El debut de Riccardo Muti en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada figuraba entre los acontecimientos más esperados de esta 75ª edición. Su presencia al frente de la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini prometía una de esas noches llamadas a permanecer en la memoria del Festival. Sin embargo, más allá del valor simbólico de una visita largamente esperada, la impresión final fue la de un concierto que solo encontró su verdadero rumbo tras el descanso.
La primera parte lastró el concierto desde el principio. La obertura de Nabucco pasó sin pena ni gloria y Le quattro stagioni, los bailables de I vespri siciliani, prolongaron esa sensación. Muti quiso reivindicar una música que considera injustamente relegada. La interpretación, sin embargo, no solo no reforzó esa convicción, sino que terminó por explicar por qué esas páginas suelen desaparecer de las representaciones de la ópera. No fue una cuestión de incorrecciones. La Cherubini mostró preparación y entrega, pero durante buena parte de la primera mitad quedó la impresión de que la música se quedaba un paso por detrás de la batuta. La cuerda presentó una cohesión irregular —con unos violonchelos de timbre especialmente atractivo— y el conjunto avanzó con una llamativa falta de relieve. Más que un problema de ensayo, parecía faltar esa capacidad de respuesta inmediata que distingue a las grandes orquestas. No fue una cuestión de edad, sino de nivel. En demasiados momentos, la batuta parecía pedir más de lo que la orquesta era capaz de ofrecer.
Tras el descanso comenzó otro concierto. En la segunda suite de El sombrero de tres picos la orquesta empezó, por fin, a responder a las indicaciones de Muti con la inmediatez que había faltado hasta entonces. El Boléro confirmó ese cambio. Los vientos fueron el grupo que mejor entendió lo que el director pedía. Sin llegar a convertirse en una interpretación memorable, la segunda parte permitió escuchar una respuesta mucho más próxima a la idea musical del director.
Lo admirable de Muti sigue siendo la claridad con la que hace audible su idea musical. No hay un gesto superfluo ni una indicación que no persiga un resultado concreto. Todo parece encaminado a obtener una reacción inmediata de la orquesta. Precisamente por eso resultó tan evidente la distancia entre lo que proponía la batuta y lo que la Cherubini era capaz de devolver.
El público acogió el concierto con entusiasmo. Era previsible: Falla y Ravel poseen una fuerza comunicativa inmediata y el carisma de Muti sigue siendo un acontecimiento en sí mismo. Pero la primera visita invitaba a esperar algo más que un concierto correcto. El debut de Riccardo Muti ya forma parte de la historia del Festival. Más discutible es que esta interpretación pase también a formar parte de su memoria musical.
Mercedes García Molina
75 Festival Internacional de Música y Danza de Granada
Orchestra Giovanile Luigi Cherubini/ Riccardo Muti
Obras de Verdi, Falla y Ravel
Palacio de Carlos V (Granada), 28 de junio de 2026
Foto © Fermin Rodriguez