Es I Masnadieri la decimoprimera ópera del músico de Róncole, con anterioridad había cimentado su fama con obras como Nabucco, I Lombardi, Ernani, I du Foscari, Giovanna d’Arco, Attila y, nada menos, Macbeth. No he mencionado Oberto, ni Un giorno di regno, ni Alzira, porque ninguna de ellas logró una acogida popular, cosa que también le ocurrió a la ópera que comento. Se estrenó en Londres que gran éxito, pero dicho éxito, fue un espejismo, ya que después pasó a engrosar la lista de las óperas del compositor, menos representadas, hasta llegar a ser casi olvidada.
El libreto escrito por Andrea Maffei, basado en Die Räuber de Schiller, contiene una de las tramas más rocambolescas, tétricas y desmesuradas que imaginarse puedan. Los dos principales personajes masculinos son rayanos a lo diabólico, su padre tampoco es un ejemplo de bondad, los coros cantan textos horripilantes y en esta espelunca solo existe una luz, la del personaje de Amelia. Pero estos mimbres no le impidieron a Verdi servir a tal desaguisado con la magia de su música. Una vez más demuestra porque es uno de los emperadores de la ópera con Wagner. Verdi ilustra a las situaciones y a los distintos personajes con tal habilidad y maestría que al final se soslayan todos los defectos de la obra en sí, imprimiéndole un lirismo, una fuerza, incluso una violencia que acaba arrebatando al público más impermeable. Y esto ha ocurrido en esta representación de la obra en concierto en el Teatro Real.
Todos los compositores piden buenos directores de orquesta, buenos coros, y buenos cantantes a los que exige que además de poseer una técnica canora de primera, sean excelentes intérpretes a niveles teatrales. En Verdi tienen que tener un dominio absoluto del belcanto y un empuje dramático de muchos quilates.
El reparto en el Real ha rozado lo espectacular. En sus cortos papeles Alejandro del Cerro como Arminio, George Andguladze como Moser y Albert Casals como Rolla cantaron maravillosamente, haciendo mucho más que salvar sus intervenciones con una actuación de compromiso. Como Massimiliano, conde de Moor, padre de Carlo y Francesco y tío de Amelia, el bajo Alexander Vinogradov, encarnó el con autoridad y una voz oscura muy ídonea al personaje.
Como Carlo Piero Pretti mostro una buena escuela y supo sacar adelante su papel con seguridad, pero eche en falta una mayor sutileza en el fraseo. Pero una buena interpretación de este personaje que comparten ciertas similitudes con Ernani.
El “malo”, es decir Francesco Moor, interpretado por Nicola Alaimo fue apabullante. Sustituyendo al barítono anunciado, tuvimos la suerte de asistir a una interpretación antológica del perverso personaje. Alaimo posee una voz de barítono verdiano, cosa que hoy hay que buscar con lupa, grande, redonda con unos maravillosos timbres oscuros rotundos. Su Francesco Moor, personaje que parece anunciar el Yago del Otello, Verdiano, fue una creación musical y dramática fuera de seria. Su monologo en el IV acto “Pareami che sorto…” Fue de poner el pelo de punta. Inolvidable
Pero todos sabíamos que el eje de la representación iba a ser Lisette Oropesa como Amalia. El papel fue creado para la legendaria soprano sueca Jenny Lind y a ella dedico Verdi algunos de los momentos más delicados de la partitura y de los más peliagudos, vocalmente hablando, como por ejemplo la cabaletta “Carlo vive? O caro accento”.
Para servir al papel hemos contado con una gran intérprete, la tan querida en Madrid, Lisette Oropesa que dio una lección de canto tanto en la parte elegiaca, con un legato extraordinario, como en la más espectacular, antes nombrada “Carlo vive…” donde hizo una exhibición de trinos, escalas cromáticas y donde añadió un espectacular sobreagudo al final. Si a esto unimos que Oropesa es una consumada actriz y su entrega al drama fue total, por lo que se comprende que respondiendo a las atronadoras ovaciones que ovaciones que recibió al finalizar dicha aria, nos la regalase de nuevo con un bis.
Francesco Lanzillotta dirigió con firmeza la partitura, resaltando todos sus matices y mimó a los cantantes así como al coro, una vez mas muy bien preparado por José Luis Basso. Lanzillotta, como en su día el inmenso Muti, supo reproducir el drama maravillosamente demostrando que cuanto más se conoce más se convence uno que no hay Verdi pequeño.
Francisco Villalba
I Masnadieri, de Verdi.
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real
Dirección musical: Francesco Lanzillotta;
Dirección del coro: José Luis Basso.
Massimiliano, conde de Moor: Alexander Vinogradov; Carlo: Piero Pretti; Francesco: Nicola Alaimo; Amalia: Lisette Oropesa; Arminio: Alejandro del Cerro; Moser: George Andguladze; Rolla: Albert Casals.
Teatro Real, Madrid.
Foto © Javier del Real | Teatro Real