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Crítica / Sokolov, 25 años en Grandes Intérpretes - por Juan Berberana

Madrid - 03/03/2021

No es una efeméride menor (debutó en el ciclo en 1996). Y aunque el pianista de San Petersburgo tenía sobrados motivos de alegría, su nueva presencia en el ciclo Grandes Intérpretes no pareció satisfacerle en plenitud. Su anterior visita (hace un año) marcó el inicio de la etapa más negra de la cultura musical y escénica reciente, por culpa de la pandemia. No sabemos si las limitaciones del concierto (en tiempo y descansos) o algún problema de afinación del instrumento (que, al menos yo, no detecté) pudieron influir. Mientras tanto, Madrid se ha vuelto un oasis musical, en el actual entorno mundial de restricciones, y no dudamos que de ello saldremos todos fortalecidos (con mención especial al Teatro Real). En el ámbito del piano, ello nos permitirá disfrutar, en menos de un mes, de los 3 máximos exponentes de las últimas generaciones en activo del piano ruso: Sokolov (1950), Kissin (1971) y Trifonov (1991). ¿Alguien da más…?

Yendo al programa, es curioso constatar que Chopin no es uno de sus compositores más habituales de Sokolov. Su última inclusión data de 2014. Era mucha la expectación, que aumentó al comprobar la elección de cuatro de las Polonesas más reconocibles del polaco. Nuestro pianista entiende la forma desde la perspectiva doliente, más que desde el componente rítmico inherente a su teórico antecedente danzado. Por ello, parece optar por unas lecturas especialmente pausadas. Donde el uso del rubato, esencial en Chopin, alcanza su nivel de expresión máximo.

Curiosamente, como luego nos pasaría con Rachmaninov, fueron en los pasajes de bravura donde más disfrutamos de su lectura. El piano subjetivo de Sokolov, llevado al límite, creo que no cuajó en plenitud en las Polonesas opus 44 y opus 53. Sí lo hizo, de manera milagrosa, en las dos Polonesas opus 26. Para mí, lo más destacado, junto al ramillete de propinas, también del polaco. Pero nadie es capaz de interpretar el Chopin más “habitual” de una manera tan separada del canon y tan profundamente doliente. Una auténtica maravilla.

Como también lo fueron los 10 Preludios opus 23, de Rachmaninov. Mucho más “canónico” que, en Chopin, pero también oscilando entre la melancolía y la bravura. También nos quedamos con esta segunda versión del ruso, muy evidente en los majestuosos num. 2 y num. 5 (Alla marcia). En el resto volvimos a la melancolía. Esa, de la que no nos separamos, cada vez que abandonamos la sala de conciertos.

Sokolov sigue impresionándonos y, quizás más importante, sigue sorprendiéndonos. Y solo podemos darle las gracias, porque cada concierto suyo sigue siendo una experiencia única. El público madrileño se lo agradeció, demostrándole, un año más, que es uno de sus favoritos (o, quizás, su favorito).

Juan Berberana

Grigori Sokolov, piano.

Obras de Chopin y Rachmaninov

Grandes Intérpretes, Fundación Scherzo

Auditorio Nacional, Madrid.

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