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Crítica / Lugansky y Wagner en Grandes Intérpretes - por Juan Berberana

Madrid - 13/05/2026

En octubre pasado visitó el ciclo de piano madrileño la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, junto al pianista ruso Kirill Gerstein. En la primera parte del concierto disfrutamos de la novedosa síntesis orquestal de El oro del Rin, elaborada por el director de orquesta suizo Philippe Jordan. Meses después es el ruso Nikolai Lugansky el que nos ofrece otra recreación de Wagner, en este caso las Cuatro escenas del Ocaso de los dioses. Lo más estimulante, en esta ocasión, es que la transcripción ha sido elaborada por nuestro pianista, que ya conocíamos, gracias a la magnífica grabación, publicada por el sello Harmonia Mundi en 2024. Lo que parece claro es que Wagner empieza a revivir fuera de los teatros de ópera. En Madrid hemos podido escuchar 2 veces, en poco tiempo, el Anillo sin palabras que hasta hace poco era considerado por muchos críticos un simple “refrito” orquestal, encargado a Lorin Maazel con objetivos de mero marketing musical (ya hace 40 años…). Sin duda, algo está pasando…

Lo cierto es que lo mejor del recital de Nicolai Lugansky fue, sin duda, su segunda parte dedicada a Wagner, que se cerraba con la más habitual Muerte de amor de Isolda, en la habitual transcripción de Liszt. En ambas piezas el ruso hizo un planteamiento interpretativo espectacular. Con el acento preciso en cada momento. Convirtiendo el piano en un proxy milagroso de la orquesta wagneriana. Logrando momentos impensables de transparencia, en ese universo de harmonías complejas que el Wagner final elaboró en las escenas orquestales del Ocaso (en el dúo de amor y, sobre todo, en el viaje de Sigfrido por el Rin) y del Tristán, pero también trasladando el furor orquestal y el colapso emocional de la Marcha fúnebre del Acto III. Nuestro pianista nos ofreció un masterclass del uso del peda. Logrando un perfecto equilibrio entre la intensidad extrema pretendida por la orquesta wagneriana y la melancolía propia del estremecedor momento dramático. Bravo por la transcripción y bravo por la impecable ejecución.

La primera parte del programa nuestro pianista la dedicó a Schumann, como también ha hecho en su último disco, publicado el pasado febrero. Un autor al que, con los años, parece dedicar más tiempo en sus programas. No recoge el disco la primera pieza elegida, las escenas infantiles, opus 15. Una obra donde destaca la simplicidad y delicadeza. Virtudes que Luganksky supo abonar, sin que ello transmitiera especial interés entre los asistentes. Mucho más entonado e incluso afilado estuvo en la ejecución de la más compleja y pirotécnica Humoreske, opus 20 (cuya ejecución ya conocíamos gracias a la reciente grabación). Aquí nos reencontramos con las virtudes del ruso como pianista emocional y de virtuosismo extremo. Impecable.

Lástima que el Auditorio Nacional no lograra ni media entrada. Difícil de entender, con franqueza. Fundación Scherzo aprovechó para presentar el programa 26/27, que se iniciará el próximo octubre con la pianista Beatrice Rana. Concluirá, como esta temporada, con el concierto de Arcadi Volodos. Repite, por supuesto, Gricory Sokolov pero también Khatia Buniatishvili, Yulianna Avdeeva y Nikolai Lugansky. Y vuelven al ciclo Daniil Trifonov y Yuja Wang. Esperemos que la audiencia acompañe en mayor medida que en esta última edición.    

Juan Berberana

 

Nikolai Lugansky, piano

Obras de Schumann y Wagner

Auditorio Nacional, Madrid.

Ciclo Grandes Intérpretes (Fundación Scherzo)

 

Foto © Álvaro Benitez Serra

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