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Crítica / Steven Isserlis, o la sabiduría de la madurez - por Juan Francisco Román Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria - 17/11/2022

El quinto concierto de abono de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria nos trajo a un viejo conocido, el cellista Steven Isserlis, junto al concierto para cello por antonomasia, de Dvorák. El británico nos ofreció una visión meditada y profunda, madura, sombría por momentos, a lo que ayudó su sonido no muy grande y un tanto velado. Solventó los rápidos pasajes virtuosísticos con la precaución y solvencia que da una extensa carrera, incluido algún apuro, recreándose ampliamente en los momentos poéticos, con instantes emocionantes como la sección central del movimiento lento, con sus diálogos entre las maderas, concertino y el solista o la elegíaca coda conclusiva.

Karel Mark Chichon dirigió con la entrega que le es propia, en esta ocasión tal vez excesivamente arrebatada. Los grandes tutti fueron auténticas oleadas de sonido, algo bruscas por momentos. Por otra parte, en su acompañamiento al solista costaba diferenciar con claridad la parte del cello. Es cierto que la proyección del sonido de Isserlis era escasa, pero es que este problema se mantenía incluso en pasajes donde únicamente tocaban las maderas. La segunda parte del programa nos devolvió al mejor Chichon.

La Rapsodia española de Ravel ratificó su afinidad con la música española, en esta ocasión pasada por el tamiz impresionista francés, en una lectura excepcional, ejemplarmente aireada y respirada, donde los numerosos planos sonoros se escuchaban con admirable transparencia, valga resaltar la nitidez con que se apreciaba a las siempre problemáticas arpas y celesta, evitando el peligro a la dispersión y el difuminado que acecha a este tipo de música, gracias a un pulso rítmico firme pero flexible, que le permitió rubatear con naturalidad y desarrollar óptimamente las acumulaciones de sonido desde etéreos pianísimos a grandes explosiones del tutti en fortísimo, donde cada instrumento mantenía su carácter y color característicos.

El estreno de Caminos de la compositora local Celia Rivero Santana, fruto del compromiso de Chichón con la creación actual de las islas, fue una buena muestra de por donde transitan los intereses de las nuevas generaciones compositivas. Abandonadas hace mucho las sendas de las vanguardias del pasado siglo, se está por una música bien sonante que no asuste al público, realizada con profesionalidad pero escasamente original, echando manos de fórmulas estandarizadas, que tan buen resultado dan en la música fílmica donde se desarrolla principalmente la carrera de Celia Rivero.

La obra incluyó una importante parte pianística impecablemente tocada por Nauzet Mederos y obtuvo una buena acogida del público, aunque creo que situarla justo tras la Rapsodia Española de Ravel no la benefició por las inevitables comparaciones. La Rapsodia Rumana nº 1 de Enescu puso fin a la velada en un clima de exaltación, gracias a una batuta en su salsa, vehemente pero sin perder el sentido de las proporciones, certeramente equilibrado entre los pasajes melancólicos y las jubilosas recreaciones de la música tradicional rumana, modélicos los diminuendos de los violines al modo de los violinistas tradicionales rumanos.

Juan Francisco Román Rodríguez

 

Steven Isserlis, cello.

Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Karel Mark Chichon.

Obras de Dvorák, Ravel, Celia Rivero Santana, Enescu.

Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria.

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