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Crítica / Pablo Sáinz-Villegas en el Auditorio, ¡bravo! - por Esther Martín

Madrid - 28/04/2021

El “Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música” del CSIPM de la UAM fue el responsable de que Pablo Sáinz-Villegas diera su primer recital como solista en el Auditorio Nacional de Madrid. El pasado sábado 24 de abril tuvo lugar un estupendo concierto para guitarra y varios fueron los detalles sobresalientes que confirman lo que ya se venía oyendo en los aledaños escénicos, que la fama de este músico riojano es merecida.

Pablo inició sus estudios de guitarra en España y los continuó en Nueva York, donde reside en la actualidad. Tras su colaboración con Plácido Domingo, de la que se grabó el álbum Volver y que le dio a conocer entre el gran público, continuó su carrera con el Concierto de Aranjuez como coprotagonista. Por esto, un recital suyo como solista, sin acompañamiento de la orquesta y con un programa completo, era un acontecimiento muy esperado que agotó las entradas en Madrid. 

Desde el primer momento que apareció en el escenario se apreciaron sus habilidades comunicativas y su capacidad para conectar con el público. Antes de empezar, se presentó y agradeció la oportunidad que le brindaba el CSIPM y su directora Begoña Lolo, y continúo explicando el viaje musical sobre el que había construido el programa.

Las expectativas eran grandes cuando comenzó a tocar, y tanto en Sevilla de Albéniz como en la Gallarda de Esparramán, se templó, se relajó y dejó que la música sonara sola, siendo ambas piezas de una fuerza expresiva tremenda. Llegó el turno de las danzas de Granados, que como él mismo explicó, aunque fueron concebidas para piano se adaptan perfectamente a la idiosincrasia de la guitarra. Y así fue: la quinta, peligrosa por lo conocida, sonó perfecta, como se tiene en el imaginario auditivo individual, y en la décima, melancólica, parecía desgranar los versos de poema con sus manos y seis cuerdas, precioso.

Después siguieron dos piezas del siglo XX, más vanguardistas y muy vistosas, Invocación y Danza de Rodrigo, que los guitarristas más exigentes suelen incluir en su repertorio mientras se están formando, podría haber sido una trampa pero se convirtió en un alarde flamenco, mientras que la Fantasía de Gerhard, también venerada por los jóvenes estudiantes, evidenció su enorme técnica y su capacidad para poner en valor los recursos contemporáneos que transforman a la guitarra en un instrumento del siglo XXI.

Para terminar, y entre reflexiones y agradecimientos, Pablo explicó que el viaje acababa como había comenzado, con Albéniz. Y ahí, con un público ya entregado, llegó la fiesta que el propio Sáinz-Villegas provocó recomendando no aplaudir hasta el final de este último bloque. Torre Bermeja, Mallorca y Asturias, por este orden, hicieron brillar la guitarra, en la que destacaron la potente proyección del sonido y unos amplios rangos dinámicos tan afines a estas piezas españolas; cuando acabó, aplaudieron hasta los acomodadores.

Por un momento dio la sensación de que el protagonismo de la guitarra clásica volvía a los escenarios patrios y de que así debían ser los conciertos de Andrés Segovia cuando era una estrella mundialmente aclamada.

¿Bises? También los hubo, la Gran Jota y el trémolo de Recuerdos de la Alhambra del maestro Tárrega…

Esther Martín

Sala de Cámara, Auditorio Nacional, Madrid.

Sábado, 24 de abril, 19.30 horas.

Programa conformado por obras de Tárrega, Albéniz, Granados, Castelnuovo-Tedesco, Gerhard y Rodrigo.

Intérprete: Pablo Sáinz-Villegas, guitarra.

“Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música” del CSIPM de la UAM.

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