El Auditorio Nacional vivía este fin de semana un ambiente especial. El concierto de abono de la Orquesta y Coro Nacionales de España traía una obra con el potencial de sacar de su zona de confort no solo a los intérpretes habituales de la sala, sino también a un público acostumbrado a un repertorio más apegado al sinfonismo tradicional.
La pasión de Buda, del oscarizado compositor Tan Dun (por la maravillosa y rompedora Tigre y dragón, de Ang Lee), se presentaba en el Auditorio dirigida por el propio autor de la partitura, en una apuesta tan interesante como arriesgada por su complejidad intrínseca.
Esta Pasión, de casi dos horas y compuesta por seis actos, explota al máximo el potencial sonoro de una gran orquesta, que se ve además enriquecida con instrumentos tradicionales como cuencos tibetanos o fuentes de agua, que añaden un extra de matices pocas veces escuchado en nuestra querida sala sinfónica.
Tan Dun, además, expone una plétora de motivos y temas que se distribuyen inteligentemente durante toda la obra y que hacen que esta pase prácticamente en un abrir y cerrar de ojos, sin dar tregua a quien la vive en directo, casi como un ejercicio de meditación. El magnetismo de la música es innegable.
Claramente fuera de sus dominios habituales, los músicos de la Orquesta Nacional se emplearon con especial motivación ante la dificultad de la obra, con el concurso destacado de una sección de percusión omnipresente y que por sí sola justificó el viaje.
Poco se cuenta de una sección de metales graves que está siempre en su lugar, con un trabajo callado pero extraordinariamente eficiente, y que amalgama con su precisión y trabajado sonido el de toda la orquesta.
La parte vocal cobra especial protagonismo e importancia en esta Pasión de Buda que, al fin y al cabo, no deja de ser una ópera sinfónica. Los solistas se desempeñaron de modo discreto, con intervenciones irregulares y muchas veces tapados por el volumen de la orquesta, apenas contenido por el director.
Fue muy interesante la participación de Lau Chun Ho, Haggwai, con el canto de armónicos, y realmente emocionante su escena a dúo con la soprano Candice Chun, amplificada para esta intervención y que exhibió una notable destreza técnica modificando la emisión y la coloración de su voz.
Quizás por las características propias del idioma chino en el canto, el sonido del Coro Nacional se ablandó y embelleció en la mayor parte de sus intervenciones, y se percibió infinitamente más moldeable y elástico de lo que nos tiene acostumbrados.
Sin embargo, hubo algunos pasajes extensos, con alguna modulación sorpresiva y registros extremos, en los que la afinación se resintió de modo perceptible, si bien fueron los menos y la sensación general, en lo que respecta a la música, fue realmente satisfactoria.
Siempre queda la duda, no obstante, de si escénicamente la agrupación podría ofrecer apariciones más completas y cuidadas. A veces resulta extraño ver salidas y entradas desordenadas, movimientos internos continuos y fuera de lugar. Aun entendiendo que sus asientos son, sin duda, los más incómodos del Auditorio (algo que quizás podría arreglarse), echamos de menos una puesta en escena acorde con la épica de la ocasión.
Y, hablando de épica, una reflexión personal (y, por tanto, irrelevante):
La pasión de Buda es una obra de extremas complejidades: instrumentales, de textura orquestal, rítmicas, idiomáticas… Estoy seguro de que el público salió contento y extremadamente satisfecho (y me incluyo), pero las costuras estuvieron a la vista durante casi toda la representación y, en algunos momentos, se vivió al borde del precipicio.
Cabe preguntarse si, para alcanzar las cotas de excelencia que se pueden pedir a una institución como la OCNE, no merecería la pena cambiar excepcionalmente las dinámicas de preparación, de modo que una obra tan compleja pueda salir a escena más consolidada y con algo más de margen para el disfrute de unos profesionales que se emplearon a fondo y lo dieron todo en todo momento.
Daniel De la Puente
Orquesta y Coro Nacionales de España / Tan Dun, director
Miguel Ángel Garcia Cañamero, director del coro
Candice Chung, soprano
Samantha Chong, mezzosoprano
Henry Ngan, tenor
Apollo Wong, bajo
Lau Chun Ho (Hakgwai), canto tradicional chino
Sissi Yan, bailarina
La Pasión de Buda, de Tan Dun
Auditorio Nacional de Música, sala sinfónica, 9 de mayo de 2026