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Crítica / Sobresaliente Aida en Granada como broche final de oro - por Jerónimo Marín

Granada - 14/07/2026

Una edición más el Festival de Granada llega a su fin y este año de manera espectacular con un título muy atractivo, pero nada fácil,  Aida. Como es bien conocida la historia de su creación y el momento de madurez estilístico de su autor cuando la creó, centrémonos en su interpretación; y como fue en versión concierto, en cuanto a su puesta en escena baste con decir que solventaron muy bien los internos del cuarto acto, colocando al coro en las escaleras que suben a la galería de la derecha junto a un arpa semiescondida, por lo que lograron la distante sonoridad precisa, y que se usó la galería en el centro para aparecer la Gran sacerdotisa en el acto 2, con gran efecto dramático, y en los laterales tres trompetas a cada lado para la marcha triunfal que cierra justamente ese segundo acto, añadiendo esa magnificencia sonora que requería la escena.

El elenco, que sufrió algunos cambios con respecto al que había protagonizado las ocho funciones de la Maestranza, fue de nivel muy alto, sin fisuras. El papel de Radamés, con su aria de salida, ni más ni menos que la conocidísima “Se quel guerrier io fossi…. Celeste Aida”, fue Francesco Meli, un tenor sólido, de voz timbrada, agudos fiables y una línea de canto impecable coloreada a su voluntad para expresar la parola drammatica, que es el concepto esencial verdiano. Su experiencia le permitió detectar una posición en el escenario, digamos que a un tercio a la izquierda del frente, donde la maravillosa acústica del Palacio de Carlos V multiplicaba su emisión, creando la sensación de llenar todo el palacio.

Junto a Meli, la Aida de Olga Maslova también era distinta de los que había participado en Sevilla. ¡Qué facilidad de canto! A priori, la primera impresión era la de una voz muy normal, pero conforme fue pasando la noche y llegaba al duo final intacta, con toda la emisión colocada y con pasmosa facilidad de encararse a las diferentes si bemoles agudos, no quedaba sino rendirse a ella. Pero además, dotó de gran lirismo a su canto y como actriz es excelente, mostrando el dilema irresoluble de su situación.

Amneris, cantada por la georgiana Ketevan Kemoklidze, una de las mejores mezzos actuales, cantó con arrojo y valentía su papel. Tiene buen dominio técnico y se entregó emocionalmente en su canto.

También fue de calidad el Amonasro de Fabián Veloz, especialmente en su duo con Aida del tercer acto. Y en los bajos, con dos papeles para ellos, Inho Jeong como Ramfis adoleció de cierta falta de contundencia en su prestación; sin embargo, Manuel Fuentes como el Rey, aún joven cantante al que no veíamos desde el año 2020 cantando un pequeño papel en Farinelli de Bretón en la Zarzuela, justo al inicio de su carrera, ha evolucionado de maravilla y presenta una voz homogénea, de emisión timbrada y segura, con un color auténtico de bajo y cada vez mayor dominio escénico, de todo lo cual nos alegramos pues no tenemos en nuestro país tanto representantes internacionales de esta tipología vocal.

 Por último, muy bien Patricia Calvache como Gran Sacerdotisa a pesar de su lejana ubicación, y Néstor Galván, en el breve Mensajero.

El coro de la Maestranza tuvo una bella intervención en el inicio del acto segundo, con la sección masculina en un pianísimo maravilloso de perfecta articulación que se escuchaba sin problemas, aunque tuvo más dificultades para ser escuchado en la escena final de la Marcha triunfal, sobre todo la sección femenina, que con solo 24 mujeres era insuficiente para igualar el sonido de la orquesta, o al menos, aportar su color.

La ROSS se mostró pletórica y demostró por qué es una de las mejores orquestas españolas: no hubo solista malo -¡qué buen color el de las flautas en las danzas, con un registro grave redondo y amplio!-, con un sonido redondo y una percusión muy bien ajustada en los tutti. Dominic Limburg, joven director del que no teníamos noticias, fue claro en su gesto y, sobre todo, con una virtud imprescindible cuando se dirige ópera: no perder nunca la propulsión, que la música siempre tenga dirección hacia adelante y no se caiga. Estuvo muy pendiente de los cantantes y eran continuos los gestos de complicidad con la orquesta.

Así pues, se pueden imaginar la reacción final del público, aplausos sinceros y prolongados, que también existieron en bastantes momentos durante la representación, lo cual nos permite sacar dos conclusiones: la primera, que el público disfrutó del concierto sin lugar a dudas, y la segunda, que allí nadie se acordó de la puesta en escena porque el propio Palacio de Carlos V era el soñado escenario de Aida.

Jerónimo Marín

 

Aida, de Verdi.

Olga Maslova, Aida. Francesco Meli, Radamés. Keteva Kemoklidze, Amneris. Inho Jeong, Ramfis. Fabián Veloz, Amonasro. Manuel Fuentes, el Rey.

Coro Teatro de la Maestranza.

Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.

Dominic Limburg, director.

Palacio de Carlos V, Granada. 12-07-2026.

 

Foto © Lucía Rivas

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