La notoriedad tímbrica de Improvviso de la Suite para arpa, violín y violonchelo, de Luigi Maurizio Tedeschi fue la estimulante tarjeta de presentación de una velada donde un trío con arpa repartía su protagonismo sobre las tablas. Tablas de la sala de cámara del Auditorio Nacional de Música, que acogían en concierto la expresividad lírica del Galatea Ensemble formado por Laura Salcedo al violín, Joaquín Fernández al violonchelo y la fragilidad incólume del arpa de Coline-Marie Orliac. Una amplia sonoridad conjunta que arrancó aquí, de inicio, sus primeros y espontáneos, aún tímidos, aplausos ante una acogedora sonoridad, nada habitual.
El Intermezzo rêverie... aportó otras perspectivas desde el arpa, en una atractiva atmósfera estética donde su virtud técnica quedaba patente con diestra gestualidad idiomática. Un carácter idiomático que se amplificaba en el diálogo cruzado con los otros dos instrumentos. Una sólida página, contrastante en sí misma, dentro del conjunto de la Suite, que dejó a su paso un profundo silencio tras de sí.
El Valzer-sérenade trató de rebajar aquella intensidad sobre andas danzables de siempre comprometido carácter, gesto burgués y salón.
Las Tres canciones rusas para arpa, violín y violonchelo (en arreglo de Eduard Herrmann) del pionero romántico-nacionalista en su patria, Mijaíl Glinka, nos devolvieron a una atmósfera cantable (cantabile por definición) pese al ingenio de un arreglista que trataba de recomponer la textura de la obra original con la dificultad añadida que supone la escritura para arpa. Todo un alarde de pausado lirismo melódico a tres bandas y en tres episodios, ya sea en Moderato o Andante mosso. Parafraseando otros (celebrados) repertorios: tres romanzas sin (sus) palabras.
El Trío para violín, violonchelo y arpa de Jacques Ibert nos devolvía a las obras originales para esta interesante formación, pero ya desde un punto de vista más formal y progresivo. Técnica compositiva frente a aquella envolvente técnica instrumental del inicio.
Está ambición se manifestó desde su Allegro tranquillo. Mayor equilibrio en la concertación conjunta y un difícil cromatismo para este instrumento resuelto hoy con brillantez en el subyugante punto culminante de este movimiento y su coda… “en punta”.
De nuevo lirismo con un Andante sostenuto que arrancaba con un violonchelo cantante al que respondía el violín en diálogo y contrapunto, entrelazados a la postre...
Su Scherzando con moto sirvió de convincente final de obra y concierto con todos los ingredientes de lucimiento técnica (mención especial a sus últimos gestos en conjunción), transcendencia y sentido estético que caracterizann está posición en programa… Todo ello antes, eso sí, de ofrecer una popular, visual y “fílmica” propina a lomos del tándem Ennio y Andrea Morricone, y aquella película de Giuseppe Tornatore que desata de inmediato inolvidables imágenes y sentimientos, en un homenaje al cine en sí mismo: Cinema paradiso…
Fue el cuarto concierto de esta temporada del ciclo de cámara y polifonía Satélites, auspiciado por la Orquesta y Coro Nacionales de España.
Luis Mazorra Incera
Galatea Ensemble: Laura Salcedo, violín; Joaquín Fernández, violonchelo; y Coline-Marie Orliac, arpa.
Obras de Glinka, Ibert, Morricone y Tedeschi.
Satélites-OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.
Foto © Rafa Martín