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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica - Simbolismos oníricos (Orquesta Sinfónica de Galicia)

A Coruña - 30/04/2019

Fernández Barredo, Premio AEOS por Nocturno sinfónico obra de connotaciones oníricas en dos espacios y que marca itinerario simbólico desde la entrada en La, con el vibráfono que sucesivamente se va trasmitiendo al resto de la orquesta, entre otros elementos y gestos, para entregarse a un eclecticismo que necesariamente se expresa con técnicas actuales, que algo de deuda reconoce con Ligeti y Adams. Obra que necesariamente crea una situación de permanente inestabilidad, dentro de esa búsqueda de sensaciones de agobiante obsesión que se agudiza en el segundo tema Pesadilla.  Colin Matthews- Concierto para violín-, tuvo como solista a quien le dio vida, Leila Josefowicz, y aquí confluían razones esenciales, ya que la violinista se resuelve en estas tendencias con estrenos a tenor de su credo estilístico, obras como Scheherezade nº 2, de Adams o Duende-Las Notas Oscuras, de Luca Francesconi.

La obra soporta una persistente carga expresionista, que curiosamente puede acercarse al Nocturno sinfónico. Dos movimientos igualmente comenzando por un abrumador uso de elementos orquestales que marcan el trazado de una composición que, para más detalles, obvia la posible cadencia, ya que la solista habrá tenido a esas alturas un ciclópeo despliegue de arabescos y rebuscamientos en clara oposición a la propia orquesta. Cada movimiento resulta una propuesta en sí misma y sin aparentes líneas de relación. No hay, por las mismas razones, un título que presuponga una línea de orientación, pero se capta perfectamente la intencionalidad pretendida por Matthews.

Jean Sibelius con la Sinfonía nº 2, en Re M. Op. 43, en una paleta orquestal que ayuda al director a tentar los mejores argumentos de la orquesta. Un Allegretto con ese a modo de pastoral prometido por el oboe, el pasaje del oboe o el lamento de cuerdas al unísono, para encaramarse con un timbal en fortissimo. El Tempo andante, ma rubato marcado por los pizzicati de los chelos o el tema premioso apurado por los fagotes, en una distanciada actitud, para que el Vivacissimo se plante en sus reales, mientras aguarda los prepotentes acentos de golpes de timbal, permitiendo un placentero diálogo marcado por el oboe, antes de abocarnos al Finale de perfiles heroicos, en el que la orquestación manifiesta a sus anchas las fronteras en la declaración de intenciones en un compositor que en cierta manera, comenzaba a orientarse en el marco de un ideario, y en el que encontraría un incuestionable apoyo en el barón Axel Carpelan. Una sinfonía, la Segunda, en Re M. Op. 43, que gana en consideración precisamente en la puesta en atriles cara al aficionado.

Ramón García Balado

Leila Josefowicz. Orquesta Sinfónica de Galicia / Daniel Bjarnason.
 
Obras de Marcos Fernández Barrero, Colin Matthews y J. Sibelius.
Palacio de la Ópera, A Coruña.

Foto: Leila Josefowicz (© Chris Lee).

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