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Crítica / Tres maestros exiliados - por Juan Carlos Moreno

Barcelona - 11/10/2023

El leitmotiv de la presente temporada de L’Auditori de Barcelona, “Poder o revuelta”, se plasmó el pasado 6 de octubre en un programa que, como bien recogían las notas de Oriol Pérez Treviño, incluía obras de tres compositores a los que las circunstancias políticas condenaron al exilio, no así al silencio. La obra de uno de ellos, además, fue considerada en su día, más que una revuelta, toda una revolución que, aún hoy, 110 años después de su estreno, no ha perdido un ápice de su arrolladora fuerza. Hablamos, por supuesto, de La consagración de la primavera de Stravinsky.

El concierto se abrió con Ritual de pagesia, de Baltaser Samper, una suite en miniatura sobre temas populares mallorquines, estrenada en su versión orquestal en Barcelona en 1935. Se trata de una obra agradable de escuchar cuya refinada instrumentación, muy influida por Falla y el impresionismo francés, Ludovic Morlot supo tratar con delicadeza al frente de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC).

El problema de muchas de estas recuperaciones es que se colocan al lado de partituras que las eclipsan totalmente. Este programa no fue una excepción, pues a continuación de la obra de Samper pudo escucharse el Concierto para piano n. 4 de Rachmaninov. Es cierto, no es el más conocido de los conciertos del compositor ni tampoco el más representativo de su estilo, pues en él, deliberadamente, buscó alejarse del romanticismo apasionado y envolvente propio del Segundo y el Tercero para buscar nuevas vías de expresión más acordes con la época y el país que le había acogido, Estados Unidos. Aun así, el concierto tiene un brío y una brillantez extraordinarios.

Si, además, cuenta con un solista de lujo, poco más hay que decir. Francesco Piamontesi lo es, de ahí una versión que, partiendo de una articulación tan precisa como nítida, unos ataques fulgurantes y un sentido rítmico arrollador, superó uno tras otro los endiablados malabarismos técnicos exigidos por Rachmaninov en los dos movimientos extremos, para luego recrearse en el lirismo soñador del tema principal del Largo.

La OBC y Morlot no le fueron a la zaga en cuanto a energía, a veces, como en el Allegro vivace final, con un sentido teatral, incluso cinematográfico en su dinamismo, que le va como anillo al dedo a la partitura.

Para redondear la velada, solo faltaba que la versión de La consagración de la primavera no defraudara. No lo hizo, ni por parte de la OBC, bien familiarizada con un ballet que en tiempos recientes ha tocado bajo la dirección de batutas tan diferentes como Kent Nagano o Alondra de la Parra, ni por la de Morlot, que encuentra en él una de sus especialidades.

La lectura fue así extraordinariamente clara en sus distintos planos, con ese carácter afilado, incisivo, cuando no brutal, que la partitura requiere. No obstante, dio también la sensación de que el director estaba más atento a tenerlo todo bajo control que a buscar una interpretación más personal. En todo caso, una obra así no deja nunca indiferente.

Juan Carlos Moreno

 

Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya / Ludovic Morlot. Francesco Piamontesi, piano.

Obras de Samper, Rachmaninov y Stravinsky.

L’Auditori, Barcelona.

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