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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Memorable clausura del FIAS 2024 - por Simón Andueza

Madrid - 26/03/2024

Finalizó la 34ª edición del Festival de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid como se merecía, con un memorable concierto repleto de buena música, emoción, un estreno absoluto y una duración acorde a las grandes citas: más de dos horas de concierto, y mucho, mucho trabajo y anhelos, con un final verdaderamente apoteósico y feliz.

Y es que la presente celebración de este festival de música sacra ha supuesto el culmen de la labor realizada, hasta ahora, por su actual director artístico, Pepe Mompeán, y por todo su equipo de eficaces trabajadores y colaboradores. Tras nueve años de una labor que revolucionó un festival que clamaba a gritos una renovación que llevara nuevos bríos, ilusiones y calidad musical a su programación, esta inmejorable edición ha culminado de la mejor de las maneras, con un concierto que además de su innegable calidad musical y encomiable arduo trabajo artístico, llevo la quintaesencia de lo que se entiende por ‘sacro’ al público que abarrotó la enorme capacidad de la madrileña Iglesia del Santísimo Sacramento, inédita, hasta la fecha, sede de un evento del presente festival, y que demostró ser un lugar muy a tener en cuenta para futuras ocasiones, dada su gran cabida para acoger a una multitud de personas y de poseer, sorprendentemente, una extraordinaria acústica para un evento como el que disfrutamos los afortunados asistentes al evento.

Para esta singular ocasión, Juan Pablo de Juan, verdadero eje artístico de extraordinaria capacidad comunicadora, expresiva, poseedor de un magnetismo sin igual que actúa como un imán de emociones y de la atención de cualquier coralista que se encuentre a sus órdenes, y verdadero eje vertebrador sobre el que se vertebran las dos agrupaciones que se unieron en este día, el Coro de Voces Graves de Madrid y el Coro de Jóvenes de Madrid, confeccionó un intenso, bello, reflexivo y extenso programa, que supo aunar a ambas formaciones corales como si de una sola se tratara en un intachable ejercicio de ejemplaridad musical y disciplina.

El concierto se dividió en dos partes de diversas obras pero que todas contaron la particularidad de que se interpretaron estrictamente a capella, sin acompañamiento alguna de instrumentos que ayudaran a los intérpretes en la larga, compleja y monumental labor que les aguardaba. Esta fue la primera cualidad de las muchas que estos intérpretes fueron asombrosamente demostrando a un entregado y respetuoso público.

En la primera parte pudimos escuchar a cada uno de los coros por separado, comenzando con una visión muy expresiva de Beati Mortui de Felix Mendelssohn Bartholdy (1807-1847). La belleza de esta música se vio acompañada de la belleza de un sonido intenso, carnoso, pasional, pulcro y afinado del Coro de Voces Graves, algo que llevan como seña de identidad y que le acompañó, cómo no, a lo largo del concierto. Otras dos piezas más sonarían en exclusiva por parte del grupo de varones, Tristis est anima mea de Javier Busto (1949 -) y Lux aeterna de Brian A. Schmidt (1980-). Ambas obras necesitan de un grupo humano de capaz de mantener firmemente largas frases de sus espirituales e hipnóticas melodías fuertemente espirituales y que fueron una delicia en las voces de la agrupación madrileña. La obra de Schmidt particularmente es muy exigente con la tesitura de los tenores primeros, aspecto que fue magníficamente solventado, en un ejercicio de intachable calidad musical en los agudos, de natural, empastada y bella ejecución.

A continuación, el Coro de Jóvenes de la Comunidad de Madrid tomó el relevo del espacio escénico que ocupó buena parte del altar y de la nave de la iglesia, al contar éste con unos setenta miembros. Las otras tres piezas que esta formación interpretó a solas no desdeñaron ni un ápice de la calidad mostrada por la agrupación varonil de más avanzada edad, puesto que de inmediato sonó Song for Athene de John Taverner (1944-2013), pieza verdaderamente especial del corpus del británico, puesto que plasma la terrible muerte en accidente de tráfico de Athene Hariades, joven actriz griega, amiga de la familia del compositor. La fresca, entregada y vital de esta contagiosa y espiritual pieza fue la primera de las interpretaciones de este especial grupo de jóvenes que asombraron de un modo muy especial a la asistencia con su apasionada forma de interpretar la música. Las cualidades humanas de estos intérpretes se aunaron a la excelencia musical, conformado un compacto grupo coral de primerísima calidad. Su empaste, afinación, fraseo y expresión fueron en todo momento de primer nivel, a lo que debemos añadir una belleza sonora del conjunto, que fue muy reseñable en la cuerda de sopranos, que aunaron pureza sonora con igualdad de emisión en el registro, incluso en las notas más agudas, de intachable hermosura, potencia o dulzura, según la ocasión.

Mención especial merece la composición del fabuloso compositor cubano Calixto Álvarez (1938-) Lacrimosa, interpretada por las dos formaciones corales en perfecta unión. Se trata de una pieza de particular belleza formal, espiritualidad y peculiar construcción, pues aúna dos visiones espirituales para expresar de un modo muy original e impactante el texto de la pieza. Por una parte, el coro masculino, conformado por los hombres de ambos coros, canta de un modo escolástico y profundo el texto siempre impactante en latín, para avanzada la obra, una solista soprano comienza a expresar unos cánticos Yoruba, de tradición del `pueblo de Nigeria, absolutamente desgarradores y de una espectacularidad formidable, que fueron interpretados de un modo impresionante por la soprano Candelas Pañeda, dueña de un instrumento vocal que puede conjugar tanto el canto clásico como el folclórico de un modo natural y fascinante. El público asistente se llenó de embriagada emoción con esta pieza, que todavía guarda una sorpresa más en su facción, la impactante respuesta del coro femenino, situado al otro extremo del templo y que funcionó como verdadero coro de ángeles de delicada y etérea sonoridad.

La segunda parte de tan inolvidable velada estuvo dedicada por completo al estreno absoluto de la pieza de Raúl Torrico (1977-) Lamento por los recuerdos perdidos. Para la ocasión, se cohesionaron los dos coros conformando una única e impactante formación de más de cien voces. Estos, y como rezan acertadamente las notas al programa, dieron vida a un paisaje de efectos sonoros profundo en su componente emotivo, que busca capturar la esencia misma de la pérdida y el duelo, siguiendo la estela de la misa de réquiem. El lamento por los recuerdos perdidos se sumerge en una amalgama musical de reminiscencias renacentistas, a pesar de que su concepción general es primordialmente contemporánea.

Con esta visión muy sintáctica de una profusa y compleja obra, de más de una hora de duración, que abarcaba las partes más características y emotivas del texto del Réquiem, Torrico dio unidad a una desgarradora y melancólica vivencia personal que supo plasmar con inteligencia, mimo, abundancia de detalles y complejidad. Los dos coros fueron la base central de una pieza en la se leyeron fragmentos de una narrativa que aunó melancolía, tragedia y esperanza, a la vez que las voces solistas de las sopranos Sonia de Munck y Candelas Pañeda, de la mezzosoprano Betty Carlsson, de los tenores Fernando Campo y Daniel Huerta y del bajo Vicente Martínez participaron en trabajadas partes solistas que demandaron experimentadas voces como las suyas y que dieron profundidad y expresividad personal a la pieza eminentemente grupal.

Tras este derroche interpretativo, tanto de duración, como de espiritualidad y de esfuerzo musical, la atestada iglesia rompió en unos aplausos realmente sinceros y efusivos, completamente puesta en pie.

En definitiva, un broche de oro que supuso el culmen de unas semanas de magníficos conciertos y eventos de la ya finalizada 34ª edición del Festival de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid. ¿Qué ideará Pepe Mompeán para superarla? Estaremos atentos a sus inventiva y lucidez.

Simón Andueza

 

Lamento por los recuerdos perdidos

XXXIV Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid

Sonia de Munck y Candelas Pañeda, sopranos, Betty Carlsson, mezzosoprano, Daniel Huerta y Fernando Campo, tenores, Vicente Martínez, bajo. Coro de Voces Graves de Madrid, Coro de Jóvenes de Madrid, Juan Pablo de Juan, director. 

19 de marzo de 2024, 20:30 h. Iglesia del Santísimo Sacramento, Madrid.

 

Foto © Nicolás Moreno González

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