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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica - Magia (Les Arts Florissants - CNDM)

Madrid - 20/12/2019

Si una palabra puede describir lo que presenció el que aquí firma esta crítica asistiendo al concierto que ofrecieron Les Arts Florissants el pasado domingo, esa palabra es “magia”.

Me voy a explicar: hay grupos técnicamente perfectos (o casi), hay grupos que son incluso musicales, pero pocos consiguen una atmósfera como la que pudimos presenciar en el concierto de 40º aniversario del legendario grupo francés. El éxito se debe por un lado a un equipo de músicos excepcionales que son capaces de traducir con extrema precisión las ideas de sus dos directores: William Christie, fundador del grupo, y Paul Agnew, quien está tomando las riendas del grupo en algunos proyectos, como el exitoso ciclo Gesualdo que ya hemos presenciado en Madrid.

En este punto, tengo que aclarar que Agnew es ciertamente un muy buen director y se muestra quizás más preciso en el gesto que el fundador del grupo, pero en cuanto Christie toma la batuta, el grupo se transforma y va más allá de la música. Esto fue realmente patente en momentos como “Scherza infida”, defendida por la joven mezzo Léa Désandre, el aria de Phani de Les Indes Galantes “Viens, Hymen”, que cantó una Sandrine Piau en estado de gracia durante todo el concierto, o la segunda de las propinas “Tendre Amour” en un arreglo para coro y orquesta. Emoción pura.

Y es que esto fue posible también gracias a un equipo de músicos extraordinario. La orquesta fue capitaneada desde las cuerdas por Hiro Kurosaki para la primera parte (uno de los valores seguros de Christie durante gran parte de la vida del grupo) y en la segunda, la parte francesa, por Emmanuel Resche-Caserta que representa a las nuevas generaciones de músicos que se han ido integrando en la misma. Pudimos disfrutar de una sección de cuerdas excepcionalmente empastada que nos ofreció una amplia paleta de colores y texturas. La sección de vientos no se quedó atrás con la participación de grandes nombres como Charles Zebley, Sébastien Marq y Claude Wassmer. En el continuo, el mejor equipo que se puede tener hoy en día: la eficacia y solidez de Béatrice Martin en el clave y el órgano se unieron a la fantasía de Thomas Dunford a la tiorba, todo ello con David Simpson y Jonathan Cable conduciendo la línea del bajo. Un lujo que toda orquesta barroca querría tener. Y qué decir del coro: voces equilibradas, cuerdas empastadas, claridad en el texto. Todo un regalo para los oídos. Y por supuesto, Marie-Ange Petit a la percusión, quien hizo las delicias de los fans del grupo que pudieron asistir a una verdadera lección magistral de percusiones antiguas.

En cuanto al equipo de solistas, cabe destacar a la legendaria soprano Sandrine Piau, quien hizo gala de un saber estar y de unas tablas envidiables en escena, pasando del registro cómico (Air de la Folie de la Platée de Rameau), a la mayor sutileza en el canto y la ornamentación del “Viens, Hymen” de Les Indes Galantes o la solvencia en las agilidades en “Tornami a vagheggiar” de la Alcina de Händel. Po su parte, Léa Desandre, salida de una de las ediciones de Le Jardin des Voix, es una mezzo de bello timbre, registro homogéneo y gran expresividad nos regaló uno de los grandes momentos de la tarde, “Scherza infida” del Ariodante de Händel.

Por su parte, el tenor holandés Marcel Beekman aportó el momento cómico con “Come all ye songsters” de The Fairy Queen y”Que ce jour est agréable” de Platée de Rameau. Para la segunda salió travestido a escena, lo que arrancó alguna que otra carcajada del público. Hay que decir que el concierto fue un show con una puesta en escena muy bien pensada.

Mención especial para uno de los momentos más emotivos del concierto: Marc Mauillon y Thomas Dunford se arrancaron a solo con un Air de Cour de Honoré d'Ambruis. Aquí pudimos entrar en un universo muy diferente, en el que pudimos apreciar una visión muy personal de este repertorio, tanto en la ornamentación como en la utilización de la pronunciación del francés antiguo.

Completaron el elenco el contratenor Christophe Dumaux, de interesante timbre y grandes dotes interpretativas, no pudo con el volumen de la orquesta y se vio engullido en muchos momentos por sus colegas. El bajo argentino Lisandro Abadie dio muestras de un registro homogéneo y de una gran solidez tanto técnica como escénica.

En resumen, una tarde que quedará en el recuerdo de muchos de los asistentes (desde luego, en el de un servidor). Por conciertos como este, Les Arts Florissants son ya leyenda de la música antigua.

Diego Fernández Rodríguez

Les Arts Florissants / William Christie y Paul Agnew.
Universo Barroco, CNDM.
Auditorio Nacional, Madrid.

Foto © Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) - Elvira Megías

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