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Crítica / Sokolov y Purcell - por Juan Berberana

Madrid - 05/03/2023

En agosto pasado se le concedió a Grigori Sokolov la nacionalidad española. Pocos meses después de la invasión rusa de Ucrania. La discreción de nuestro pianista nos impide relacionar ambos sucesos. Pero que duda cabe que, para el público (y para este crítico), este inigualable artista está cada día está más cerca de nuestros corazones, como lo está también el valeroso pueblo ucraniano. 

Sokolov ha preparado, para su gira 2023, un programa ciertamente novedoso con la ejecución, en la primera parte, de una extensa selección de piezas de Henry Purcell. Fundamentalmente 3 de las 8 Suites para clave (o para espineta. No siempre está claro el destino primigenio), los números 2, 4 y 7, rodeadas en su interpretación (de continuo y sin interrupciones) de otras piezas singulares, llenas de alusiones a melodías escocesas (Z.655) e irlandesas (Z.646), o de la Chacona ZT.680, con la que cerró este apartado, que tomaba como base otra propia del Timón de Atenas.

La originalidad de esta selección es tal, que baste con decir que en disco (donde prácticamente se encuentra “todo”) solo hemos podido localizar una grabación de Purcell al piano, del pianista ruso Anton Batagov (en Melodiya, 2018), junto a otras piezas de Bull y Dowland. Y conforme evolucionó la interpretación de éstas, pudimos entender la razón de esta carestía.

Este corpus transmite una cierta sensación de monotonía, por más que las lecturas de nuestro pianista resultaron realmente arrebatadoras. Sokolov obra un pequeño milagro gracias a esa pulsación tan especial (y percutiva) con la que se enfrenta al piano. También gracias a su capacidad de elaborar los adornos musicales, en este repertorio, con una transparencia absoluta (con un delicado uso del pedal). Ambos aspectos convierten el teclado de Purcell, al piano, en una realidad singular. Pero no acabamos de tener claro la necesidad de dedicar tanto tiempo a las mismas. Probablemente una selección más limitada hubiera ayudado a entender y valorar este descubrimiento, de manera más eficaz. El teclado de Purcell no es Bach, ni tan siquiera Rameau. Eso sí quedó claro. Solo un pianista como el ruso puede permitirse tal empeño, sin que el público mostrara un atisbo de desconformidad. De cualquier manera, todo un hallazgo.

El Mozart de la segunda parte, la Sonata KV 333 y el Adagio KV 540, nos devolvieron a una cierta normalidad. El Mozart de Sokolov no es novedad. En la Sonata nos volvió a dejar perplejos con una lectura casi milagrosa, pero plenamente canónica. En el Adagio si se notó la intencionalidad premonitoria de la pieza, respecto a la llegada del romanticismo musical años después. Mozart se anticipa y Sokolov lo deja muy claro, en una ejecución pronunciadamente melancólica. Una delicia.

El concierto paralelo de propinas fue generoso y, como en otras ocasiones, se inició con alguna pieza del programa del año anterior. En este caso el num.2 del opus 117 de Brahms. Después Chopin, Rachmaninov, Bach… Los años pasan (nuestro pianista ya tiene 72) pero la generosidad se mantiene. Nuevo éxito.

Siguiente parada en Grandes Intérpretes, el pianista polaco Piotr Anderszewski. Esperemos que el público vuelva a responder en audiencia, como lo hizo con Sokolov.

Juan Berberana

 

Grigori Sokolov, piano.

Obras de Purcell y Mozart

Ciclo Grandes Intérpretes (Fundación Scherzo)

Auditorio Nacional, Madrid.

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