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Crítica / Formidable Benjamin Bernheim - por Francisco Villalba

Madrid - 30/01/2026

Le había escuchado en directo solamente una vez, en una representación de Los cuentos de Hoffmann en el Festival de Verano de Salzburgo de 2024.La impresión que me causó fue muy positiva; la voz le corría perfectamente en una sala de las descomunales dimensiones del Grosses Fetspielhaus de dicha ciudad.

Posteriormente he seguido su trayectoria como intérprete del repertorio, sobre todo francés, para tenor lírico y sus constantes éxitos en los escenarios de ópera más importantes del mundo. Pero a pesar de todo, en estos tiempos en los que el ditirambo es tan frecuente y, en muchas ocasiones, tan poco justificado, ponía en duda muchas de las alabanzas que se le dedicaban, entre ellas que, desde Pavarotti, no había surgido un tenor como Bernheim, opinión que me parece de lo menos acertada, primero porque la voz del tenor de Modena no ha tenido ni tiene parangón, segundo porque la técnica de Pavarotti dejaba mucho que desear y la de Bernheim es impecable.

Por todo esto sentía un gran interés por su presentación en Madrid con un programa un tanto ajeno a los gustos del público de los ciclos de lieder del Teatro de la Zarzuela.

Ya en la primera parte del recital, con obras de Gounod, Hahn y Chausson, se vislumbraron las virtudes del tenor, una dicción de su lengua materna perfecta y una facilidad incomparable para iluminar canciones muy alejadas de cualquier emotividad. Pero llegó la segunda parte del programa y se obró el milagro. ¿Quién dijo que la mélodie es insulsa y monótona? Bernheim demostró que la mélodie es un género vivo e incluso emocionante. Tanto en la selección de las maravillosas “Nuits d’été” de Berlioz, como en esas obras maestras inigualables “Invitation au voyage”, “Chanson triste” y “ Phidylé”, de Duparc, el tenor fue el perfecto intérprete, haciendo gala de una voz sin fisuras, capaz de moverse en todos los registros con una facilidad pasmosa.

Finalmente cumplió con más que dignidad con el “Combat del somni” de Mompou en buen catalán, con “Los dos miedos” de Turina, y con la melancólica milonga “Canción del árbol del olvido” de Ginastera. En esta sección se le vió menos seguro, sobre todo con la obra de Mompou en la que no apartó la vista de una tableta con la partitura. Pero este detalle fue peccata minuta ya que las interpretó divinamente.

Finalmente regaló al público, ya entregado, lo que fue el desideratum de la noche, dos propinas, en la segunda,  “E lucevan le stelle” de Tosca, Bernheim demostró que Puccini se puede interpretar con una voz lírica, con tanta emoción y más sutileza que con instrumentos canoros de más peso. Pero para el que esto escribe, en lo que el tenor estuvo fuera de serie fue con la conmovedora “Puorquoi me réveiller” de Werther de Massenet, en la que desplegó una serie de matices, un poderoso acceso a la zona aguda y una grandeza interpretativa de las que están reservadas a muy pocos artistas. Con este lamento, a pesar de su exhibición en el alargamiento de dos agudos,  se pudo comprobar por qué hoy en día es el rey en el repertorio de su país.

Y no quiero olvidarme, porque sería una imperdonable injusticia, de Borja Mariño al piano que le dio la réplica perfecta y que toda la velada se fundió con el tenor con una musicalidad y exquisitez fuera de serie.

Francisco Villalba

 

Benjamin Bernheim- tenor. Borja Mariño- piano

Composiciones de Charles Gounod, Reynaldo Hahn, Ernest Chausson. Hector Berlioz. Henri Duparc. Federico Mompou. Joaquin Turina. Alberto Ginastera.

Ciclo de Lied, CNDM

Teatro de la Zarzuela, Madrid

 

Foto © Elvira Megías

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