada con la esperada representación de Aquiles en Esciros de Francisco Corselli (1705-1778). Como muestra de ello, la próxima programación del Teatro Real 2023/2024 recientemente presentada nos deja muestras de este perceptible cambio en las programaciones, con la inclusión de varias producciones que miran la ópera europea desde un punto de vista históricamente informado, invitando a maestros y conjuntos que han conseguido que el historicismo y los instrumentos de época estén más de actualidad que nunca, como William Christie y Les Arts Florissants, Giovanni Antonini y Il Giardino Armonico, y contando con la inestimable participación del propio Ivor Bolton, actual director musical del Teatro Real, con la recuperación de Medea de Luigi Cherubini.

Coronis, escrita en 1706, Zarzuela en dos actos atribuida a Sebastián Durón (1660-1716) por nuestros imponderables musicólogos Raúl Angulo y Antoni Pons, conservada en un lujoso manuscrito de la Biblioteca Nacional, se trata de una de las más ambiciosas obras escénicas de Durón, con una característica singular, que es la de su completa factura musical que prescinde de las partes habladas, lo que nos aproxima a la creación de una ópera totalmente española, si obviamos las denominaciones impuestas en la época. Sea como fuere, Coronis es una joya de nuestra creación teatral musical dieciochesca, ideada para ser representada con todo lujo de efectos y parafernalia teatral que seguramente hizo las delicias de Felipe V y sus huestes.

La producción que pudimos disfrutar en versión de concierto en el Teatro Real lleva desde el año pasado representándose escénicamente en Francia, en la Opéra-Comique de París, coproducida con la ópera de Lille, la ópera de Rouen y la ópera de Limoges, producción que dio a luz al doble cedé registrado para Alpha Classics con un reparto muy similar al ofrecido en esta ocasión.

Al tratarse de una versión no escenificada, la orquesta se situó en el escenario ocupando casi todo el espacio, lo que impidió la realización de casi cualquier movimiento escénico, salvo las rigurosas entradas y salidas de los personajes en sus intervenciones, dejando unas gradas ocupadas oportunamente por los cantantes solistas que desarrollarían la labor del coro. Debemos reseñar que Le Poème Harmonique es uno de los conjuntos historicistas más reputados de toda Francia, e hicieron buena gala de ello en su presentación como conjunto instrumental en el Teatro Real. Con un orgánico algo modesto para un teatro como el que nos ocupa, tres violines primeros, tres violines segundos, más violonchelo, viola da gamba, contrabajo, los vientos obligados, es decir dos oboes y tres flautas de pico, fagot más dos continuistas de cuerda pulsada, arpa, clave y órgano, la orquesta dio toda una lección de lo que debe ser una obertura alla francese, es decir, el movimiento grave que comienza la obertura con ese típico motivo de puntillos que introducen y dan solemnidad a cualquier buena ópera que se precie. El bajo continuo sonó rotundo y poderoso desde un primer momento, con los soberbios Étienne Galletier y Victorien Disse en las dos guitarras y tiorbas, a los que hay que añadir una formidable lectura e invención del bajo continuo de la arpista Sara Águeda, a los que debemos añadir la seguridad y contundencia impuesta desde el clavecín de Loris Barrucand y el órgano de Lucie Chabard. La vivacidad de los movimientos más ágiles, danzables y rítmicos fue en todo momento destacada por Vincent Dumestre, a quien notamos fascinado por el ritmo y su poder vitalista que tan magníficamente está presente en la rica y variada partitura de Sebastián Durón.

Los momentos de tutti orquestal y coral, sus coros, fueron encomendados solamente a un cantante por parte para lo que debe ser una deslumbrante riqueza sonora, que no dejó de ser un constante desequilibrio entre cantantes y orquesta, con la consiguiente incomprensión de su texto.

El reparto vocal estuvo encabezado por una muy solvente protagonista, Ana Quintans, para quien Durón compone un papel realmente complejo, unas veces agudo, otras grave, repleto de contrastes en sus afectos y desafíos técnicos como las dificilísimas coloraturas de algunas de sus arias, que no fueron obstáculo alguno para la voz directa, fresca y completamente inteligible de Quintans en los momentos de los recitativos en castellano.

Isabelle Druet fue un Tritón de creíble garra y fuerza escénica, con una voz sonora pero carente de la correspondiente prosodia e inteligibilidad del idioma español, algo que se repitió en casi todos los demás compañeros del cast.

Así, los dos roles graciosos o cómicos fueron encomendados a la soprano Victoire Brunel y a la mezzo Anthéa Pichanick, de las cuales, con un castellano bastante mejorable, fue especialmente cómico el recurso de Pichanick en su tartamudeo y vitalista puesta en escena.

Para la segunda trama que subyace en la ópera, los papeles de Apolo y Neptuno fueron cantados por Marielou Jacquard como Apolo, quien mostró una voz muy sonora, afinada, timbrada, agradable e inteligible, mientras que Caroline Meng, Neptuno, posee una voz de muy generoso volumen pero que resultó completamente fuera de estilo a la vez que su castellano era de obligada lectura en los sobretítulos de las pantallas por su completa ininteligibilidad.

En el rol de Proteo pudimos contar con una de las voces más apropiadas en el registro de haute-contre francés de la actualidad, Cyril Auvity, que es una delicia en óperas de este registro de Lully o de Rameau, pero que resultó algo plana e inexpresiva para el papel de Apolo, quien necesita de un intérprete de una voz más poderosa y elocuente, quien posee alguno de los momentos más bellos de la escritura de la ópera, como sus magníficas arias de lamento, fabulosamente interpretadas por Dumestre y Le Poème Harmonique, quienes marcaron las sutiles disonancias descendentes de un modo completamente magistral.

El espectáculo fue aplaudido de un modo no demasiado fervoroso por la audiencia no muy acostumbrada a esta música y que pareciera más preocupada en el cóctel de la pausa y en su cirugía estética, vestimenta e interacción social que en la importancia de este repertorio.

Debemos reflexionar acerca de la interpretación en el coliseo madrileño de esta joya española por parte de un grupo tan afamado mundialmente. En primer lugar, no deja de ser motivo de alegría al demostrarse fehacientemente que la calidad de nuestra música a rescatar no deja lugar a dudas, pero que nos obliga a preguntarnos cuándo algún grupo español pueda hacer lo mismo con un repertorio francés, Lully, Rameau, por ejemplo, en la Ópera del Palacio de Versalles o en la parisién Opéra-Comique. Y lo más importante, queremos que nuestro patrimonio histórico sea tratado del mismo modo que lo es cualquier otro título del repertorio operístico internacional, a través de una puesta en escena que lo ponga en su correspondiente lugar. No obstante, ya sabemos que la próxima temporada este espectáculo será llevado con toda su pompa y boato a la ópera de Oviedo. Felices ellos.

Simón Andueza

 

Ana Quintans, soprano, Isabelle Druet, mezzosoprano, Victoire Brunel, soprano, Anthéa Pichainick, mezzosoprano, Marielou Jacquard, soprano, Caroline Meng, mezzosoprano, Cyril Auvity, haute-contre, Brenda Poupard, soprano, Olivier Fichet, barítono.

Le Poème Harmonique, Vincent Dumestre, dirección musical. 

Coronis. Zarzuela en dos actos de Sebastián Durón.

Teatro Real, Madrid, Sala principal.

Estreno en versión de concierto. 10 de junio de 2023, 19:30 h.

 

Foto: (de izquierda a derecha) Isabelle Druet (Tritón), Brenda Poupard (Iris), Olivier Fichet (Marta), Victoire Bunel (Sirene), Anthéa Pichanik (Meandro), Marielou Jacquard (Apolo), Ana Quintans (Coronis), Cyril Auvity (Proteo), Caroline Meng (Neptuno), Le Poème Harmonique y Vincent Dumestre (director) / © Javier del Real - Teatro Real

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