Entre la selecta programación camerística de la Sociedad de Conciertos de Alicante para la presente temporada, la presencia del Cuarteto Jerusalem ha significado un punto culminante de su contenido actuando con obras muy destacadas del repertorio de cada uno de los tres compositores elegidos para su primera visita a tan prestigiosa Sociedad alicantina, que no ceja en su empreño de traer al escenario del Teatro Principal de la capital de la Costa Blanca aquellos solistas y grupos que más pueden aportar estéticamente a su ya más de medio siglo de historia, lo que la convierte en una de las instituciones culturales más relevantes en su clase en España.
Fue el Cuarteto Op. 76 núm.4-Hob III: 78 “Sunrise”(Amanecer) de Franz Joseph Haydn con el que iniciaron el concierto apreciándose de inmediato las cualidades esenciales de sus cuatro componentes, entre las que destaca la homogeneidad tímbrica, liderados por el violinista de origen ucraniano Alexander Pavlovsky, fundador en 1996 de este insigne grupo, que marcó el estático nivel dinámico con el que empieza esta obra, para impulsar al resto de los músicos en el repentino forte que le sucede como inicio de su desarrollo y la aparición de su segundo tema. Llamó la atención la arrebatada pujanza con la que concluyeron el primer movimiento, Allegro con spirito, terminando en un espectacular fortissimo. El Adagio fue todo un ejemplo de introspectiva acción musical, en la que el diálogo entre los componentes marcó sus alternantes tensiones, realzadas desde unos silencios que precedían a los determinantes cambios armónicos que propone el compositor, como ejemplo de su singular maestría en esta forma musical. En el minueto que ocupa el tercer movimiento, estilizaron al máximo su inspiración popular apareciendo la notas tenidas del violista ucranio Alexander Gordon, también conocido como Alexander Zemtsov, y del chelista bielorruso Kyril Zlotnikov, también fundador del Cuarteto Jerusalem, como efecto de sustentación de su motivo folclórico realzando así la belleza de su fascinante trío central que vino a convertirse en uno de los momentos más singulares del concierto. El Allegro ma non troppo con el que concluye la obra fue todo un ejemplo de brillante aceleración con la que los músicos exhibieron todos sus recursos técnicos con profusión y absoluta eficacia, cediéndose entre sí el protagonismo en este movimiento de oscilante tímbrica.
La obra que completaba la primera parte de la velada fue uno de los cuartetos más sugestivos del siglo XX; el que escribió el compositor checo Leoš Janáček inspirado en la novela corta de León Tolstoi, La Sonata a Kreutzer. Con ella el Cuarteto de Jerusalem hizo toda una demostración dramática ajustándose en cada uno de sus cuatro tiempos al contenido literario “tolstoiano”, con los celos como trágico tema central de su relato. Para conseguir tales efectos, acentuaron en todo momento el carácter fragmentario de la obra a partir de los motivos cortos y entrecortados que se repiten y transforman rápidamente. Acudieron con cierta frecuencia a la sonoridad que surge de la técnica sul ponticello como factor contrastante de la personalísima descripción musical que representa esta obra y, finalmente, transformaron la sonoridad de los instrumentos llegando a una especie de resonante “guturalidad”, que acrecentaba la expresividad trágica del último movimiento.
Este excepcional concierto estuvo dedicado a Beethoven en su segunda parte a través de su Cuarteto en Si bemol mayor, Op. 130 y la inefable Gran Fuga, Op. 133, inmediatamente después, como culminación de esta obra para la que fue pensada. Tal oportunidad representaba todo un privilegio para el espectador que suele escucharla aislada. Entrar a valorar la relevancia de estas dos obras maestras de la música y la cultura es un asunto que no ha sido resuelto completamente por los tratadistas técnicos y la ciencia musicológica, dada su magnitud conceptual y enorme rompimiento estético, tarea que dura ya más de dos siglos. Los componentes del Cuarteto Jerusalem, conscientes de tal dimensión se adentraron en sus compases con la responsabilidad de dar plena justificación a su retador contenido, encontrando ese particular tránsito de lo sombrío a lo juguetón y de lo contemplativo a lo alegre que contiene el Adagio ma non troppo-Allegro inicial, haciendo un verdadero logro de su natural polifónico determinado a lo largo de su desarrollo hasta su conclusiva coda, que expusieron como un sensible recordatorio del tema inicial. Seguidamente descubrieron el aspecto mágico que desprenden las notas del Presto, realzando con destello el ambiente ligero e ingenioso de su discurso. Matizaron con verdadero refinamiento y atisbos de melancolía el tercer movimiento llegando a su momento álgido en su anhelante final que trataron con contrastante jovialidad. Con significante sentido rústico trataron el “tedesco” cuarto movimiento, realzando su inestabilidad rítmica, para terminar afrontando la famosa Cavatina subsiguiente que supieron discernir perfectamente en sus concentradas y distintas ideas melódicas así como en su recitado episodio central en el asumieron al detalle expresivo su particular carácter atormentado, indicado con el término beklemmt (sofocante), que presentaba el primer violín, articulando una especie de suspiro que no terminaba de romper en llanto. Se produjo así el momento más relevante de la actuación de este extraordinario Cuarteto de Jerusalem, dejando huella de verdadera excelencia.
Éste puso fin al concierto con una magistral interpretación de la Gran fuga en Si bemolmayor, Op. 133 que precisamente Beethoven compuso pensado en el ser el movimiento final del Cuarteto Op. 130 lo que significaba para el oyente encontrarse con esta primigenia idea del autor. Se puede valorar resumidamente que su ejecución fue todo un ejemplo de precisión técnica, profundo lirismo y claridad expositiva de esa intención metamusical del compositor de reconciliar los contrarios como un deseable resultado final de encuentro con lo absoluto musical, que llevó a Ígor Stravinski a considerar esta gran fuga como un modelo de audacia creativa todavía no superado. Como respuesta a la muy favorable reacción del público con un intenso aplauso, repitieron el Presto que ocupa el segundo movimiento del opus 130.
Poder transmitir ese grado de excelencia como lo ha conseguido el Cuarteto Jerusalem en el escenario del alicantino Teatro Principal significa que su actuación ha sido una actuación que pasa a la historia de la Sociedad de Conciertos de Alicante con máxima relevancia y absoluta referencia artística, que ha vuelto a poner el listón de su programación entre los mejores posibles no solo a nivel nacional sino en el panorama internacional, dejando la impresión en el aficionado de haber sido privilegiado espectador de uno de los mejores grupos instrumentales en su particular formato existentes actualmente en el mundo, lo que dice mucho de la enorme calidad de la programación que ofrece esta tan importante institución musical.
José Antonio Cantón
SOCIEDAD DE CONCIERTOS DE ALICANTE
CUARTETO JERUSALEM - Alexander Pavlovsky y Sergei Bresler (violín), Alexander Gordon (viola) y Kyril Zlotnikov (violonchelo)
Obras de Ludwig van Beethoven, Franz Joseph Haydn y Leoš Janáček
Teatro Principal de Alicante. 16-III-2026
Foto © Ángel Juste