El violonchelista Mario Brunello presenta este primer concierto de la temporada de Liceo de Cámara XXI del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) con la segunda entrega de The right distance, un proyecto que pone en relación las suites para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach con las sonatas de Mieczysław Weinberg. En la temporada anterior, abril de este mismo año, interpretó las sonatas 1 y 3 de Weinberg y las suites 1 y 2 de Bach, en esta ocasión como segunda entrega, Brunello se enfrenta a la número 2 y 4 de Weinberg y a las suites 3 y 4 de Bach.
Dos pesos pesados, uno referente del barroco alemán y otro de la música soviética de la segunda mitad del siglo XX. Ambos autores prolíficos, con una concepción profunda, muy técnica y elaborada de la composición. Dos estilos muy contrastados pero con un común denominador, la búsqueda y el anhelo de perfección.
Como escribió nuestro admirado Pedro Gonzalez Mira, la música de Weinberg es de un atractivo eclecticismo, lo podemos considerar como un auténtico discípulo de Shostakovich.
Weinberg, compositor soviético de origen polaco, entre la tradición nacionalista rusa y la modernidad de Shostakovich, tiene una fecunda producción: 22 sinfonías, 17 cuartetos de cuerda, 8 sonatas para violín, numerosas obras para cello solo, entre las que se encuentran estas dos sonatas del programa que comentamos. Sus padres y su hermana fueron asesinados en los campos de exterminio nazis lo que nos da una idea del sufrimiento y trasfondo sobre el que se cimenta parte de su producción artística. Hasta 1939 estudió en la Universidad de Música Frederick Chopin y después en la Universidad de Bielorrusia. Estudió composición en Minsk con Vasili Zolotariov, discípulo de Balakirév y de Rimski-Korsakov, de ahí sus devaneos con el folclore.
Recibió numerosas distinciones como artista de la Unión Soviética. Amigo de Dimitri Shostakovich con quien entabló una profunda amistad. Dedicó su segunda sonata para cello a Rostropovich quien fue un gran admirador del compositor.
Brunello se mostró valiente y hercúleo ante un recital para cello solo de dos horas de duración. Empezó con un Bach de sonido demasiado ligero, aunque suficiente para la sala, a veces con falta de cohesión y de dirección, parecía una lectura sin más, cuando sabemos que el maestro italiano cuenta con un registro de las suites de Bach magistral, de referencia, quizá fue esa primera toma de contacto, en la que el intérprete toma ciertas distancias. En Weinberg, sin embargo, donde cambiaba al arco moderno, se expandió y mostró todo un arsenal de recursos técnicos, expresivos, y una paleta de dinámicas sorprendente, desde pianísimos en los que era difícil respirar hasta fortes con garra leonina. Brunello nos dio una lección de un autor poco frecuente en las programaciones y que posee una fuerza y una profundidad extraordinarias y por otro lado nos dejó una imagen algo velada de un Bach omnipresente. ¿Será esto lo que Brunello nos quiere decir con “the right distance”?
La distancia correcta, Bach a lo lejos, difuminado, porque ya tiene su panteón y Weinberg muy definido, directo y presente porque exige y reclama su lugar en la historia de la música. La distancia correcta, a cada cual lo que le corresponde. Al final, en realidad no sabemos cuál es la distancia justa de casi nada.
La primera parte del concierto comenzó con la suite número 3 de Bach, empleando arco barroco y muy a la tastiera, como mandan los cánones estilistas, su elasticidad en los bariolages era perfecta, como si no hubiera cambios de cuerda, la música fluía con naturalidad aunque algo diluidla.
Después vino la sonata número 2 de Weinberg, compuesta en 1977, un salto de más de 260 años con respecto a Bach, aquí el dramatismo, la oscuridad y la introspección imperaban, Brunello se armó con su arco moderno y comenzó una batalla de bariolages, dobles cuerdas, también momentos para la reflexión y la intimidad, como en el adagio, y un presto final con un metrónomo de 200 la negra vertiginoso, inquietante, virtuoso, al estilo de una Tarantella escurridiza.
En la segunda parte, la suite número 4 de Bach tomaba una dimensión más acertada que en la primera parte, un sonido más presente y una mayor dirección de sus fraseos. El problema en Bach es el fraseo cuando suele predominar la visión vertical, armónica, de sus obras, no hay un único y verdadero fraseo, afortunadamente. !No existe el fraseo justo¡.
La sonata número 4 de Weinberg, compuesta casi 10 años después de la segunda, es más luminosa, optimista, casi esperanzadora, de gran belleza el Adagio del segundo tiempo y terminando con un final Allegro también vertiginoso.
Para finalizar, Brunello, que ya se había ganado al Auditorio por su titánico esfuerzo, dio un bis diciendo: “Preludio 3 de sus 24 Preludios …!solo uno!”… El público rió y se relajó porque viendo la fortaleza y capacidad de este chelista, por él hubiese tocado los 24.
Al final fue uno de esos conciertos plenos que te dejan empapado de buena música, inmerso entre dos mundos sonoros muy distantes que sin embargo conjugan una gran capacidad expresiva interna.
Paulino Toribio
Auditorio Nacional de Música
Liceo de Cámara, CNDM
Viernes 16 de octubre de 2026
Violonchelo: Mario Brunello
The right distance II
Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Suite para violonchelo n.º 3 en do mayor,BWV 1009 (1717-1723)
Mieczysław Weinberg (1919-1996)
Sonata para violonchelo n.º 2, op. 121 (1977)
J. S. Bach
Suite para violonchelo n.º 4 en mi bemol mayor, BWV 1010 (1717-1723)
M. Weinberg
Sonata para violonchelo n.º 4, op. 140bis (1986)
Foto © Rafa Martín