Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Timothy Brock, banda sonora para Foolish Wives - por Ramón García Balado

Santiago de Compostela - 21/11/2022

Timothy Brock, curso a curso, con la Real Filharmonía de Galicia, se fue convirtiendo en un valor de referencia para Cineuropa y que para esta ocasión le tuvimos para la banda sonora de Foolish Wives, de Erich von Stroheim, bajo su propia dirección. Aquel Stroheim que marcaría su impronta en Hollywood, por su agresiva personalidad, desde papeles de perverso prusiano a un complejo individuo con enfrentamientos continuos con el sistema del mundo empresarial de los estudios cinematográficos, a consecuencia de las ostentosas producciones que pretendía llevar a cabo.  

Llegará el cineasta que sus litigios con la Universal, pondrá un importante escalón con Los amores de un príncipe, antes de firmar con la MGM, para abordar el gran proyecto de la emblemática Avaricia (Greed), relato muy a su gusto de la vida de los bajos fondos. Una adaptación del relato de Frank Norris McTeague. Pero es otro el cineasta que nos apuraba para el evento de la jornada, en un trabajo que sería punto de continuación para Corazón Olvidado, nacido de un encargo de Laemmle y que sería The Devil´s Passkey, de 1920, una historia sencilla de desencuentros  en el ámbito familiar, con marido ultrajado al que daría cuerpo Sam de Graase.

Un paso más, y nos tropezaremos con otro compromiso procedente de Laemme, en concreto con Foolish Waves (Esposas frívolas), un trabajo a gran escala que podría haber sido inspirado en turbios asuntos sexuales y de pura pasta gansa trajinada en Reno (Nevada), urbe en la que el dinero manaba entre las alcantarillas- el juego, divorcios a todo trapo y demás afrentas cotidianas, de fácil resolución- , aunque el cineasta, apostaría definitivamente por Montecarlo-. Foolish Wives, resultó el primer filme maduro del cineasta, en un trabajo que se convertirá en esa firma que resultará incontestable. Laemme, no dudó en proporcionarle los recursos financieros, que alcanzarían la suma de más de un millón de dólares y que para mayor alarde de posibilidades, recurría a grandes paneles publicitarios distribuidos por Nueva York. Foolish Waves, añadía la interpretación del cineasta, como típico europeo canalla y carente de cualquier principio ético (un retorcido falsificador y  consumado pederasta, que se hará pasar por el Conde ruso Karamzin).

De nuevo, una pretensión de seducción con una mujer casada que se encontraba de vacaciones. Puro Stroheim y que además, dará argumento a todo tipo de especulaciones, entre las que no faltaron las sospechas de posibles asuntos autobiográficos. Para el analista Denis Marion, cerraremos aspectos de interés, como el de admitir que no procedía de una aristocrática familia vienesa, devota y convencional, sino que procedía de una familia judía en la que su padre era un artesano-sombrero. Foolish Wives, en la que cubrió su propio rol con excelente idoneidad, reconstruyó a gran escala el Casino de Montecarlo, así como un hotel y el café de París, cuyos decorados pesaron sobre el presupuesto global, permitiéndole llevar a cabo un auténtico capricho, auspiciado por los detalles que contribuyeron a su caprichosa imaginación. Ya el primer montaje, había durado seis horas, lo que soliviantó la actitud de sus promotores  Laemmle y Thalberg.

Timothy Brock, siempre bien recibido, fue restaurador de cine mudo, en obras como La Nueva Babilonia (banda de D.Sohstakovich) o Cabiria, la épica italiana de Manilo Mazza y los estilismos dadaístas de Eric Satie, en Entr´act; en el Ballet mecanique, de G.Antheil; El asesinato del Duque de Guisa, de  Camille Saint-Saëns o la Sinfonía del fuego de Ildebrando Pizzetti. Mayor gloria, vendrá gracias a Charles Chaplin- recuerdo de la convocatoria pasada por The Pilgrin, cuya banda sonora era del propio Chaplin-, igualmente City Lights, Golden Rush, o El circo, materia que se añadirá a la recuperación de viejos acetatos,  realizados en 2004, intenso y grato trabajo de unas 13 horas, de Chaplin, componiendo al piano. Un motivo para una nueva partitura, Una mujer de París, trabajo que dirigirá en varios conciertos, desde el Cinema  Ritrovato (Bolonia), el Kino-Babylon  (Berlin), o el registro realizado con la Orquesta Città Aperta (Roma), con la que incluyó Golden Rush.

Un trabajo de orquestación para Foolish Wives, que perfilaba detalle a detalle cada cuadro de esta tremebunda trama, y que añadía la participación de la pianista Haruna Takebe, que recrearía aspectos tan propios de los acompañamientos a secas de los filmes de las silent movies.

Timothy Brock, especialista en toda regla del depauperado género de las llamadas Músicas degeneradas (Die Enterte Musik), vilipendiadas por los capos del Tercer Reich, se interesó con las cabezas pensantes de tantos músicos condenados al exilio o a desgracias que les costaron sus propias vidas. Tuvo a bien abordar estrenos como la Sinfonía nº 2, de Erwin Schulhoff o Niemanslied y Kulhe Wampe, de Hanns Eisler, a las que añaden recuperaciones como El Emperador de la Atlántida, de Viktor Ulmann, culmen de las amarguras desde el campo de Terezin. Un capitulo que incluye obras emblemáticas de Erwin Schullhoff (1894/1942), Franz Schreker (1878/1934), Alexander von Zemlinsky  (1871/1942), Hans Krása (1899/1944), Gideon Kleine (1919/44) o Pavel Haas (1899/1944).

Otro aspecto en la carrera de Timothy Brock, es el que dedica a obras concertantes, sinfónicas y camerísticas y hasta corales. Una beca del Estado de Washington, le permitió componer su ópera  Billy, sobre libreto de Bryan Willis, además del divertimento Cinco imágenes postales para orquesta, mientras enfocaba su ópera siguiente, Mudhney.

Ramón García Balado

 

Cineuropa

Real Filharmonía de Galicia / Timothy Brock

Música de Timothy Brock (Banda sonora restaurada y estreno en Europa)

Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela

52
Anterior Crítica / Ariodante: Sa trionfar ognor… - por Ramón García Balado
Siguiente Crítica / El ritual y la intérprete - por Juan Gómez Espinosa